Hacer amigos para Dios – Compartir la historia de Jesús

Versículo para memorizar. 1 Juan 5:13. “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios”.

Tenemos noticias increíblemente buenas: la gracia de Dios no está disponible solo para unos pocos elegidos. El evangelio es para todos. La salvación es para todos. El perdón, la misericordia, la clemencia y la gracia son para todos. Con su amor, Jesús transforma nuestra vida y nos invita a compartir esta experiencia con los demás para que también ellos sean transformados.

JESÚS: LA BASE DE NUESTRO TESTIMONIO

“aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos)” (Efesios 2:5).

Antes de Jesús. Efesios 2:1-3

• Muertos en nuestros pecados
• Siguiendo la corriente de este mundo
• Bajo el dominio del diablo
• Desobedientes
• Haciendo nuestra propia voluntad
• Hijos de la ira

Después de Jesús. Efesios 2:4-10

• Vivos en Cristo
• Sentados en los lugares celestiales
• Salvos por la fe
• Disfrutando de las riquezas de su gloria
• Realizando buenas obras
• Hijos de Dios (hechura suya)

EL PODER TRANSFORMADOR DEL TESTIMONIO PERSONAL

“Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros” (1ª de Juan 4:11).

Al pasar por Samaria, una aldea de samaritanos se negó a hospedar a Jesús y sus apóstoles. Llenos de ira, Jacobo y Juan solicitaron permiso para destruir la aldea con fuego celestial, tal como Elías había destruido a los soldados irreverentes (2ª de Reyes 1:9-15). Con el tiempo, su relación con Jesús cambió sus sentimientos y sus pensamientos. Jacobo perdió su vida por compartir a Jesús con los demás (Hechos 12:1-2). Tanto en el evangelio como en sus cartas, Juan nos dejó un mensaje lleno de amor por Dios y por el prójimo (Jn. 13:35; 1Jn. 4:8; 2Jn. 1:6; 3Jn. 1:6-7). Así es el poder de Jesús para cambiar nuestras vidas.

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CONTAR LA HISTORIA DE JESÚS

“Cuando llegó a la otra orilla, a la tierra de los gadarenos, vinieron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, feroces en gran manera […]” (Mateo 8:28).

Nadie podía pasar por la zona de Gadara donde Jesús y sus discípulos desembarcaron sin arriesgarse a ser atacados por unos peligrosos endemoniados. Pero, al encontrarse con Jesús, la vida de estos endemoniados cambió totalmente. Fueron restaurados física, mental, emocional y espiritualmente. Seguidamente, Jesús les pidió que compartiesen su historia con todos los habitantes de la región. Podían contar a otros cómo habían sentido el poder de Cristo para transformar sus vidas y, a través de su testimonio personal, invitarles a permitir que Jesús transformase también sus vidas.

TESTIFICAR CON SEGURIDAD

“Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (1ª de Juan 5:13).

La Biblia es clara: el que cree en Jesús es salvo (Jn. 3:15, 36; 6:40, 47; Hch. 16:31; 1Jn. 5:13). No necesitamos esperar a ser lo suficientemente buenos (o lo mínimamente buenos) para ser salvos. Es cierto que la salvación se puede perder (Éx. 32:33; Mt. 10:28; 2P. 2:20-21; Ap. 3:5, 11). Pero eso solo puede ocurrir cuando elegimos alejarnos voluntariamente de Dios. Tener ahora la seguridad de la salvación proporciona poder a nuestro testimonio, ya que es fácil transmitir aquello de lo que estamos seguros. Busquemos, por tanto, oportunidades para ofrecer a otros la posibilidad de conseguir también la vida eterna.

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ALGO POR LO CUAL VALE LA PENA TESTIFICAR

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional” (Romanos 12:1).

Jesús me pide que lo dé todo por Él (Lc. 9:23). Pero ¿qué me ha dado Él a mí (ver Jn. 1:12; 10:10; 14:27; 1Co. 1:30)?

• Me hace hijo de Dios.
• Me da vida.
• Me da paz.
• Me da sabiduría.
• Me justifica.
• Me santifica.
• Me redime.

Al darme cuenta de lo que Cristo ha hecho por mí, estaré dispuesto a poner todo sobre el altar del sacrificio –sin importar el esfuerzo que esto me cueste– y compartir con otros las maravillas que Jesús ha hecho por mí y en mí.

Nota de EGW: “Debemos ser testigos de Cristo; y lo lograremos al crecer diariamente hasta la plena estatura de hombres y mujeres en Cristo. Es nuestro privilegio crecer más y más cada día a su semejanza. Entonces adquiriremos la facultad de expresar nuestro amor por él en un lenguaje más elevado y puro, y nuestras ideas se ampliarán y profundizarán, y nuestro juicio llegará a ser más sano y digno de confianza, mientras nuestro testimonio tendrá más vida y seguridad” (Hijos e hijas de Dios, 6 de marzo).

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