Isaías: “Consolaos, pueblo mío” – Crisis de identidad

Versículo para memorizar: Isaías 1:18. “Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana”.

Isaías, hijo de Amoz y perteneciente al linaje real, fue llamado al oficio profético siendo joven, hacia fines del reinado de Uzías (790-739 a. C.), durante la corregencia de Jotam (aprox. entre 750-739 a. C.) Su ministerio continuó por lo menos durante 60 años, y abarcó los reinados de Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías. El libro de Isaías comienza con una declaración de crisis de identidad en el pueblo de Dios, un llamado al cambio y un ofrecimiento de perdón por parte de Dios.

OÍD, CIELOS (ISA. 1:1–9)

“El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, mi pueblo no tiene conocimiento” (Isaías 1:3).

2ª de Reyes 15-20 y 2ª de Crónicas 26-32 contienen el periodo histórico en el cual se desarrolló el ministerio de Isaías. A finales del reinado de Uzías, Dios hace una proclamación, poniendo a los cielos y a la tierra por testigos (v. 2-4): Israel había olvidado quién era su Señor, había perdido su identidad. Como consecuencia de falta de comunión con Dios, estaban sufriendo graves pérdidas (v. 5-8). Pero todavía quedaba un remanente fiel (v. 9).

RITUALISMO PUTREFACTO (ISA. 1:10-17)

“No me traigáis más vana ofrenda; el incienso me es abominación; novilunios y sábados, el convocar asamblea, no lo puedo sufrir; son iniquidad vuestras fiestas solemnes” (Isaías 1:13).

¿Cómo podía ser pecado (iniquidad) algo que Dios había ordenado? Mientras ofrecían sacrificios dando una apariencia de piedad, y oraban levantando sus manos a Dios, esas manos estaban llenas de sangre (v. 16) por la violencia y la injusticia contra los débiles (v. 17). Sus rituales no estaban acompañados de arrepentimiento. Estaban vacíos, Dios los consideraba pecado. Este error se repitió otras veces en el pueblo de Dios (Mt. 23:23-28). Examinémonos a nosotros mismos para no caer en el mismo error que ellos.

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EL ARGUMENTO DEL PERDÓN (ISA. 1:18)

“Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana” (Isaías 1:18).

Dios ofrece cambiar el rojo de la sangre que cubría las manos de los israelitas por el blanco de Su pureza. Quiere perdonar nuestro pecado y purificar nuestro corazón. Solo nos pide que vayamos a Él con la intención de arreglar nuestras cuentas (arrepentimiento). El perdón viene acompañado por un cambio de corazón (Jeremías 31:31-34). Cuando reconocemos nuestra necesidad de perdón, estamos listos para aceptar todo lo que Dios tiene para darnos.

COMER O SER CONSUMIDO (ISA. 1:19–31)

“Si quisiereis y oyereis, comeréis el bien de la tierra” (Isaías 1:19).

Isaías 1 muestra un ofrecimiento de pacto similar a otros pactos realizados con anterioridad y comunes en aquel tiempo:

• Relato de lo que Dios ha hecho.
• Condiciones del pacto.
• Referencia a testigos.
• Bendiciones y maldiciones.

Por mucho que hayamos pecado o por muy lejos que nos hayamos apartado de Dios, no hay límite para la gracia divina. Él siempre está dispuesto a perdonarnos. Dios propone la solución, la decisión es nuestra (Dt. 30:19).

v. 19. Si queréis y obedecéis; Comeréis del bien.
v. 20. Si no queréis y os rebeláis; Seréis consumidos.

EL FATÍDICO CANTO DE AMOR (ISA. 5:1–7)

“Os mostraré, pues, ahora lo que haré yo a mi viña: Le quitaré su vallado, y será consumida; aportillaré su cerca, y será hollada” (Isaías 5:5).

“¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?” (v. 4). Aunque el perdón de Dios no tiene límite, nosotros podemos limitarlo al rechazarlo hasta llegar a un punto sin retorno: el pecado contra el Espíritu Santo (Mt. 12:31-32; Heb. 6:4-6). Dejar de oír las súplicas del Espíritu es un punto al que es difícil de llegar. La paciencia divina no se cansa (2P. 3:9). Su llamado es continuo. Dios hará todo lo posible para que no traspasemos ese punto. Solo nuestra terca decisión de no querer escucharlo puede hacer que nuestra alma “quede desierta” (v. 6).

Nota de EGW: “Debemos dar a Dios todo el corazón, o no se realizará el cambio que se ha de efectuar en nosotros, por el cual hemos de ser transformados conforme a la semejanza divina” (El camino a Cristo, pg. 43).
“La confesión no es aceptable para Dios si no va acompañada por un arrepentimiento sincero y una reforma. Debe haber cambios decididos en la vida; todo lo que ofenda a Dios debe dejarse. Tal será el resultado de una verdadera tristeza por el pecado” (El camino a Cristo, pg. 39).