La educación – Jesús como el gran Maestro

Versículo para memorizar. 2 Corintios 4:6. “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo”.

Jesús es el mejor maestro que jamás ha existido. Pero ¿quién es Jesús? El que nos enseña cómo es Dios [“El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9)]; el que nos dio un ejemplo de cómo quiere que vivamos [“Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13:15)]; el que pagó por nuestros pecados, reconciliándonos así con Dios [“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados” (2ª de Corintios 5:19)]. Sin lugar a duda, Jesús es el Gran Maestro al que debemos toda nuestra adoración.

REVELAR AL PADRE

“Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: ¿Muéstranos el Padre?” (Juan 14:9).

Hebreos 1:1-3 nos describe cómo, después del pecado, Dios ya no podía hablar cara a cara con el hombre. Por eso, se reveló a través de los profetas (v. 1). Pero esta revelación era imperfecta. Solo Jesús puede revelar perfectamente a Dios (v. 2), porque Él es (v. 3):

• El resplandor de su gloria.
• La imagen misma de su sustancia.
• El que sustenta todas las cosas.
• El que ha efectuado la purificación de nuestros pecados.
• El que se ha sentado a la diestra de Dios.

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Jesús vino para mostrarnos la verdad acerca de Dios, y mostrarnos “la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2ª de Corintios 4:6).

Jesús revelaba la gloria y el carácter del Padre de manera que las personas podían ver en él a Dios. De la misma forma que Jesús es la imagen de Dios (Hebreos 1:3), nosotros somos transformados a la imagen de Jesús (Romanos 8:29) para revelar al mundo la gloria y el carácter del Padre. Al igual que Jesús es luz del mundo (Juan 8:12), nosotros somos hechos luces (Mateo 5:14) para iluminar al mundo con el conocimiento de su carácter. Cuanto más tiempo pasemos con Jesús más podremos reflejar su gloria, ya que “mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen” (2ª de Corintios 3:18).

CÓMO LEER LA MENTE DEL GRAN MAESTRO

“Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13:15).

Para seguir el ejemplo de Jesús, debemos conocer cómo era Él y cómo se comportó cuando caminó entre nosotros. En Filipenses 2:3-11, Pablo describe magistralmente cuál es el carácter y la actitud de Jesús, y cómo debemos imitarle.

• Humilde (ver Mateo 11:29; Isaías 66:2).
• Obediente (ver Lucas 22:42; Mateo 7:21).
• Servicial (ver Marcos 10:56; 3ª de Juan 1:5).

La gran obra de educación y salvación de Dios no se logra mediante la autoexaltación, sino humillándonos ante Dios, obedeciéndole, y sirviendo a los demás.

EL GRAN MAESTRO Y LA RECONCILIACIÓN

“Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación” (2ª de Corintios 5:19).

El pecado ha creado una brecha de separación entre Dios y la humanidad. Para nosotros es imposible salvar esa brecha. Es más, como pecadores ni siquiera deseamos salvarla. Es Dios quien toma la iniciativa. En la ofrenda de su Hijo ofrece el medio para reconciliarnos con Él, y pone en nosotros el deseo de arrepentirnos (Romanos 2:4). Jesús, el Creador y Sustentador de la vida, nos redimió en la cruz. Perdonándonos nuestros pecados, nos reconcilia con Dios y nos hace partícipes de la obra de reconciliación en nuestra propia esfera (Colosenses 1:15-20).

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LOS PRIMEROS ALUMNOS DEL GRAN MAESTRO

“El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza” (Apocalipsis 5:12).

Desde el momento de su encarnación, los hombres fueron llamados a adorar a Jesús. Un grupo de ángeles –como brillante estrella– vino a anunciar la llegada del Salvador, el Mesías, el Rey de reyes. Este anuncio fue escuchado en las colinas de Belén y visto desde la lejana Mesopotamia. Al recibir la noticia, los pastores corrieron al pesebre y reconocieron al Salvador en el niño recién nacido, adoraron, y salieron a compartir con todos, su hallazgo (Lucas 2:8-20). Por su parte, los magos de oriente reconocieron en la estrella angelical el cumplimiento de las profecías que anunciaban al Salvador y se dispusieron a partir a su encuentro. Al hallarlo, lo adoraron y le ofrecieron presentes (Mateo 2:1-12). Al igual que ellos, nosotros somos llamados a adorar a Cristo (Apocalipsis 5:13).

Nota de EGW: “La obra del amado Hijo de Dios al emprender en su propia persona la unión de lo creado con lo no creado, lo finito con lo Infinito, es un tema que bien podría ocupar nuestros pensamientos durante toda la vida. Esta obra de Cristo debía confirmar en su inocencia y lealtad a los seres de otros mundos, así como salvar a los perdidos y moribundos de este mundo. Esto abrió un camino para que los desobedientes volvieran a su lealtad a Dios, mientras que por el mismo acto colocó una salvaguardia alrededor de los que ya eran puros para que no se contaminaran” (Mensajes para los jóvenes, pg. 179).

 

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