¿Qué es la hermenéutica bíblica y sigue siendo importante hoy?

hermenéutica bíblica

Armemos un caso hipotético: Supongamos que hoy en un par de horas te sientas en un mueble de tu casa con el teléfono y dedicas algunos minutos para revisar tus redes sociales. En eso, abres un estado que colocó tu amiga Alejandra. El estado dice lo siguiente:

“¡Qué molleja! Me doy cuenta que, en realidad, a veces el silencio es elocuencia”.

Cualquier otra persona que lea ese estado, se quedará con unas cuantas dudas en la mente: ¿Qué le sucedió a Alejandra para que esté escribiendo eso? ¿A qué se refiere con “molleja”, el estómago del pollo? ¿Con qué fin coloca eso en su estado? ¿Qué quiere decir con eso de “El silencio es elocuencia”? 

Pero tú eres amig@ de Alejandra, de su mismo entorno, manejas un vocabulario similar, y puedes contestar cada una de estas preguntas.

Ella te contó esa mañana que en la tarde iría a resolver un problema que tenía con unas amistades, porque unas personas habían distorsionado algunas cosas que ella había dicho dos días atrás, y le habían puesto en malos términos delante de sus amigos. 

Probablemente regresó a su casa sorprendida por cómo esas cosas que dijo le causaron tantos problemas. 

Entiendes también que la expresión “Qué molleja” en el lugar donde viven no se refiere al aparato digestivo del pollo, sino que es una expresión de sorpresa o disgusto en la jerga popular. 

Por otro lado, cuando ella dice “el silencio es elocuencia” lo expresa como comprobando la veracidad de una afirmación de una escritora que, tanto tú como ella, tienen en muy alta estima. En esa frase la escritora recomienda que, en ocasiones, quedar callado es mayor signo de elocuencia y talento que pronunciar palabra. 

Y finalmente, es probable que su intención para colocarlo en el estado sea reafirmar su sensación de disgusto delante de sus amigos que lo verán, y a la vez, confirmar la sabiduría contenida en el consejo de la escritora.

De esta manera, por tu familiaridad con Alejandra y su entorno tienes una mayor comprensión de todo el significado entrañado en sus palabras; significado que la gran mayoría de las personas podrían pasar por alto al no compartir el trasfondo que hay detrás de ellas. 

Preguntas que podrían generar el contexto, la intención y el vocabulario, quedan aclaradas por un conocimiento más exhaustivo de la situación.

Hacer hermenéutica

¿Te sorprenderías si te digo que con este caso hipotético, y de manera tan sencilla, hemos hecho hermenéutica? La vida se trata de interpretar, y nuestro cerebro está programado automáticamente para realizar este proceso en cuestión de segundos. 

Rápidamente analizamos el contexto  ̶sea espacial, temporal o literario ̶ , el posible significado de las palabras que el interlocutor utilizó, el propósito que tiene para decirlas y los distintos énfasis que se dejan ver en la construcción gramatical que usó para darse a entender.

Trato de mostrar que los procesos comunicativos que llevamos a cabo todos los días de nuestra vida, precisan de realizar hermenéutica. 

Aunque la hermenéutica propiamente dicha sea pertinente principalmente para textos escritos, podemos sencillamente tomar los principios y procesos que la integran para mostrar que, de manera práctica y cotidianamente, ejecutamos infinidad de procesos de interpretación.

A lo largo de este artículo trataremos de esbozar en qué consiste la hermenéutica bíblica, sus presuposiciones y métodos, trazando comparaciones con nuestro entorno actual; especialmente en la manera cómo entablamos  procesos comunicativos.  

Esto nos será de gran ayuda para entender la necesidad que tenemos en el tiempo presente de aplicar una hermenéutica bíblica sólida en el estudio de la Palabra. ¡Comencemos!

¿Qué es hermenéutica?

La definición más básica que podemos dar es: La interpretación de textos escritos, especialmente de carácter sagrado. Pero un poco más profundamente, la hermenéutica es la ciencia que determina los principios, presuposiciones y parámetros para llevar a cabo la intervención exegética. 

He aquí la diferencia con la exégesis, mientras que la primera pone los fundamentos, la exégesis construye sobre ellos. Dicho de otra manera, el estudio exegético presupone un parámetro hermenéutico al aproximarse al texto de la Biblia.

Hermenéutica proviene del verbo griego ερμηνευω, cuyo significado es «transmitir el sentido, interpretar o traducir». 

La nota general de su uso en el NT puede observarse en pasajes como Mateo 1:23, Marcos 15:22 y Hechos 4:36, donde es utilizado para dar a conocer la traducción o el sentido de una palabra. Por ejemplo, Mateo 1:23 dice así: “Y será llamado su nombre Emmanuel, que traducido es: Dios con nosotros”. 

Uno de los textos más representativos de la hermenéutica en el Nuevo Testamento es Lucas 24:27, donde en su caminata con aquellos dos apesadumbrados discípulos, se registra que Jesús les “declaraba” (RV60), “les fue interpretando” (Ausejo) lo que la escritura decía de él. Usando el mismo verbo, en 1 Corintios 14 Pablo aconseja que si alguien va a hablar en lenguas durante el culto, es necesario que interprete, o que al menos otro lo haga por él (véase el v.15). 

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Por otro lado, se señala a Esdras como el padre de la hermenéutica del Antiguo Testamento, pues de él se dice que “había preparado su corazón para inquirir (heb. Darash = escudriñar, averiguar, consultar) la ley de Jehová y para cumplirla, y para enseñar en Israel sus estatutos y decretos” (Esdras 7:10). 

Luego, en una asamblea pública que Nehemías y Esdras presidían, éste y los levitas leían la ley al pueblo y le “ponían el sentido”, para que pudiesen entender (Nehemías 8:8). 

Así que el objetivo al que apunta la hermenéutica es clarificar el sentido de algo, a fin de hacerlo comprensible para otro. 

Junto con ella, por supuesto, debemos colocar el verbo griego εξηγεομαι, del cual proviene el español «exégesis». Que se relaciona con algo que se cuenta o se declara. 

Probablemente su uso más significativo sea Juan 1:18 donde Jesús, el unigénito Dios en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer. Jesús posee la interpretación correcta del Padre (hermenéutica) y vino a ayudarnos a entenderle (exégesis).

Así que la hermenéutica bíblica, en términos prácticos, es comprender el ayer del texto, poder sumergirnos en las aguas del pensamiento del escritor y alcanzar a dar el sentido correcto a sus palabras.

¿Por qué es importante?

A diferencia del ejemplo que colocamos al comienzo cuando hablamos del estado de Alejandra, nosotros nos encontramos extremadamente lejos del pensamiento de los escritores del Antiguo y el Nuevo Testamento. 

En lugar de estar bien familiarizados con el vocabulario, el entorno, el contexto, y la manera de pensar, ¡Nuestra realidad es todo lo contrario! Naturalmente, no tenemos conocimiento de nada de eso. Es como si un ruso leyera el mismo estado de Alejandra que tú leíste, solo que 2.500 años después. 

Para que tengas una idea, piensa en lo difícil que es para un occidental lograr entenderse de buenas a primeras con un oriental: Idioma, cultura, trasfondo, modos de pensar, son muchas las barreras. 

Suponte que tú estás aprendiendo a hablar árabe, y te propones leer un libro escrito por un autor de aquel país. ¿Crees que tan solo con un conocimiento del idioma podrías entender el significado real de todo lo allí plasmado? 

Ahora, ¿Qué tan fácil crees que sería si el libro hubiese sido escrito ¡hace 2.500 años!? Las barreras se multiplican, pues los paradigmas de pensamiento han cambiado de manera exorbitante en los milenios transcurridos. 

Esa es la clase de desafío con el cual nos encontramos al estudiar la Biblia. Entender a un autor que no conocimos, cuyo trasfondo es muy diferente al nuestro, que vivió en un contexto muy lejano y distinto, que hablaba en otro idioma, y pare usted de contar. 

¡Pero nosotros queremos estudiar la Biblia! Nos han dicho que allí está revelada la salvación, entonces, ¿Cómo hacemos? Para eso está la hermenéutica. Viene a nosotros y nos propone el modo correcto y los medios para leer la Escritura, y poder comprender su sentido. 

Nos lleva de viaje hasta el mediterráneo, camina con nosotros como un guía turístico iluminando nuestra comprensión del pensamiento de los escritores, nos lleva hasta los sitios mismos donde los eventos ocurrieron, y ¡Pum! Parece que ya 2.500 años no es tanta distancia como aparentaba. ¡Sí es posible estudiar la palabra de Dios!

Okey, está bien, la hermenéutica es importante. Pero, ¿Acaso no hay demasiados métodos variados, incluso contradictorios, para estudiar la Biblia? ¿Cómo puedo saber cuál es el modo correcto de hacer hermenéutica? El método correcto fluye de las presuposiciones correctas, y gracias a Dios, la misma Biblia nos marca el camino.

Buenas presuposiciones = Buen método

Desde pequeño soy aficionado al fútbol, y siempre he sido seguidor del mejor equipo del mundo, el Barcelona. Eso no es discutible. Por supuesto, también considero que Lionel Messi es el más grande futbolista del mundo. 

Admito que no sería nada fácil para mí si un día me invitaran a un debate que decidirá «objetivamente» qué jugador merece ganar el balón de oro. 

Por más que los números y los títulos puedan decir muchas cosas, mi subconsciente fabricaría uno y otro camino para llegar a Messi. ¿Por qué? Son mis gustos, y los gustos influyen poderosamente en las presuposiciones. 

Al momento de estudiar la Biblia, nuestras ideas preconcebidas marcarán la diferencia al elegir la manera de aproximarnos a ella. 

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Si te es difícil aceptar que Dios realmente interviene en la historia, que los autores de la Escritura hablaron siendo inspirados por él, y que los milagros son hechos objetivos, entonces es casi seguro que automáticamente te inclinarás por un método que, en lugar de permitir que la Biblia hable por sí misma, la colocará en un estrado de juicio. 

Todos tenemos presuposiciones y es difícil modificarlas fácilmente, pero podemos decidir darle una oportunidad a Dios de presentar su caso, y al aproximarnos a la Biblia con fe, descubriremos que hay muchas evidencias para alimentar nuestra razón

Voy a presentar aquí de manera concisa tan  solo algunas de las presuposiciones más importantes recomendadas para abordar el estudio de la Palabra de Dios:

  • La existencia de Dios: La escritura no trata de probar la existencia de Dios, sino que la da por sentado (Génesis 1:1, Hebreos 11:6). Sus actos creadores y salvíficos, sus milagros y manifestaciones nunca son puestos en duda. Por ende, todos los que nos acercamos a él debemos creer que existe. Sin esta presuposición básica, el estudio de la Biblia no tiene sentido alguno.
  • Un Dios personal que habla y actúa: La Biblia testifica de la revelación que Dios ha hecho de sí mismo para darse a conocer al ser humano (Hebreos 1:1-3). Dios habla, se muestra y actúa, es su deseo estar muy próximo a sus hijos. Por eso, y por causa de la redención, se encarnó y vino al mundo a habitar entre nosotros en la persona de su hijo (Juan 1:14). 
  • En ese proceso de darse a conocer, Dios ha sido el originador de las “santas escrituras” (Romanos 1:2), de las cuales Él es el legítimo autor (2 Timoteo 3:16). Sin embargo, la Biblia es una mezcla Divino-humana inseparable, puesto que aunque han sido inspiradas por el Espíritu Santo, fueron dadas por medio de escritores humanos falibles (2 Pedro 1:19-21). 
  • La Biblia, y toda la Biblia, es el criterio final y más elevado de la verdad. Todas las ramas y ciencias tienen su lugar en el desarrollo de la vida humana, pero nada puede sustituir a las Escrituras como autoridad  en cuestiones de fe. Todo se sujeta y es juzgado por ella (Isaías 8:20).
  • No es posible despreciar o relegar a un segundo plano alguna porción de las escrituras. Todas son igualmente inspiradas y normativas para el creyente (2 Timoteo 3:16, 1 Tesalonicenses 2:13)
  • Las escrituras son su propio expositor (Lucas 24:27). Constituyen una unidad indivisible y continua desde el Génesis hasta el apocalipsis, donde existe acuerdo fundamental en todo su mensaje (Juan 10:35, Romanos 16:25,26). Por lo tanto, la Biblia es capaz de clarificarse a sí misma, iluminando los pasajes más claros a los más oscuros (1 Pedro 1:10-12).
  • Para poder entender a cabalidad las escrituras es necesario contar con la instrucción de su mismo autor, el Espíritu Santo (Juan 14:26). Dado que las “cosas espirituales han de discernirse espiritualmente” (1 Corintios 2:11, 14), hemos de humillarnos ante Dios y depender de su orientación y su bendición en el estudio de la Palabra.

Estas presuposiciones surgen del mismo estudio inductivo de la Biblia, y abren un panorama prometedor, en el cual el creyente se acerca por fe a la Palabra de Dios y es enseñado y transformado por ella. 

Hemos de abrir la Escritura con la actitud del estudiante que está dispuesto a recibir la verdad tal cual como ha sido revelada por Dios, y no con el deseo de imponer nuestros propios preconceptos a ella, así estaremos en la posición de entender y apreciar los tesoros que en ella nos están guardados.

Y así como las buenas intenciones impulsan las buenas acciones, y como 2+2 es igual a 4, las presuposiciones correctas nos llevan lógicamente hacia el método correcto.

Buen método = Buena interpretación

No estamos acostumbrados a aplicar “métodos” de interpretación cuando nos comunicamos con nuestros amigos o familiares, pero quizás un ejemplo ilustrativo sería cuando escuchamos por primera vez una canción que nos agrada, aunque, lamentablemente, está en otro idioma.

La música se encarga de captar nuestra atención, pero a partir de allí nos toca seguir un pequeño proceso para disfrutar plenamente de la canción como un todo. 

Comenzamos por buscar la letra traducida, corregimos detalles de traslación, buscamos quién fue el autor, y si es posible averiguamos qué lo motivó a escribirla. 

Finalmente, con un panorama general, la aprendemos y podemos llegar a cantarla con total consciencia de lo que la canción quiere transmitir. 

No hay métodos establecidos para hacer esto, y no siempre disponemos de toda la información. A veces, por ejemplo, una canción es anónima y eso trunca el proceso. 

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Lo mismo a veces acontece con la Biblia. Pero con un buen método estamos más cerca de llegar a una correcta interpretación de su mensaje.

¿Cuál sería el método hermenéutico correcto para estudiar la Biblia? Bien, muchos concordamos con José Martínez cuando dice que el método Histórico-gramatical es “el primero de los métodos para la práctica de una exégesis objetiva”. [Hermenéutica bíblica, 121]

Este método parte de todas las presuposiciones arriba desarrolladas. Es también el que usaron los profetas para leer la Torá, los apóstoles para leer el AT, y los reformadores para leer las Escrituras en su totalidad. 

El método histórico-gramatical comienza proponiendo que la Biblia debe ser interpretada y estudiada según lo que el texto dice clara y literalmente. 

Las simbologías o demás recursos que se imponen sobre el texto deben ser descartados a menos que el mismo contexto indique lo contrario. Esto, de principio, desecha otras opciones metodológicas como el  alegórico, místico o moral

Su propósito es adentrarse en el texto bíblico en sus idiomas y contexto histórico y literario original, a fin de procurar entender lo más exactamente posible lo que el texto significó para su audiencia directa, y por ende, lo que significa para nosotros hoy al traspasar las barreras culturales y generacionales. 

Este, según los estudiosos conservadores de las escrituras, es el método que más nos acerca a una interpretación correcta y sana de las escrituras.

Para utilidad del lector, resumiré aquí  algunos de los pasos principales que se han propuesto para elaborar una exégesis bíblica a partir del método histórico gramatical:

  1. Lo primero y principal es pedir sabiduría a Dios en oración para entender su Palabra (Santiago 1:5)
  2. Debemos leer el texto en todo su contexto, varias veces si es posible. Cuando hablamos de contexto nos referimos a tres escalas: 1) Contexto global (todo el libro), 2) Contexto amplio (el capítulo, por ejemplo) y 3) Contexto inmediato (la perícopa). Por ejemplo, si el pasaje que deseamos estudiar es Hebreos 11:13, comenzaríamos leyendo todo el libro de Hebreos, luego leemos todo el capítulo 11, y finalmente nos detenemos en los versos 13 al 16. En este paso es útil indagar en las propuestas de los estudiosos acerca de la manera cómo está estructurado el libro en su composición.
  3. A continuación debemos procurar establecer el texto. El texto original fue escrito en hebreo, griego o arameo, y las traducciones de la Biblia no siempre logran transmitir todo el sentido del pasaje. Por lo tanto, es necesario consultar varias versiones a fin de acercarnos al texto más próximo al original. De preferencia consultar versiones literales, aunque las paráfrasis pueden aportar una visión complementaria. Es recomendable usar aparatos críticos para descartar las posibles variantes en la lectura del texto.
  4. Después de esto,  lo mejor sería que el estudiante pueda realizar su propia traducción del verso con ayuda de léxicos y gramáticas del idioma según sea el caso. Esto le permitirá notar todos los matices que no son fácilmente observables en una traducción.
  5. Proseguimos con la investigación del contexto. Distinguimos el contexto histórico (circunstancia, lugar y momento cuando fue escrito) del contexto literario (el lugar que el texto ocupa en la obra escrita). Del contexto histórico es prominente saber quién fue el autor, dónde y cuándo escribió, por qué escribió, cuál era la situación política, económica y religiosa, cuáles eran las costumbres que imperaban, etc… La propia Biblia, y materiales auxiliares provenientes de la arqueología, o la historiografía serán de gran utilidad. Del contexto literario es necesario entender el argumento principal del autor en el libro y en la perícopa donde se ubica el texto. A partir de allí podemos desarrollar el propio significado del versículo de acuerdo a sus interacciones con el marco contextual, así como la manera como apoya, argumenta o se opone al argumento principal. 
  6. Luego será preciso analizar la teología del texto a la luz del mensaje del libro y la Biblia entera. Aquí es necesario concluir lo que el pasaje significó en su totalidad para su audiencia original.
  7. Finalmente, debemos trasladar la teología original del pasaje a nuestro presente. Al comprender lo que el versículo significó en la mente del autor, podemos tener una idea clara de lo que puede significar para nosotros hoy.

Conclusión

El propósito de Dios siempre ha sido poder comunicarse con el hombre. Cuando comprendemos la importancia de una buena hermenéutica bíblica, dejando que la Palabra misma dé forma a nuestras presuposiciones, y métodos, estamos un paso más cerca de comprender lo que Dios anhela decirnos hoy en las páginas sagradas. 

Es nuestro privilegio poder descubrir lo que Dios dijo en el pasado, y así permitirle transformar nuestro presente.

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