Características de una iglesia saludable

caracteristicas de una iglesia saludable

En cierto momento de la historia, en torno a los siglos II y III d.C, el vocablo “iglesia” sufrió una transformación radical en su significado. Pasó de referirse al cuerpo de creyentes que confiesan el nombre de Jesús, a dar nombre a una estructura con fines religiosos. 

Por eso hoy cuando busco en Google “Las mejores iglesias del mundo” Me aparecen listados como estos:

  1. The Church of Hallgrimur; Reykjavik, Islandia: Tiene 70 metros de altura y es el 4to edificio más alto del país.
  2. Catedral de las Lajas; Colombia: Una de las catedrales más hermosas que pueden contemplarse, construida en el interior del cañón del río Guaitara.
  3. Notre Dame du Haut; Francia: Estructura novedosa y muy elegante construida en 1954.
  4. Iglesia del Jubileo; Italia
  5. Iglesia bautista Grace Fellowship; Detroit
  6. Catedral de San Basilio; Moscú
  7. Sagrada Familia; Barcelona
  8. Catedral del Duomo; Milán: Data del siglo XV y en su interior caben más de 40.000 personas
  9. Catedral de Brasilia; Brasil

Estas son obras majestuosas, indudablemente. Sin embargo, ¿Son las estructuras esplendorosas signos de «iglesias saludables»? Aparte de encontrar belleza en ellas, ¿veré a Jesús? 

Claramente estas podrían entrar dentro de “las mejores estructuras eclesiales del mundo”. Pero para evaluar las “mejores iglesias”, se necesita considerar otras características muy distintas. 

El boceto de una iglesia saludable

Personalmente he estado en gran variedad de iglesias con características muy distintas. Algunas a simple vista pudieran ser colocadas en el grupo de iglesias muertas, otras se notan gravemente enfermas. En el caso de algunas más los síntomas aún son leves, pero se observa que de no ser tratados, se agravarán rápidamente.

Y me duele decir que son pocas las iglesias que he visitado que considero plenamente saludables. ¡Pero sí las hay, gracias a Dios las hay! ¿Cómo reconocerlas? Toda iglesia saludable incorpora todas o al menos casi todas de las siguientes características.

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Pasión Cristocéntrica: Muchas iglesias parecen estar vivas, pues mostrarán varias de las características que siguen a continuación. Pero no es la realidad. ¿Por qué? Porque está ausente lo único que no puede faltar: Cristo. 

Se nos dice que la piedra angular de la iglesia es Jesús (Éfeso 2:20). Para ser considerada una iglesia saludable, ella debe estar consciente de eso; su razón de existir, su poder, su identidad, su esperanza, su salvador, su pasado, presente y futuro, su fundador, director y líder, ¡es Jesús! Al margen de Jesús, no hay nada que hacer.

Pero la salud no deriva de una interpretación cristocéntrica de la teología, sino de una pasión por Cristo presente en cada miembro, líder, culto, reunión y predicación. De esta pasión Cristocéntrica están careciendo la gran mayoría de las iglesias que hoy se llaman cristianas, y por eso perecen.

Visión trascendente: ¿A dónde queremos llegar? Es la primera pregunta que responde toda organización, y la última que las iglesias están respondiendo actualmente. Sin una visión no hay misión, y sin misión no hay salud. 

Pero no cualquier visión. Una iglesia saludable reconoce que su propósito alcanza mucho más allá de este mundo, esta visión trascendente enciende la esperanza, une a los hermanos bajo un mismo sentir, elimina los obstáculos y empodera a la iglesia con una fuerza irresistible forjada para ella en los cielos.

Una iglesia saludable traduce la visión bíblica eternal y la plasma en su situación contemporánea. La plasma en el corazón de su comunidad. Organiza todo en derredor de esa visión, y no descansa hasta verla materializada. 

Misión relevante: El sentido de misión lo plasmó Jesús en Mateo 28:19-20: La predicación del evangelio. Pero una iglesia saludable ha comprendido la importancia de asimilar la visión en una misión relevante para ella y para el mundo. Es diligente y esforzada, no toma vacaciones en el cumplimiento de sus objetivos.

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No únicamente habla de la “Gran Comisión”, sino que reconoce que esta es su razón de existir, su misión. La salud implica comprender esa misión, hacerla nuestra, y buscar las mejores maneras (actualizadas y significativas, para miembros y no miembros) de llevarla a cabo.

Discipulado constante: La iglesia saludable no solo evangeliza, discipula. No conquista miembros, forma discípulos para Cristo. Se organiza para convertir los inconversos en buenos discípulos, y los buenos discípulos en mejores. 

Ella enseña, capacita, educa y forma para perpetuar y elevar el nivel del liderazgo, interesándose en que cada discípulo crezca en la gracia, en semejanza con el Salvador, y aún sea capaz de formar nuevos discípulos para Cristo.

Amor atrayente: Una iglesia saludable ejercita un amor cautivante dentro y fuera de la comunidad de fe. Sus miembros son sinceros, cariñosos, educados, se interesan por las necesidades de otros, son atentos y procuran representar siempre bien en alto a aquel que dijo “que os améis como yo os he amado” (Juan 13:33-34).

Procuran no criticar, sino aceptar. Rehuyen al pecado pero aman al pecador, y esto último es su prioridad. Levantan al caído, brindan apoyo y consejería, los adultos se interesan esmeradamente por los más jóvenes, y se cultivan las mejores relaciones entre ambos grupos. Se practica el perdón, la hospitalidad, la generosidad y la misericordia.

Conquistan no solamente con su predicación o su teología; conquistan con su actitud, con su amor, con su fervor y su amistad. Han internalizado el amor de Jesús y ansían compartirlo.

Estudio creciente: Nunca se conforma con el conocimiento que tiene de Dios y las escrituras. Profundiza, estudia con ahínco. Disfruta de la Biblia, ama la Biblia, predica la Biblia, enseña la Biblia. Sabe que ella da testimonio de Cristo, y en él está la vida (Juan 5:39-40).

Adoración transformadora: Vive del pan de la adoración profunda. No se atreve a caer en la rutina y la monotonía. Planifica cada culto con esmero y amor a Dios; cada ocasión es una cita con él. 

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Los cantos son vívidos, y las oraciones son francas y fervientes. Adoran con su mayordomía, adoran con su cuerpo, con su mente. Está bien consciente de que se congrega para recibir de Dios, pero también para dar a Dios todo cuanto es. 

Adaptabilidad necesaria: Esto es importante. La iglesia saludable comprende que está sujeta a cambios y adaptaciones. No de la verdad del evangelio, sino de sus formas de expresar ese evangelio. 

No se queda en el pasado ni se esfuerza por perpetuarlo. Está dispuesta a considerar y evaluar cambios, a fin de continuar siendo significativa en el lugar y el tiempo donde se encuentra. 

Juventud despierta: Finalmente, una iglesia saludable le da mucha importancia a los jóvenes y niños. Cuida de ellos, los valora, se involucra con ellos, sus anhelos, sus necesidades, sus luchas. Busca constantemente nuevas estrategias para trabajar con ellos y llevan el amor por delante. Siempre procura tener líderes jóvenes.

Estas características podrán suponer una iglesia perfecta, pero tal iglesia no existe. Para ser saludable, la congregación debe intentar, apuntar a estas cualidades. Con esfuerzos bien dirigidos en este camino la iglesia podrá ser una verdadera luz de salvación, aunque no sea perfecta.

No hemos de olvidar que Cristo es nuestra razón de existir; es nuestro futuro y nuestro presente. Cristo debe serlo todo. Y para que la iglesia sea saludable, amorosa, trabajadora y diligente, lo primero que necesita es tener a Cristo. Con él, todo es posible. Con él, hasta las iglesias muertas volverán a vivir.Jesús ya le había dado la clave a Laodicea: “Yo estoy a la puerta y llamo, si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).