La educación – La educación en el jardín del Edén

Versículo para memorizar. Job 36.22. “He aquí que Dios es excelso en su poder; ¿qué enseñador semejante a él?”.

Las condiciones de la primera escuela fundada por Dios para la humanidad eran perfectas: la mejor aula (el jardín del Edén), el mejor libro de texto (la naturaleza), el mejor Maestro (El Creador) y los mejores alumnos (adán y Eva). Pero una influencia externa provocó una crisis que llevó a cada uno a tomar importantes decisiones. Hoy tenemos la oportunidad de aprender del error de Adán y Eva para poder beneficiarnos de la educación de nuestro Maestro y Salvador.

LA PRIMERA ESCUELA

“Y Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente; y puso allí al hombre que había formado” (Génesis 2:8).

El método educativo que Dios usó con Adán y Eva era teórico-práctico. En la parte práctica, se les dieron responsabilidades: cuidar de los animales (Gn. 1:28; 2:19), y trabajar en el jardín (Gn. 2:15). Los ángeles desempeñaron sin duda una función importante en su educación teórica. Dios mismo se reunía personalmente con ellos cada tarde para enseñarles (Gn. 3:8). Los alumnos se ayudaban entre sí y trabajaban de forma armoniosa (Gn. 2:18, 22). Rodeados del acogedor espacio del jardín, todo parecía augurar un aprendizaje productivo y gratificante.

INTROMISIÓN

“Entonces la serpiente dijo a la mujer: No moriréis” (Génesis 3:4).

El ambiente que Dios creó se define como “bueno en gran manera” (Gn. 1:31), rodeado de “todo árbol delicioso a la vista” (Gn. 2:9) y con alumnos que “no se avergonzaban” (Gn. 2:25).
Pero apareció un ser “astuto” que introdujo dudas en Eva, negó las claras afirmaciones divinas y le hizo dudar de las intenciones de Dios (Gn. 3:1-5). Presentó a Dios como:

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Restrictivo, negándoles cosas buenas.
Temeroso de que ellos alcanzasen un nivel superior de conocimiento.
Mentiroso con respecto a las consecuencias de comer del árbol.

Eva, utilizando el libre albedrío del que Dios le había dotado, eligió creer al enemigo y dudar de Dios. Adán, por su parte, se unió a Eva en su desobediencia.

PASAR POR ALTO EL MENSAJE

“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella” (Génesis 3:6).

Antes de ser tentada, Eva no había visto el árbol prohibido como algo bueno para comer. Ni le había parecido agradable contemplarlo. Ni lo había codiciado. Ni había deseado la sabiduría que le podía aportar. Y, por supuesto, ni se le había ocurrido tomar de su fruto y comerlo. ¿Qué podía haber hecho Eva cuando las dudas comenzaron a surgir en su mente? Lo más razonable era ir a hablar con Dios, ya que tenía acceso directo a Él, y preguntarle acerca de las acusaciones de la serpiente. También podía haber contado con la ayuda de Adán. Pero no lo hizo. Adán ni siquiera razonó acerca del árbol. Mirando a la mujer, decidió compartir con ella su suerte. Ambos usaron mal su libre albedrío.

RECUPERAR LO PERDIDO

“Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado” (Génesis 3:23).

El Divino Maestro había estado íntimamente ligado con sus alumnos con el fin de enseñarles acerca de Su carácter, Su bondad y Su amor. Ahora ya no podían estar en su presencia. Pero antes de expulsarlos, les dio la seguridad de la Redención (Génesis 3:15). También les reasignó nuevas tareas para que pudieran seguir aprendiendo, y nuevas formas de comunicarse con Él.
Hoy, como descendientes de Adán y Eva, tenemos la oportunidad de continuar la educación por ellos recibida a través de la oración, el servicio y el estudio de la Biblia. Nuestra meta educativa: rehacer la imagen de Dios en nuestra vida, creciendo en las virtudes cristianas (2ª de Pedro 1:3-11).

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LOS QUE DESPRECIAN LA AUTORIDAD

“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta…” (Hebreos 13:17).

El que desea aprender debe someterse al que le puede enseñar. Ha de existir, por lo tanto, un nivel de autoridad el cual debe ser respetado. Para nuestra educación cristiana debemos someternos a los pastores y maestros. Pero también ellos deben ser evaluados para evitar que introduzcan herejías en la grey (2ª de Pedro 2:1). Al fin y al cabo, el que tiene la autoridad de enseñar sabe que debe someterse a su vez a Dios, ante el que debe dar cuentas. Adán y Eva desobedecieron la autoridad divina y aceptaron una autoridad engañosa. Para seguir aprendiendo, debemos someternos a la Palabra de Dios, y a aquellos a los que ella autoriza.

Nota de EGW: “Adán no consideró todas las consecuencias de su desobediencia. No desafió con su mente a Dios, ni habló contra el Altísimo; simplemente actuó en forma opuesta al expreso mandato divino. Cuántos actúan hoy de la misma manera y la culpa de ellos es de mayor magnitud pues cuentan con la experiencia de la desobediencia de Adán y de sus terribles consecuencias que los advierten del peligro de transgredir la ley de Dios. Por lo tanto, disponen de mucha luz sobre este tema y no tienen excusa alguna por su culpabilidad de negar a Dios y desobedecer su autoridad” (El Cristo triunfante, 19 de enero).

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