La voluntad de Dios: ¿Qué pasa si mis planes no coinciden con los planes de Dios?

Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.
planes de Dios
Hacer planes
El corazón del hombre traza su rumbo, pero sus pasos los dirige el Señor.

¡¿Un sueño?! Si. En su deseo de conocer realmente cuál era la «voluntad» de Dios, le pidió  que le mostrara un sueño con una contestación directa y explícita. Pero, bueno… no le fue tan bien. 

Te cuento, escuché una vez a un hombre relatar la “gran metida de pata” de su vida cuando cursaba sus estudios universitarios. Después de alcanzar la mitad de la carrera, se posesionó de él la idea de culminar su preparación académica en Estados Unidos. Montó su plan, lo ejecutó, y no pasó mucho tiempo para que empezara a arrepentirse de su decisión (¿Típico nuestro, no?). 

En un país extranjero, imposibilitado económicamente, desanimado, frustrado y confundido, vino a Dios en oración con una sensación de vergüenza: “Dios, disculpa… ¿Acaso cometí un error? ¿Podrías indicarme qué es lo que debo hacer? ¿Cuál es tu plan para mí?”. 

¿Cuál es el problema?

Hablando con franqueza, ¿Es que somos muy tercos o es que Dios no es nada claro? ¿Por qué no nos hace las cosas un poco más fáciles? ¿Sería tan complicado hablar a nuestro oído, escribir en el cielo, mostrar señales notorias, o simplemente enviarnos un correo o un mensaje de WhatsApp para que conozcamos claramente su «plan»? 

O tal vez, el problema real es que estamos bien acostumbrados a orar “hágase tu voluntad”, pero la mayoría de las veces no estamos tan dispuestos a obedecer lo que dicha voluntad nos muestra. Pero yendo todavía más allá, ¿Al menos existe un supuesto «plan Divino»?

En el caso de Manuel  ̶ el joven de nuestra historia ̶ , él creía que tal plan existía, pero pensó que, probablemente, el suyo propio estaba en perfecta sintonía con el de Dios. Ahora, viéndose confrontado por una gran puerta cerrada, pidió al Señor que le mostrara en sueños esa noche a dónde tenía él que ir a completar su carrera. 

Cuenta después que ese día soñó que caminaba por el pasillo de su universidad (aquella que había querido dejar atrás), y al encontrarse con un profesor amigo, este gritaba: “¡Regresó Manuel!”.

Con una señal tal, con una voz tan clara como esa, ¿quién podría negarse a obedecer? Bueno, al parecer Manuel era ese «quien». Interpretó que el sueño le impelía a salir de Estados Unidos y dirigirse nuevamente al sur, pero no reconoció aún que Dios deseaba que volviese a su lugar de origen. ¿Qué hizo entonces? Se fue a Puerto Rico. 

Entonces, ¿Tiene Dios realmente un plan? ¿Es muy difícil comprenderlo? O ¿Somos nosotros obstinados? veamos.

Planes en conflicto

la voluntad de dios
Personas haciendo planes

Piensa en esto, si hay un Dios que creó el universo y te dio vida, un Ser trascendente y poderoso que te trajo a la existencia, ¿Es probable que no haya un propósito con el cual te ha creado? Y si la respuesta a esta pregunta es no  ̶ que a mi modo de ver es así ̶ , ¿Es en realidad lógico que nosotros (la creación) porfiemos por no comprender en plenitud los planes de Dios, el creador infinito? Aún más, ¿Sería admisible que nosotros como criaturas nos empeñemos en sobreponer nuestros planes a los de Dios? 

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No respondas a la ligera. Exploremos la primera pregunta, ¿Tiene Dios un plan para mí?

Plan Divino

Si nos dirigimos a una empresa que fabrica muebles y pedimos una audiencia con el gerente para hacerle una sola pregunta: ¿Para qué o por qué fabrican muebles? Las respuestas podrían ser variables, pero lo cierto es que siempre habrá una razón, sea ganar dinero o llenar una necesidad estética y/o funcional en los consumidores. 

Muy extraño sería que el gerente nos diga “Bueno… la verdad que no lo sé, yo solo los fabrico y listo”. Aquí es donde el deísmo y cualquier posición de Diseño inteligente se vienen abajo, un Dios que crea sin propósito

Otro hecho interesante es que desde niños tenemos la idea de propósito incrustada en la mente. “Cuando yo sea grande voy a ser…”  ̶ dicen los pequeñines ̶ . ¿No es llamativo? Hay algo en nuestro interior que nos impulsa a buscar un propósito para nuestra existencia. 

Cuando crecemos, naturalmente las metas cambian, pero la noción de que hay una razón de existir permanece. Sin embargo, donde está más claramente revelado que Dios tiene un plan para su creación, y para sus hijos específicamente, es en la Biblia. 

La Escritura testifica en pasajes como Éxodo 9:16, 2 Samuel 7:12-14, Salmos 139:13-18, Jeremías 1:5, Lucas 1:13-17 y muchos otros, que Dios crea a los seres humanos individuales por una razón. Dicho de otra manera, tiene un «Plan Divino». 

Ahora, debo apresurarme a aclarar que el plan supremo de Dios es la salvación. Salvar a todo hombre que trajo a este mundo (1 Juan 2:1,2). Y su plan para nuestra vida apunta principalmente a ese propósito trascendental. 

Por supuesto, en cada uno de los pasajes mencionados arriba la idea de una misión individual se ve incluida, pero esta misión está supeditada, inclusive, al propósito mayor, la vida eterna. 

Ahora, es necesario que veamos el plan de Dios como el ideal que él ha planificado de antemano. Semejante a la madre que cuando tiene a su hijo en brazos piensa en lo que quisiera para él en el futuro. Y como la madre podrá orientar, advertir, apoyar a su hijo, y a la final éste tomará sus decisiones, así sucede con el plan de Dios. 

Este plan no es ineludible, el hombre puede rechazarlo. Pero en cualquier momento de su vida que el hombre reconozca su necesidad de Dios y acepte su voluntad perfecta, allí El Señor empieza a cumplir su plan en él. Ya no será el ideal que se propuso, pero el objetivo final seguirá siendo el mismo. En este sentido, el plan de Dios es adaptativo. 

Libertad humana 

El asunto es que el Plan Divino se alimenta de la libertad humana. Por mucho que algunos en el pasado hayan  intentado encontrar incongruencia entre la soberanía de Dios y la libertad humana, esta dicotomía no existe. El ser humano puede optar por elegir o despreciar la propuesta de Dios. 

Ilustremos de la siguiente manera:

Cuando Juan nació, Dios tenía un ideal para su vida. Sería arquitecto, conocería a Jesús a sus 20 años, se casaría con Ana y viviría una vida de servicio al Señor hasta su muerte. Dios ya sabía, que Juan iba a pisotear ese plan al embarazar a Rebeca a los 18 años, pero aun así, durante toda la niñez y la adolescencia de Juan se empeña en influir sobre él y ayudarle a tomar las mejores decisiones. 

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Esto es parte del carácter de Dios, especialmente de su amor por el hombre. Pero también de su justicia, pues en el día final Él también estará siendo juzgado. Se evaluará la forma como ha actuado y decidido los casos de cada ser humano (Apocalipsis 19:1,2 cf. Romanos 3:4). Y es por esto que Dios nunca cesa de insistir, aunque sepa que el hombre tomará otras decisiones.

Lamentablemente Juan eligió un camino diferente, pero a sus 47 años siente el llamado de Dios (Pues nunca le dejó de instar a volverse a él) y le rinde su vida. Allí, el Señor puede nuevamente activar su plan perfecto  ̶ Aunque ya no sea el ideal ̶   en la vida de Juan, cumplir una misión en él, y llevarle a la salvación. 

Si esto es así, si Dios tiene un plan pero nosotros somos libres de decidir, ¿Cómo deberían relacionarse mis planes con los del Padre? 

Hacer planes: ¿cómo descubrir los planes de Dios para mi vida?

Lo primero que debemos defender es que el ser humano debe hacer planes. Dios nos dio la capacidad de tomar decisiones y nosotros debemos usarla. Algunos asumen la postura de “Toma tú mis decisiones, Señor”, y eso nunca sucederá. Jamás. 

Y ahora, bajo la guía del Espíritu, debo “Ejercer mi libertad para optar por Dios”. Así que recalcamos: El hombre debe hacer planes. [Ver Alden Thompson, ¿Hay que tenerle miedo al Dios del Antiguo Testamento?, 97]. 

No podemos abandonar nuestra humanidad. Seguimos siendo personas libres, y hemos de actuar como tales. La única condición es que estos planes son «provisionales», en el sentido de que están sometidos a lo que la providencia de Dios nos muestre cada día. En este punto necesitamos volver a la pregunta del inicio.

De hecho, lo que Satanás desea es precisamente esto, “Él ha dicho desde el principio que Dios realmente no quiere que yo piense; que Dios preferiría tomar todas las decisiones por mí.” 

Por lo tanto, el proceso consiste en rendirle a Dios nuestra voluntad, y él empieza a transformar nuestras motivaciones. Especialmente nuestra naturaleza egoísta. 

¿Y si mis planes no coinciden con los suyos?

los planes de dios son perfectos

También le sucedió a Manuel cuando estaba en Puerto Rico, se llama: Recapacitación. Se dio cuenta que no estaba escuchando la voz de Dios. Y es un excelente primer paso para nosotros comprender que no estamos haciendo lo que Dios desearía que hagamos.

Pero como ya hemos dicho, Él no te forzará a aceptar su plan. Es como estar en una encrucijada de caminos: Puedes decidir hacer lo que te da la gana; o puedes, en humildad, dejar tu plan a un lado y aceptar el que Dios abre ante ti. 

En el primer caso serás infeliz, pues lo que Dios ha pensado para ti solo es para tu felicidad. En el segundo, aunque no siempre podrás entender hacia dónde te está guiando la providencia del Padre  ̶ ni por qué ̶ , y a menudo pasarás por momentos difíciles, de duda y desconsuelo, puedes confiar que todo será siempre lo que tú hubieses elegido si pudieras ver el panorama completo como Dios lo ve (Romanos 8:28,29).

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Sin embargo, sería bueno enfatizar que aunque no hayamos cumplido el propósito que Dios tenía para nuestra vida, la salvación por gracia no depende de esto. Puede llegar aún en el último instante de nuestra existencia. Justo allí, cuando le rendimos todo, Él empieza a cumplir su plan perfecto (Lucas 23:42,43). 

Nos resta una última pregunta importante, ¿Cómo vivir y ejercer mi libertad de tal manera que mis planes armonicen con los de Dios? Te daré algunos consejos prácticos.

La voluntad revelada

Para conocer cuál es el camino que debemos andar, las primeras «señales de tránsito» están en la Sagrada Escritura. Leerla y estudiarla será nuestra principal garantía. Jamás la voluntad de Dios para nosotros estará en contra de lo que Él ya ha dicho en su Palabra (Isaías 8:20).

Su consejo

Luego, debemos mantenernos en constante actitud de oración. En la oración ejercemos nuestra libre voluntad para solicitar la guía Divina. Y Dios ha prometido orientarnos, y colocar indicadores en el camino para que podamos discernir su plan en cada circunstancia (Salmos 32:8). Aunque como ya hemos dicho, nunca tomará las decisiones por nosotros.

Por otro lado, hay situaciones con las que nos cruzamos para las cuales no hay una respuesta específica en la Biblia, y donde no podemos entender fácilmente la providencia de Dios. Esto es, especialmente, al momento de tomar decisiones que implican dos o más cursos de acción que podrían considerarse igualmente “buenos”. 

En estos casos precisos, después de hacer una evaluación racional con la dirección del Espíritu, y habiendo filtrado las opciones con el tamiz de la voluntad de Dios y su providencia, podemos pedir al Señor en oración que nos revele de manera sobrenatural el curso de acción correcto a través de señales (Génesis 24:13,14), sueños (Mateo 1:20) o, incluso, que hable a nuestra conciencia (Salmos 16:7). 

El requisito

Un último elemento, que es importantísimo, es la disposición. Cuando la intención de nuestro corazón es hacer lo que Dios nos indica, podemos estar seguros que nos guiará. Por lo tanto, es sabio que te preguntes: ¿Estoy en realidad dispuesto a tomar este otro camino si Dios me lo muestra? 

Por el NT sabemos que los apóstoles hacían sus planes, pero esos planes eran «provisionales». Si Dios les mostraba otra cosa diferente, su disposición siempre era obedecer al Espíritu (Por ejemplo, Hechos 16:6-10), y este es el modelo que debemos seguir como cristianos libres.

Finalmente, hay una cosa que no debes olvidar. Dios no tiene «fórmulas invariables». Es decir, no tiene una sola manera de obrar. Él es infinitamente sabio, y actúa como cada circunstancia lo amerita por amor a sus hijos. Por lo tanto, puedes estar seguro que si con oración y disposición le buscas y sometes tu vida a él, nunca te dejará solo. 

Al fin y al cabo, la vida cristiana consiste en seguir siendo humanos libres, pero con un gran amigo que nos guía a su propósito perfecto. Así le sucedió a Manuel. Regresó de Puerto Rico a su tierra, se graduó, se casó, y hoy agradece a Dios por sus planes. Como dijo el sabio Salomón, “El caballo se alista para la batalla, pero es Jehová quien da la victoria” (Proverbios 21:31)

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