¿Cuál es la regla de oro? – Significado bíblico, importancia y ejemplos

la regla de oro

Antes de tocar la regla de oro en la perspectiva bíblica resaltemos la importancia general de esta frase: “La regla de oro”.

Primero, una regla es la medida por la cual regimos el tamaño o el límite de un objeto medible. Segundo, el oro es un elemento que reacciona muy poco con otros compuestos químicos, es raro de conseguir, pero no tanto como otros elementos más inusuales. Es fácil de fundir y hay un problema, el oro no es muy interesante en la industria científica, al ser tan simple le da un valor especial. Por último, es atractivo por su color amarillento. 

Cuando vemos la construcción de esta frase nos podemos preguntar ¿Por qué a las palabras de un hombre se le llaman “la regla de oro”? Cuando me hice esta pregunta de manera personal, solo noté el hecho más obvio: porque la regla debe tener un valor enorme. Sin embargo, el oro no es así. Tiene limitaciones en el sector económico, se devalúa como cualquier moneda. Hasta Winston Churchill, dijo: “el oro es el peor elemento para ser moneda”, pero todavía resulta ser el elemento mejor conocido como representante de muchas economías. 

En la mejor compresión de una frase tan rutinaria, nos encontramos ahora con las reglas detrás de la famosa frase. La Biblia no es el único libro que contiene una regla de oro. Los mismos hebreos contenían esta enseñanza en su comentario de la Biblia hebrea en el Talmud, profesando: “Lo que es odioso para ti, no le hagas a tu prójimo”. Esta es toda la ley, y todo lo demás es comentario” (Shabbay3id – XVI A.C.), Buda también tiene su regla de oro, el islam, jainismo, los yorubas (África), platón y grandes escritores de la historia, en conjunto con las civilizaciones de su época mantuvieron una norma tan bella para ellos, como el oro.

Tanto el versículo bíblico como el titulado transmiten un mensaje de importancia a cada persona. Por esta razón, responderemos el significado de la regla de oro con las mismas características irradiadas por el hermoso metal. 

Aclaremos que Jesús nunca pronunció las palabras: “regla de oro”, sin embargo, su importancia fue tan relevante al público que decidieron darle este título popular -seguramente ya usado por muchos otros pensadores- para tan importante verdad dicha por el Gran Maestro. 

No es fácil de conseguir

Mateo 7:12 es la más reconocida cita de la regla de oro (además de Lucas 6:31). Encontramos una verdad absoluta de un principio con mucha gama de aplicación a la vida diaria. A todos nos vendría bien tener un lingote de oro en nuestra caja fuerte, de igual forma nos vendría muy bien cumplir con este mandato. 

No es tan simple conseguir oro, hay mucho oro falso en casas de cambio, además, para obtener el oro se necesita tiempo, esfuerzo, trabajo y sin contar el proceso para obtenerlo en su mayor grado de kilate.  Ahora bien, encontrar el pasaje bíblico es muy sencillo (con la tecnología actual, un clic en Google es suficiente), pero tenerla en la caja fuerte de nuestro cuerpo, nuestra mente, no es tan sencillo. Aquí podemos distribuir el proceso en dos partes: 

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1. Obtener el oro de esta frase requiere, memorizarlo. Hemos de mantener el pensamiento presente para probarlo, aunque no tengamos la Biblia o la cita escrita, siendo la repetición constante un baluarte para nuestra memoria, tanto cognitiva como motora. 

2. Ponerlo en práctica. Para poder conseguir correctamente el buen oro debemos hacerlo nuestro. Dicen los dichos de camino: “no todo lo que brilla, es oro”. Por ende, nuestra percepción de la realidad debe estar bien ajustada al principio, produciendo un cambio en nuestro estilo de vida tan claro como si, de la noche a la mañana, obtuviéramos miles de kilates de oro puro en nuestra mesa. 

¿Por qué es tan importante? 

Con el oro se han creado grandes obras de arte. En nuestros días en la alta culinaria, se derivan sustancias para el consumo de alimentos con polvo de oro o bañados de un líquido áurico viscoso y comestible. En muchos lugares donde sirve el gran aperitivo, la comida puede subir en más del triple del precio, si contiene unos cuantos gramos de este metal. 

Lo interesante se presenta en el valor que tiene la regla de oro en nuestras vidas. Como bien sabemos, el oro tiene el precio que el hombre le pone, no tiene valor en sí mismo. Así pasa igual con el valor e importancia a la corta oración: “Haced a los demás como queráis que ellos os hagan”. En realidad, es muy parecida al oro. Es una norma estable, representa mucha tolerancia, puede practicarse en cualquier situación o lugar. Aunque suele verse muy poco en práctica. ¿Por qué sucede esto a algo que se considera en muchas culturas tan importante?

El problema radica en la misma esencia del material. En la historia muchos colonizadores trataron con dolor y sufrimiento a nativos de tierras extranjeras, esclavos y presos para extraer el oro de sus tierras conquistadas, esto solo proporcionó una caída mundial de su valor. El hecho se basaba que, si había más oro en el mercado, se hace más fácil de conseguir, volviéndose más económico. De la misma forma ocurre con este principio. Si nuestro sentir está en obtener su enseñanza para nuestra avaricia obtendrá un valor muy bajo, en este caso, será de cero. Por ejemplo:

Un hombre pasa por una situación económica muy deficiente. Muchas deudas y poco tiempo para pagar. Lee Mateo 7:12 y se dice a sí mismo: le voy a regalar dos centavos a un mendigo en la calle y así se me devolverá el doble de lo que di. El caballero hace todo lo que pensó, pero nada se resuelve. Empieza a cuestionarse su fe, buscando excusas sobre lo mentiroso que es ese dicho. Se da cuenta que cometió un error, debía darle esos dos centavos a alguien que se los deba a él. Buscó a la persona, le dio los peniques y esperó la llegada del dinero. Al tiempo va a donde la persona y le pide 3 centavos, pero le dice que no tienen en ese momento. Se va muy furioso, diciéndose otra vez, que todo es mentira. 

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Pasa mucho tiempo. Ya no creía en ese pasaje, ni en la Biblia, aunque siempre se recordó de esas palabras. Con mucho esfuerzo logró pagar algunas deudas, y un día vio a alguien que le debía una suma importante de dinero. Él recordó sus dificultades para salir de aquella penosa situación, se levantó fue a al deudor y le perdonó la deuda, muy agradecido el recién salido del aprieto, le dijo:

– De verdad, no tenía como pagarte, empecé a cobrarle a todo mis amigos y desconocidos. Hasta deudas que ya habían pagado las recobré. Un día me encontré con un pasaje en Mateo 7:12 que me hizo reflexionar en mi actitud. Comencé a devolver lo recobrado y perdoné a aquellos que más necesitaban el dinero que yo. 

El hombre se dio cuenta de la verdadera esencia de esta regla. No era el beneficio que le daba a él cumplirlo, sino como beneficiaba a otros. La importancia de este texto de las Sagradas Escrituras, es un principio social para la buena interacción, en conjunto a la gran necesidad de principios establecidos por Dios en nuestras vidas. Tanto así, que engloba todas las Escrituras consideradas sagradas para aquella época: “Esta es la Ley y los Profetas”. 

 ¿Por qué de oro?

Al no corroerse le gana por mucho a la famosa “plata”, también se debe a lo fácil de su fundición, o sea que es altamente manejable. El principio muestra características muy dadas a estas cualidades del metal. Es fácil de entender y se aplica en cualquier momento, siendo muy versátil para diversas situaciones. ¿Quién no ha sentido las ganas de recibir lo bueno de sus acciones? Esto es a principio con una leída superficial, pero no podemos excluirlo de su contexto. La regla de oro en el pasaje de Lucas 6:31 se halla después de unas aseveraciones contra nuestro enemigo. No nos manda a vengarnos, ni siquiera a denunciarlo, más bien a bendecirlo, aún más a amarlo. 

Recuerda que el oro no se corroe, es firme en el tiempo. Las esculturas de oro de la primera civilización egipcia se encuentran en muchos museos actuales del mundo. De igual forma, nuestra actitud ante las dificultades será el recuerdo que dejaremos en la mente de muchas personas. Imagina que al terminar este artículo recibes en tu puerta diez lingotes de oro, pero cuando vas al banco para guardarlos te llevas una gran sorpresa, no es oro, es bronce bañada en pintura. Por supuesto, el bronce también puede tener un buen precio, pero no tanto como el oro. Así que, si solo hacemos la regla de oro con nuestros amigos, hacemos parte de una pantomima. La persona que pronunció este versículo vivió tanto para sus amigos y sus enemigos, en su vida decidió sanar las orejas de un soldado que lo iba a apresar, estuvo al lado de un traicionero, amó con profundidad a los que iban a dejarlo en su momento más difícil. 

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La regla es de oro, porque no se puede corroer, si es oro tiene que ser puro. La pureza se basa en que ningún acto al prójimo, rompa esta regla. 

¿Qué hago con él?

Después de aplicar el principio de no tomar acción desconsiderada con otra persona, sea tu amigo o enemigo. Hay una enseñanza implícita en ella, es la enseñanza. Toda obra que, sea repercutida con bien, así haya sido la peor de las acciones, traerá un resultado inesperado para el mundo. 

La primera forma de enseñanza es cuando “yo” aplico para mi vida vivir bajo los pasos de Jesús. Absorbiendo todas polimorfas de la regla de oro y como lo aplicó en su caminar por el mundo. La otra forma es una muy parecida a esta lectura, a través de la comunicación verbal y no verbal. Dando a conocer lo hermoso de poder leer, escribir, escuchar e internalizar la gran profundidad de un solo versículo.

El oro puede gastarse en bienes materiales egoístas o puede usarse para rendir adoración y abnegación por mi prójimo, siendo siempre justos, con una naturaleza servicial representativa de un hijo de Dios. Tengamos presente como estamos tratando a los demás y lo veremos reflejado en como somos tratados. 

Supongamos que tienen una bolsa llena de oro, transparente, y vas por la avenida más concurrida de tu localidad. ¿Te verán las personas? ¿Te robarían? ¿Te preguntarían que llevas allí? 

Miremos a Jesús, él cumplía la regla de oro de punta a punta. Muchos lo seguían por sus milagros, sus palabras, sus actos de misericordia porque en Él se cumplía cabalmente el brillo más puro de esta elevada norma. No somos seres que nacemos con la regla de oro, prescrita en nuestro ADN, pero somos llamadas a obtener, guardarlo, practicarlo y enseñarlo a otros. Incluso si no son nuestros mejores amigos, merecen a Cristo en nuestra vida, así, seremos luz en medio de las tinieblas.

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