Versículo para memorizar. 1ª Tesalonicenses 2;13. “Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la
palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.”
“Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, LA PALABRA DE DIOS, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1ª de Tesalonicenses 2:13) La Biblia fue escrita por personas humanas. Sin embargo, decimos de ella que es la Palabra de Dios, ¿por qué? ¿Qué dice la Biblia de sí misma? ¿Cuál fue el proceso a través del cual fue escrita? A partir de este conocimiento, ¿cómo debemos interpretarla?
LA REVELACIÓN DIVINA DE LA BIBLIA
“porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo” (2ª de Pedro 1:21).
Los autores bíblicos aseguran escribir “lo que el Espíritu dice”, y no sus propios pensamientos (Apocalipsis 2:7). Ellos son el medio por el cual Dios da a conocer sus planes para nosotros (Amós 3:7). Dios se nos revela a través de los escritores bíblicos. Los consejos e instrucciones dados en la Biblia son de origen divino y, por tanto, confiables y veraces. La Biblia es “útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2ª de Timoteo 3:16). Leyendo la Biblia aprendemos a vivir como Dios desea que vivamos.
EL PROCESO DE LA INSPIRACIÓN
“Toda la Escritura es inspirada por Dios” (2ª de Timoteo 3:16).
El hecho de que el Espíritu Santo haya inspirado a los autores bíblicos es la razón por la cual existe una armonía perfecta de pensamiento desde el Génesis hasta el Apocalipsis. Pero la forma en que estos autores fueron inspirados no siempre fue la misma.
• Inspiración directa: Dios habla y el profeta escribe. (Dt. 18:18; Ez. 13:18; Ap. 14:13).
• Inspiración de pensamiento: El autor expresa con sus propias palabras lo que Dios le ha revelado. (p.e. Proverbios).
• Inspiración selectiva: El autor investiga y el Espíritu le guía en la selección del material. (Lucas 1:3).
Esto hace de la Biblia un libro variado, en el que cada autor expresa la verdad divina de una manera diferente.
Nota de EGW: “Las Escrituras fueron dadas a los hombres, no en una cadena continua de declaraciones ininterrumpidas, sino parte tras parte a través de generaciones sucesivas, a medida que Dios en su providencia veía una oportunidad adecuada para impresionar a los hombres en varios tiempos y en diversos lugares. Los hombres escribieron a medida que fueron movidos por el Espíritu Santo”. (Mensajes selectos, tomo 1, pg. 22).
LA PALABRA ESCRITA DE DIOS
“Así habló Jehová Dios de Israel, diciendo: Escríbete en un libro todas las palabras que te he hablado” (Jeremías 30:2).
¿Por qué quiso Dios que se escribiesen sus palabras? ¿Qué ventajas tienen las palabras al quedar registradas por escrito?
• Lo que se lee se tarda más en olvidar.
• Puede ser repasado y memorizado.
• Puede ser conservado.
• Puede ser copiado muchas veces.
• Es accesible a muchas personas.
• Puede ser leído en lugares muy distantes.
• Perdura en el tiempo, por lo que puede ser leído por generaciones futuras.
• Incluso los que no saben leer pueden ser beneficiados cuando otra persona lo lee en voz alta.
Gracias a la iniciativa divina de dejar por escrito Su voluntad, hoy podemos conocerla y obedecerla.
EL PARALELISMO ENTRE CRISTO Y LA ESCRITURA
“En el principio ya existía la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios” (Juan 1:1 DHHe).
Juan nos presenta a Jesús como la Palabra encarnada de Dios. Esto crea un paralelo entre Cristo y la Biblia.
• Ambos son de origen sobrenatural.
• Ambos combinan lo divino con lo humano.
• La obra de ambos abarca a toda la humanidad.
• Ambos surgieron en un momento específico y en una cultura determinada, pero su obra no está condicionada por el tiempo ni el lugar.
• Ambos descienden al nivel humano para que su mensaje sea claramente entendido.
Por supuesto, también existen diferencias. La Biblia no es una encarnación de Dios ni puede recibir nuestra adoración, sino que ella es la que da testimonio de Jesús (Juan 5:39).
CÓMO INTERPRETAR LA BIBLIA CON FE
“entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada” (2ª de Pedro 1:20).
La Biblia no puede ser estudiada o interpretada como se estudia cualquier otro libro. La Alta Crítica, por ejemplo, intentó interpretar la Biblia usando parámetros lingüísticos, y despojándola de todo elemento sobrenatural. ¿Cómo, pues, debemos interpretar la Biblia? Ante todo, debemos acercarnos a ella como lo que es: la Palabra de Dios. Para ello, es necesaria la fe (Hebreos 11:6). Debemos dejar que el Espíritu Santo, que inspiró a sus autores, nos inspire también a nosotros cuando la leamos. Por ello, la lectura de la Biblia debe ir siempre precedida por la oración, pidiendo la inspiración del Espíritu para su correcta comprensión.
Las Sagradas Escrituras, que abarcan el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento, constituyen la Palabra de Dios escrita, transmitida por inspiración divina. Los autores inspirados hablaron y escribieron impulsados por el Espíritu Santo. Por medio de esta Palabra, Dios comunica a los seres humanos el conocimiento necesario para alcanzar la salvación. Las Sagradas Escrituras son la revelación suprema, autoritativa e infalible de la voluntad divina. Son la norma del carácter, el criterio para evaluar la experiencia, la revelación definitiva de las doctrinas, un registro fidedigno de los actos de Dios realizados en el curso de la historia (Sal. 119:105; Prov. 30:5, 6; Isa. 8:20; Juan 17:17; 1 Tes. 2:13; 2 Tim. 3:16, 17; Heb. 4:12; 2 Ped. 1:20, 21).
Nota de EGW: “El conocimiento de la verdad depende no tanto de la fuerza intelectual como de la pureza de propósito, la sencillez de una fe ferviente y confiada. Los ángeles de Dios se acercan a los que con humildad de corazón buscan la dirección divina. Se les da el Espíritu Santo para abrirles los ricos tesoros de la verdad”. (Palabras de vida del gran Maestro, pg. 39).
