Descanso en Cristo – Libres para descansar

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Versículo para memorizar: Salmos 27:1. “Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?”

¿De qué necesito liberarme para poder descansar? ¿Cuáles son las causas de las enfermedades físicas, mentales o espirituales? ¿Puede enfermar alguien que sigue escrupulosamente las pautas de salud y lleva una vida sana? ¿Puede un cristiano estar desanimado, deprimido o ansioso? A través de dos ejemplos bíblicos, buscaremos respuestas a estas preguntas.

DESCANSO CURATIVO

“Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro” (Marcos 2:3)

Una vida de pecado había llevado a este hombre a una parálisis incurable. Está claro que la causa de muchas enfermedades se encuentra en la transgresión de las leyes divinas, especialmente las de la salud. Sin embargo, esta visión puede limitar nuestra comprensión de la enfermedad. Desde que el pecado entró en el mundo, causa enfermedad. Puedes sufrir un cáncer de pulmón sin haber fumado nunca. ¿Por qué? Por el mal que reina en este mundo. El paralítico sufría por su propio pecado, pero tenía dos cosas a su favor: amigos que se preocupaban por él; y un Salvador que siempre tiene tiempo para dar descanso al necesitado.

TRATAMIENTO DESDE LA RAÍZ

“Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados” (Marcos 2:5).

Jesús fue directo a la raíz del problema. La parálisis solo era un síntoma. El origen estaba en el interior. Necesitaba ser perdonado y liberarse de la culpa. Una vez que obtuvo el perdón y, con él, el descanso espiritual que necesitaba, su enfermedad era tan solo una molestia llevadera. Sin embargo, Jesús decidió liberarle también de la enfermedad. Nuestro Salvador nos asegura que podemos descansar en la seguridad de su amor, su gracia y su perdón ahora mismo, incluso en medio de nuestro sufrimiento.

HUIR

“Viendo, pues, el peligro, se levantó y se fue para salvar su vida, y vino a Beerseba, que está en Judá, y dejó allí a su criado” (1ª de Reyes 19:3).

Cientos de profetas falsos no atemorizaron a Elías. Sin embargo, la amenaza de Jezabel le hizo entrar en pánico. Dominado por el miedo huye sin rumbo fijo. Cruza el territorio de Israel y de Judá, y aún no se siente seguro. ¿Falta de fe? No, su fe seguía firme (1R. 19:10). Había estado sometido a una fuerte presión, y el decreto de muerte quebró sus fuerzas. En este estado, no podía pensar con claridad. Necesitaba descanso, pero no sabía dónde o cómo encontrarlo. Simplemente, huía. El caso de Elías nos enseña a no juzgar al que cae en el desánimo o la depresión. Al contrario, apóyale, escúchale y anímale.

DEMASIADO CANSADO PARA CORRER

“Y él se fue por el desierto un día de camino, y vino y se sentó debajo de un enebro; y deseando morirse, dijo: Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres” (1ª Reyes 19:4).

Abandonado a pensamientos negativos, Elías se dio cuenta de lo que su huida significaba para el pueblo de Israel. Tal vez había arruinado la reforma que se estaba produciendo, tal vez había defraudado a Dios, tal vez… sería mejor estar muerto. Pero por fin ha dejado de huir, por fin se ha parado a reflexionar. Su oración es corta (1R. 19:4), pero es la oportunidad de Dios para intervenir. Tal vez no podamos sentir a Dios, o nos veamos indignos de su atención, pero Dios está allí, a nuestro lado, mirándonos con amor y ternura.

“El SEÑOR está cerca de los quebrantados de corazón, y salva a los de espíritu abatido” (Salmo 34:18 NVI)

DESCANSO Y MÁS

“Y echándose debajo del enebro, se quedó dormido; y he aquí luego un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come” (1ª de Reyes 19:5).

Antes de obtener el descanso espiritual, Elías necesitaba descanso físico: comer y dormir. Ahora estaba preparado para su encuentro con Dios. Dios dirige ahora sus pasos, le hace reflexionar y, en la tranquilidad de un silbo apacible, le encomienda nuevas tareas a realizar (1R. 19:11-18). Su vida no acababa debajo de un enebro. Aún haría descender de nuevo fuego del cielo, aún tenía que buscar a los 7.000 que buscaban la reforma espiritual de Israel, aún había nuevas amistades que realizar. ¿El final? ¡Un carro de fuego y un viaje directo al Cielo! Cuanto más oscura veamos nuestra vida, tanto más debemos acudir a Dios para encontrar descanso.

Nota de EGW: “A todos nos tocan a veces momentos de intensa desilusión y profundo desaliento, días en que nos embarga la tristeza y es difícil creer que Dios sigue siendo el bondadoso benefactor de sus hijos terrenales; días en que las dificultades acosan al alma, en que la muerte parece preferible a la vida. Entonces es cuando muchos pierden su confianza en Dios y caen en la esclavitud de la duda y la servidumbre de la incredulidad. Si en tales momentos pudiésemos discernir con percepción espiritual el significado de las providencias de Dios, veríamos ángeles que procuran salvarnos de nosotros mismos y luchan para asentar nuestros pies en un fundamento más firme que las colinas eternas; y nuestro ser se compenetraría de una nueva fe y una nueva vida” (Profetas y reyes, pg. 119).

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