Descanso en Cristo – El descanso, las relaciones y la salud

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Versículo para memorizar: Génesis 45:5. “Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros”.

Tras la liberación del copero, José pasó dos años más en prisión. Cuando Faraón tuvo sueños extraños, el copero se acordó del joven José y contó a Faraón cómo había interpretado correctamente su sueño y el del panadero. José no se atribuyó la capacidad de interpretar sueños, sino que le dio toda la gloria a Dios: “No está en mí; Dios será el que dé respuesta propicia a Faraón” (Génesis 41:16). No se limitó a interpretar el sueño como 7 años de abundancia seguidos por 7 años de hambre, sino que propuso las acciones que debían seguirse para evitar los años de hambre. Faraón lo promovió a primer ministro y lo casó con Asenat, con la que tuvo dos hijos: Manasés y Efraín. La historia de José no acabó cuando alcanzó una vida de éxito como primer ministro de Egipto. Al comenzar el primer año de hambre, José enfrentó su pasado. Sus hermanos estaban delante de él, pero en circunstancias totalmente distintas de la última vez en que se habían encontrado. En sus manos estaban el castigo y el perdón. ¿Cuál elegiría? ¿Cuál fue la base de su decisión?

ENFRENTAR EL PASADO

“Todos nosotros somos hijos de un varón; somos hombres honrados; tus siervos nunca fueron espías” (Génesis 42:11).

No, espías no eran. Pero José los recordaba como llenos de celos, envidiosos, asesinos y fratricidas. ¿Habían obrado con su hermano Benjamín como habían obrado con él? ¿Cómo estaban tratando a su padre, ya anciano? Entre los principios bíblicos que regían la vida de José estaba la preocupación por los débiles o desvalidos (Éx. 22:21-23; Lv. 19:14, 32). El abuso dentro de la familia es más grave, ya que se tiende a silenciarlo. En ningún caso debe tolerarse ningún tipo de abuso físico, sexual o emocional. Afortunadamente, su padre y su hermano se encontraban bien (Gn. 42:13). La situación había cambiado.

PREPARACIÓN DEL TERRENO

“Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia” (Génesis 42:21).

José ya había perdonado a sus hermanos. Su historia habría sido distinta si se hubiese dejado llevar por el odio y el resentimiento. Sin embargo, no estaba dispuesto a retomar sus relaciones familiares arriesgándose a sufrir nuevos abusos por parte de sus hermanos. Ignorando que José podía entenderles, los hermanos abrieron su corazón y mostraron su remordimiento.
¡21 años de remordimientos! Varias pruebas más acabaron con las dudas de José. A pesar del claro favoritismo mostrado hacia Benjamín, ninguno de sus hermanos demostró celos o envidia por él, sino que incluso lo protegieron (Gn. 43:34; 44:33-34).

¿PERDONAR Y OLVIDAR?

“Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete?” (Mateo 18:21).

¿Y si sus hermanos no hubiesen cambiado ni se hubiesen arrepentido? ¿Debería perdonarlos igualmente? El perdón auténtico opta por perdonar a los demás, aunque no lo merecen, porque el amor perdonador de Dios llega a nosotros cuando no lo merecemos. Perdonamos porque Dios nos perdonó (Romanos 4:7). Perdonar nos libera de la amargura, deja atrás el pasado, y nos ayuda a seguir adelante con amor y aceptación.

CÓMO PONERLO EN PRÁCTICA

“Pero a vosotros los que oís, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen, y orad por los que os calumnian” (Lucas 6:27-28).

Cuando alguien nos causa daño sentimos dolor. En ocasiones, las heridas pueden ser devastadoras. Podemos quedar destrozados, amargados y airados. ¿Debo guardar todo ese odio y amargura hasta que el ofensor me pida perdón? El perdón es decisión mía, no del otro. Podemos acudir a Dios con nuestro enojo, incluso pedirle que nos vengue por nuestra ofensa (Sal. 59:12-13; 69:23-24). Cuando hayamos depositado nuestro rencor sobre Dios solo hay un camino: el perdón. En la Cruz, Jesús nos dio el máximo ejemplo, al pedir a Dios por sus verdugos:

“Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34).

CÓMO HALLAR DESCANSO DESPUÉS DEL PERDÓN

“Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo” (Génesis 50:20).

Finalmente, llegó la reconciliación familiar (Gn. 46:29). Todo parecía perfecto, pero el tiempo mostró que todavía quedaban algunas heridas por curar. A la muerte de Jacob, los remordimientos y el temor volvieron al corazón de los hermanos de José. ¿Habrá sido sincero el perdón de nuestro hermano? (Gn 50:15) ¿Cuántas veces debo perdonar la misma ofensa? Todas las que sean necesarias, hasta que la herida sane. El perdón de José no se basaba en sus propios sentimientos, sino en sus principios. Perdonó como Dios le había perdonado a él. Era consciente del plan de Dios para su vida (Gn. 50:50). En el plan de Dios para nuestra vida no hay lugar para el rencor.

Nota de EGW: “Dios nos manda que manifestemos hacia otros la compasión que él manifiesta hacia nosotros. Contemplen el impulsivo, el engreído y el vengativo al Ser humilde y manso llevado como cordero al matadero, mudo como la oveja ante los que la esquilan. Contemplen a Aquel a quien han traspasado nuestros pecados y abrumado nuestras penas, y aprenderán a soportar, tolerar y perdonar” (La educación, pg. 232).

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