¿Cuál‌ ‌es‌ ‌la‌ ‌diferencia‌ ‌entre‌ ‌talentos‌ ‌y‌ ‌dones‌ espirituales?‌

talentos vs dones espirituales
la diferencia entre talentos y dones espirituales

A veces me siento en el mueble de la sala, me pongo cómodo, enciendo la televisión, paso los canales, y finalmente… «¡Switch!» –televisión apagada–. ¿Qué sucedió? No hubo nada que captara mi atención. Pero qué diferencia cuando me cruzo con uno de mis programas favoritos, como Americaʼs Got Talent.

Aunque no he seguido nunca una temporada de principio a fin, sin duda es un gran medio de entretenimiento cuando se tiene un poco de tiempo libre. Creo que muchos opinarán igual que yo. Desde que Syco Entertainment empezó a producir el programa en 2006, AGT ha sacado 14 temporadas consecutivas con una audiencia promedio de 10 millones de espectadores. 

El programa se basa en el show de talentos estadounidense, parte de la franquicia global Got Talent creada por Simon Cowell. Quien es también el miembro del jurado que ha estado presente en todas las temporadas.

Son numerosos los participantes, de diferentes procedencias, que cada año se dan cita para audicionar en el programa, con el sueño de que sus talentos puedan llegar a los Shows en vivo. La competencia es fuerte, el público exigente, y el jurado voraz. Si tu talento no es la gran cosa, al menos debes ser lo suficientemente loco o gracioso como para que decidan darte la oportunidad de continuar.

Es sorprendente la variedad de talentos inimaginables que se presentan en el show. Por allí desfilan cantantes, músicos, magos, comediantes, acróbatas, contorsionistas, bailarines, actores, y personas capaces de realizar muchísimas otras cosas ingeniosas, e incluso a veces bochornosas. 

De algunos participantes nos impresionan sus tremendas habilidades; de otros, su valentía y autoestima. Es inevitable que ante ciertas presentaciones nos preguntemos: ¿Quién habrá motivado a este a participar en el programa?

El mayor premio que puede recibir un participante –y también constituyen los momentos más especiales del programa– es que su talento sea recompensado con uno de los botones dorados del jurado.  Cada miembro del jurado tiene la opción de presionar ese botón solo una vez durante las audiciones, y con ello catapulta al participante directamente a las semifinales de la competencia.

Los ganadores del programa –y muchos que no ganaron también– son personas con unos talentos fenomenales. Como para quitarse el sombrero frente a ellos. Por ejemplo, Kodi Lee, el finalista de la temporada 2019, era ciego, y por si esto fuera poco, tenía además una dificultad motriz. Pero ganó el corazón de todos, cantando y tocando el piano con una maestría superior a la de muchos sin ninguna limitación.

Shim Lim, finalista de la doceava temporada, era un mago asiático. Si ves sus actos, probablemente quedarás convencido de la autenticidad de la magia, ¡sencillamente increíbles! Y qué decir de la finalista en 2017, Darci Lynne Farmer, una pequeña adolescente ventrílocua, la mejor que haya visto en mi vida.

Pero de eso precisamente se trata todo: de descubrir, exhibir y premiar talentos. ¡Y vaya que los participantes los tienen! La esencia del programa, de lo cual depende su popularidad, es la variedad y calidad de los talentos. Ni el público, ni el jurado, ni la producción hacen mayor cosa; todo lo ponen los participantes que van al programa a mostrar lo que saben hacer.

En Americaʼs Got Talent se comparten muchas emociones, suspenso, alegría, tristeza, llanto, y nunca falta una buena ración de carcajadas. Vale la pena darle una mirada de vez en cuando, no solo para distraerse, sino para recibir una dosis de inspiración. Porque, definitivamente, todos podemos lograr grandes cosas, los talentos no se deben esconder. 

En ocasiones, sentado frente al televisor, sorprendido por las tremendas habilidades que observo, me he  preguntado: ¿Qué podría presentar yo si fuera a AGT? ¿Qué presentarías tú?

Okey, hasta aquí el espacio publicitario. Pero no hay duda que AGT nos introduce en el tema que nos ocupa: ¿Qué son los talentos? ¿Cuál es la diferencia entre eso que exhiben los participantes de AGT y los llamados «dones espirituales» dentro de la iglesia cristiana? Si creáramos un programa llamado The Churchʼs Got Espiritual Gifts, ¿Qué observaríamos en cada capítulo? ¿Quién recibiría el anhelado botón dorado?

El talento es…

¿Alguna vez has participado en un concurso de talentos? Recuerdo que, durante mi primer semestre en la universidad, mientras cursaba la materia Taller de enseñanza, a la profesora Guillermina de Hernández se le ocurrió que hiciéramos una especie de concurso de talentos en clase. Por supuesto, no fue nada parecido a AGT. Pero sí una mañana interesante. Pude concluir tres cosas ese día:

  1. Todos estamos dispuestos a hacer lo que sea necesario para aprobar una materia.
  2. Mis compañeros de clase son sumamente talentosos.
  3. Y talento en realidad es: Todo lo que uno sabe hacer.

Para descubrir tus talentos, solo pregúntate: ¿Qué sé hacer yo? Probablemente no seas capaz de tragar espadas, hacer reír a la gente, o cantar una ópera estridente; pero de seguro serás talentoso para algo. 

¿Se te ocurre algo? Podría ser cocinar, escribir, declamar, hacer manualidades, enseñar, cortar el césped, gerenciar, mostrar empatía, practicar algún deporte, hacer música, aprender rápidamente otros idiomas, tener facilidad para las matemáticas u otras ciencias, arreglar lavadoras, ¡Tantas habilidades posibles! Y todas ellas son «talentos».

Ese día en clase, por ejemplo, yo presenté mi capacidad de memorización. No soy el mejor memorizador –ni mucho menos–, pero si me dedico puedo memorizar incluso libros enteros de la Biblia. Y eso es un talento, al igual que todas las cualidades y habilidades que tú puedes tener.

Ahora bien, con algunos de esos talentos tú naciste. Otros, los has desarrollado a medida que vas aprendiendo, practicando y especializándote en algo. 

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Puedes hacer un ejercicio, observa cuidadosamente a un niño de 5-6 años y descubre cuáles son los talentos que tiene de nacimiento. Muchos de ellos no serán totalmente evidentes y necesitarán ser cultivados; pero el niño tiene ciertas habilidades innatas que le favorecerán cuando intente incursionar en alguna actividad.

El origen de los talentos

¿Cómo sucede eso? Bueno, creo que todos los talentos que vienen innatos en el individuo son dados por Dios. Nuestro Padre es en gran manera creativo. Puedo imaginarlo apertrechándonos de las cualidades que darán color y funcionalidad a nuestro mundo. Lo visualizo colocando los talentos necesarios en la persona precisa: ¡Esto aquí! ¡Esto allá! ¡Qué no falten buenos cocineros más allá! Y esto lo hace principalmente a través de la genética. 

Después que el bebé nace, y especialmente durante la infancia, el entorno ejercerá una influencia importante para afianzar los talentos innatos y/o desarrollar otros nuevos.

Por ejemplo, si mi esposa y yo somos amantes de la música, tocamos el violín, e inscribimos a nuestro hijo en clases de violín desde los 3 años, muy probablemente será un violinista talentoso a los 14. Pero si además Dios lo había dotado con talento para la música y la ejecución de ese instrumento, casi con seguridad llegará a ser un gran violinista. 

Por supuesto, el aprendizaje y el esfuerzo desempeñan un papel muy importante. Aunque los talentos puedan ser innatos o desarrollados por la influencia del entorno en la niñez, también podrán engendrarse ya entrada la madurez. Todo depende de la dedicación y la disposición a aprender.

Cuando a mis 6 años presencié por primera vez un partido de futbol, fue literalmente amor a primera vista. Quería jugar, por eso insistí hasta lograr que mis padres me inscribieran en una academia. Al principio no era habilidoso, pero me esforcé, y desde ese día hasta hoy mejoré muchísimo. Aunque no soy un gran futbolista, creo que tengo cierto talento. 

Dicen que vale más la dedicación que la habilidad. Dicen…

Volviendo al tema, el término talento que usamos en español, es casi una transliteración de la palabra griega talanton, que se refiere a una medida de peso monetario griego equivalente a unos 30 kilos. Cuando Jesús narró la parábola de los talentos y usó este vocablo, estaba hablando de una cantidad de dinero que recibieron los siervos para negociar, pero figurativamente se refería a las cualidades o responsabilidades que el Señor reparte a sus siervos.

A partir de la interpretación de esta parábola, la palabra «talento» comenzó a utilizarse no solo como una medida de peso monetario, sino para hacer referencia a todo lo que una persona sabe y tiene la capacidad de hacer. Es con este significado que la empleamos en nuestro idioma. 

Hemos visto, entonces, que los talentos primeramente son dados por Dios en la genética, pero pueden ser también producto de la influencia del ámbito familiar y del esfuerzo propio.

La pregunta ahora es: ¿La parábola de los talentos, se refiere a esta clase de cualidades? Antes de que respondas con un sí o un no, es necesario que consideremos otros términos que podrían entenderse como una especie de «poderes mágicos», los llamados «dones espirituales».

Unos poderes especiales llamados «dones»

El profesor estaba dando unos ejemplos para ilustrar la clase de temas que podíamos abordar en nuestra tesis de grado pastoral, que consiste básicamente en un estudio de caso, complementado por una intervención en una congregación. Entre los temas que mencionó, uno llamó mi atención, era algo así como: Los súper poderes del cristiano. 

Se trata de una manera fresca y actual de referirse a los llamados «dones espirituales». Cuando hablamos de «poderes» siempre viene a mi mente la archi-conocida frase de la película Spiderman: “Un gran poder, conlleva una gran responsabilidad”. Volveremos a esto luego. Por ahora analicemos, ¿Qué es un don espiritual? ¿Qué lo diferencia de un talento?

En la biblia, se emplea el término hebreo mattanaʼ y los sustantivos griegos doron y carisma, para hacer referencia a dádivas, dones, presentes o regalos. Que charisma provenga de charis –traducido como «gracia»– le confiere relevancia a este término, puesto que charis se halla en el centro mismo del pensamiento neotestamentario. 

Aunque doron y charisma parecen ser usados indistintamente, el último es más paulino. Esto no nos  sorprende, tomando en  cuenta que Pablo es el autor del NT que más enfatiza y desglosa las repercusiones de la gracia.

Aunque en nuestro idioma la palabra «don»  se utiliza con frecuencia para indicar un atributo o cualidad, no es ese el significado que se le atribuye en el NT. Nosotros solemos decir, por ejemplo: “él tiene un excelente don para el canto”. Pero en las Escrituras la palabra don tiene que ver con una dádiva de Dios, un regalo de pura gracia. Así que su uso no es exclusivo sino amplio. Toda bendición de Dios podría caber dentro de la categoría de «don espiritual».

El sentido amplio 

Para entender el significado amplio de la palabra don, notemos que cuando Pablo  expresó a los romanos su intención de visitarles, les dijo que deseaba comunicarles “algún don [charisma] espiritual” (Romanos 1:11). ¿A qué se refería Pablo? A partir del contexto podemos deducir que se trataba de algún bien, fruto de la experiencia espiritual o del conocimiento de las escrituras, que Pablo quería compartir con ellos para “confirmarles” y “fortalecerles” en la fe (v. 12). 

Así que «don espiritual» en primera instancia es toda dádiva inmaterial que encuentra su origen en Dios, pero que como depositarios de ellas, los creyentes que las hemos recibido podemos comunicarlas o impartirlas. Un ejemplo claro de cómo se da esto, lo tenemos en la labor de Pablo y Bernabé de visitar las congregaciones que habían formado para edificarlas en la fe (Ej. Hechos 14:22). 

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En otros pasajes bíblicos se emplea el término con ese significado amplio. Santiago dice que “toda buena dádiva y todo don perfecto proviene del Padre” (Santiago 1:17). Pablo habla de la salvación como un don de Dios (Romanos 5:15, Efesios 2:8). Jesús le habló a la mujer samaritana del “don de Dios” (Juan 4:10). Salomón colocó en esa misma categoría el poder comer, beber y gozar del trabajo (Eclesiastés 3:13, 5:19). Mientras que el autor de hebreos afirma que es imposible que alguien que ha gustado el “don celestial” se vuelva después atrás (Hebreos 6:4).

El sentido específico 

Pero la expresión «don espiritual» no se limita solo a su significado amplio, tiene también una connotación más específica. En Efesios 4:8 Pablo cita Salmos 68:18: “Subiste a lo alto, […] tomaste dones para los hombres”,  justo después de decir que a cada uno de los creyentes le es dada “la gracia [charis] conforme a la  medida del don [doreas] de Cristo” (v. 7) y a partir de allí desarrolla su tema de los «dones espirituales».

Esto nos permite entender que, en el pensamiento neotestamentario, el don de Dios es uno: Cristo. Pero en Cristo nosotros hemos sido enriquecidos en todo, de tal manera que nada nos “falta en ningún don” (1 Corintios 1:5-7). Pero, ¿a cuáles dones se refiere? No se trata tan solo de las bendiciones espirituales generales, sino de los dones específicos con los que Dios ha apertrechado a su iglesia para su crecimiento. 

Es por esto que ya en textos como 1 Corintios 12:1 y 14:1, 12 Pablo habla de “dones espirituales” como esas dádivas o cualidades especiales repartidas por el Espíritu Santo para el funcionamiento del cuerpo de Cristo. 

De acuerdo a las Sagradas Escrituras, cuando una persona reconoce a Cristo como su salvador, le confía su vida y se bautiza, no solo recibe el perdón de sus pecados, sino que ese perdón va acompañado del “don del Espíritu Santo” (Hechos 2:38, 10:45), ese mismo Espíritu que descendió sobre los creyentes en el Pentecostés ungiéndoles con poder, tal como Cristo lo había prometido (Hechos 1:8). De esta manera, todo miembro que se une a la iglesia es hecho partícipe del mismo Espíritu (1 Corintios 12:13), y por ende, del mismo poder.

La obra del Espíritu en la vida del creyente es extensa y profunda. No solo implica convencerlo de pecado, justicia y juicio (Juan 16:8); no solo es transformarlo a la semejanza de Cristo produciendo sus frutos (Gálatas 5:22), sino que también abarca la dirección de la iglesia, la capacitación de cada uno de los miembros del cuerpo de Cristo para tomar parte en la obra de salvar al mundo. El Espíritu nos ha repartido dones de acuerdo a su voluntad (1 Corintios 12:7), con el fin de que los usemos para ministrar a otros (1 Pedro 4:10). 

En sentido figurado, pero también en sentido literal, los dones son nuestros «poderes». No porque con ellos volemos, tengamos súper fuerza o invisibilidad, nada de eso. Sino porque al ejercitarlos fluye a través de nosotros –hacia los demás– el poder del Espíritu Santo, que toca y transforma el corazón. 

¿Cuáles son, entonces, esos poderes?

En la Biblia encontramos tres bases de datos de dones principales, aunque en lo personal considero que en la actualidad podríamos añadir otros a la lista. La primera se encuentra en Romanos 12: 6-8, la segunda en 1 Corintios 12:7-10, 28-30 y la tercera en Efesios 4: 11. De acuerdo a esas fuentes, un bosquejo aproximado de los dones espirituales sería el siguiente:

-Apostolado

-Enseñanza

-Profecía

-Evangelismo

-Pastorado

-Sabiduría

-Entendimiento

-Fe

-Sanidad

-Milagros

-Discernimiento de espíritus

-Lenguas

-Interpretación de lenguas

-Ayudas

-Misericordia

-Administración

-Servicio

-Repartición

-Exhortación

-Liderazgo

Aunque podrían incluirse otros (como el martirio y el celibato), esta lista nos da una idea inicial, que puede ayudarnos a identificar nuestros dones espirituales particulares. Como vemos, todos tienen una orientación eclesiológica, pues los dones del Espíritu tienen el único fin de servir a la iglesia en su misión de evangelizar al mundo.

Dones y talentos

Entonces, ¿qué es realmente lo que veo, cuando prendo mi televisor y sintonizo Americaʼs Got Talent? ¿Son talentos, dones o ambos?

Los dones y talentos no son opuestos entre sí, pero sí son diferentes. Un talento puede llegar a convertirse en un don, pero un don nunca puede considerarse como un simple talento. Comentaremos en primer lugar los aspectos que tienen en común, y luego abordaremos las disimilitudes que existen entre ambos. 

En cuanto a su naturaleza, tanto los talentos como los dones son cualidades especiales. Tal vez por esa razón la gente a menudo usa las dos palabras indistintamente, como sinónimos.  Además, se trata de ministerios o responsabilidades que, se espera, una persona pueda cumplir porque está capacitada para ello.

También en cuanto a naturaleza, ambos son perfectibles. Por más que una dama tenga un gran talento culinario, siempre hay la posibilidad de mejorar. Lo mismo sucede con los dones del Espíritu. Así como crecemos espiritualmente al estar cada día más cerca de Jesús, así también aprendemos cómo usar mejor nuestros dones en su servicio. 

Una persona que posee el don de la enseñanza, tiene la responsabilidad de conseguir nuevos métodos, o mejorar los que usa, para explicar la Palabra. Una persona con el don del liderazgo, puede asistir a seminarios sobre psicología humana o manejo de grupo. Siempre hay margen para mejorar. Esto se ilustra en Hebreos cuando se habla de sentidos “bien ejercitados para discernir entre el bien y el mal” (Hebreos 5:14). Los dones se ejercitan y se perfeccionan.

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¿Diferentes?

Existen también diferencias fundamentales entre los dones y talentos. En primer lugar, hemos dicho que los talentos que poseemos de nacimiento, dependen de la información genética que heredamos, pero provienen de Dios. Y toda persona, pertenezca o no a Jesús, tiene talentos. Pero los dones espirituales no son innatos. El individuo puede nacer con talentos, pero  no con dones. 

Ahora, Dios puede dar talentos a una persona con el fin de convertirlos en dones que ella pueda usar en su servicio al unirse a su iglesia. La elocuencia al hablar, el liderazgo, la música, el empeño en el servicio, y otros más, son talentos con los cuales uno puede nacer. Cuando una persona con esos talentos asume su puesto bajo el estandarte de Cristo, es posible que alguno de ellos Dios lo utilice de manera directa, convirtiéndolo así en un don espiritual. Pero no siempre ocurre eso.

Los dones espirituales son producto de la obra sobrenatural del Espíritu Santo sobre el creyente. De hecho, los dones no son propios, son del Espíritu. Nosotros somos tan solo canales que, después del bautismo, Él usa para hacer brillar la luz. Él puede decidir usar o no nuestro talento de facilidad para los idiomas como un don espiritual. El talento solo se convierte en un don cuando el Espíritu lo utiliza como tal. 

Así que, en resumidas cuentas, los talentos son naturales –sea por genética, influencia del entorno o el esfuerzo propio– y todos los seres humanos los tienen. Pero los dones son manifestaciones sobrenaturales del Espíritu Santo que tienen lugar a través del discípulo de Cristo.

Otro aspecto importante es el propósito. Los talentos pueden ser usados con muchos fines, y eso no está mal. Pero la razón de ser de los dones es exclusivamente la preparación para la obra del ministerio, la edificación del cuerpo de Cristo, el crecimiento y la madurez en la fe (Efesios 4:12-17). Este es su único fin. 

Un don espiritual no debe emplearse para ganar dinero, por ejemplo. En cambio, nosotros podríamos usar nuestros talentos con ese fin. No debemos malgastar el poder del Espíritu –que es el accionador de los dones– con fines lucrativos. Mucho menos deben emplearse para gestionar la alabanza propia. Los dones son exclusivamente para dar gloria a Dios y para ministrar a otros (1 Pedro 4:10). Por eso es que un himno puede ser entonado con precisión, pero si no va acompañado de los motivos adecuados, no tocará el corazón. 

En resumen, podemos decir que los talentos y los dones son semejantes en su naturaleza, puesto que ambos son cualidades o habilidades, y ambos son perfectibles. Pero son diferentes cuando hablamos del origen, que en el caso de los dones es sobrenatural, mientras que los talentos son un producto natural. Los dones se manifiestan en los creyentes, los talentos en cualquier persona. Los talentos pueden llegar a ser dones, pero los dones no se rebajan al calificativo de talentos. Y finalmente, los dones son exclusivos de la iglesia y el ministerio.

Gran poder, gran responsabilidad

Después de lo dicho hasta ahora, es posible concluir que en realidad la «parábola de los talentos» debería ser llamada la «parábola de los dones». Jesús anticipaba lo que más tarde los apóstoles explicarían con más claridad, a saber, que Dios ha dado dones sobrenaturales a sus siervos para que los inviertan en su servicio al mundo entretanto que él viene. 

Y de cada uno de esos dones que ha puesto en nuestras manos nos pedirá cuenta. Por eso la frase pronunciada por el tío de Peter Parker es tan importante para nosotros; porque nos recuerda que cada privilegio, poder, habilidad, y recurso que nos ha sido encomendado por el cielo es para ponerlo a producir, y no para enterrarlo en la arena. Si los dones son nuestros «súper poderes», entonces también son nuestras grandes responsabilidades.

No quiero desaprovechar la oportunidad de animarte a descubrir y desarrollar todos tus talentos, ¡hay tanto bien que se puede hacer al mundo con ellos! Pero te exhorto encarecidamente acerca de los dones. Ora al Señor por sabiduría para descubrirlos. Ora al Señor por valentía para usarlos. Y ora al Señor por los frutos que vendrán a través de ellos. Y si ya sabes cuales son, ¡No pierdas ni un minuto más!

Conclusión

Hemos demostrado que, aunque los dones y talentos guardan algunas similitudes, las diferencias que existen entre ellos son profundas. Los dones provienen de Dios y son dados exclusivamente para la obra de la iglesia en el mundo; por otro lado, los talentos son naturales, su uso no es exclusivo sino variado, y necesario para la sociedad. 

Entonces, ¿Qué podemos esperar de The Churchʼs Got Espiritual Gifts? Lamentablemente nada. Tal programa nunca podrá existir. Si pudiéramos exhibir nuestros dones y montar un show con ellos, dejarían de ser dones. El verdadero show de los dones no está en Las Vegas, está allá afuera, en el campo de batalla. 

Los ángeles contemplan el espectáculo de cada hijo de Dios que predica, sirve, exhorta, ayuda, organiza, y ama a sus prójimos; y registran su nombre –ya no en un listado de un programa terrenal–, sino en los libros del cielo. Y Dios mismo es quien presiona su botón dorado

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