Hacer amigos para Dios – Ministrar como Jesús

Versículo para memorizar. Mateo 9:36. “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”

Jesús no se limitaba a predicar el reino de los Cielos. Él se sentaba con las personas, las escuchaba y las trataba con bondad. Procuraba satisfacer tanto las necesidades temporales como las eternas. En la forma en la que Él ministraba a los demás encontramos el ejemplo que debemos imitar.

LA ACTITUD DE JESÚS HACIA LAS PERSONAS

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12).

Jesús vino a este mundo para iluminar las tinieblas del pecado ofreciendo la luz de la salvación (Juan 1:4-5; 3:19-21). Para conseguirlo, se mezcló con la humanidad y “anduvo haciendo bienes y sanando a todos” (Hechos 10:38). Él mismo nos invita a imitar su ejemplo en dos aspectos (Mateo 5:13-14):

• Ser sal. La sal debe mezclarse con los alimentos para ser efectiva y realzar su sabor. Debemos estar en el mundo para impregnarlo del evangelio (Juan 17:15-18).
• Ser luz. La luz debe penetrar en la oscuridad de vecindarios, aldeas, pueblos y ciudades para iluminarlos con la gloria de Dios (Filipenses 2:15).

CÓMO TRATABA JESÚS A LAS PERSONAS

“Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno” (Colosenses 4:6).

Jesús buscaba lo bueno que había en las personas y se lo hacía saber (Mateo 8:10; Marcos 12:34). De este modo, sus corazones quedaban abiertos para escuchar y aceptar las palabras de Jesús. Jesús fue tan compasivo que tuvo cuidado de no herir innecesariamente a alguien que acababa de llegar a la fe ni apagar aún las brasas más pequeñas de fe en sus corazones (Isaías 42:3). Debemos buscar lo bueno en las personas que nos rodean y hacerles saber que las apreciamos. De este modo, seremos una influencia positiva en sus vidas.

EL MINISTERIO SANADOR DE JESÚS

“Y sucedió que le trajeron un paralítico, tendido sobre una cama; y al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Ten ánimo, hijo; tus pecados te son perdonados” (Mateo 9:2).

Jesús reconocía las necesidades de las personas y las restauraba física, mental, emocional y espiritualmente. Resolvía sus problemas y les invitaba a buscar la vida eterna: “tus pecados te son perdonados”; “tu fe te ha salvado”; “vete, y no peques más” (Mateo 9:2; Lucas 8:48; Juan 8:11). Debemos preocuparnos por las necesidades de los demás y tratar, en la medida de nuestras posibilidades, de aliviarlas. De esta forma, abrimos una puerta que nos permitirá mostrarles la forma de aliviar la necesidad más grande que tienen (aunque no lo sepan): la liberación del pecado y la obtención de la vida eterna, es decir, Jesús.

“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo” (Mateo 9:35).

El ministerio de Jesús tenía tres enfoques:

• Enseñar. Instruir a pequeños grupos acerca de las verdades del Reino.
• Predicar. Hablar a las multitudes acerca del amor de Dios y su plan de Redención.
• Sanar. Liberar a las personas de sus problemas temporales de salud.

¿Cuál de estas facetas era más importante para Jesús? (Marcos 1:38).
Él vino a este mundo “a buscar y a salvar lo que se había perdido” (Lucas 19:10). Para ello, debía predicar la salvación e instruir a otros para hacerlo. Además, cada acto de curación fue una oportunidad para revelar el carácter de Dios y proporcionar una oportunidad para la vida eterna.

LO QUE LE IMPORTA A JESÚS

“Más yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová” (Jeremías 30:17a).

Repetidamente, a través de los profetas, Dios ha hablado de una enfermedad incurable del hombre: el pecado (Isaías 1:5; Jeremías 30:12). Lo que le importa a Jesús es que todos sean sanados de esa terrible enfermedad, y que aquellos que son sanados se involucren en la tarea de ofrecer sanidad a otros. Al hablar del fin del mundo, Jesús presentó tres parábolas (Mateo 25). En ellas nos insta a estar llenos del Espíritu Santo y a usar fielmente los dones que nos ha dado. En la última, muestra el carácter del verdadero cristiano. Aquellos que vivan egoístamente para sí mismos, serán rechazados. Pero los que vivan para servir a los demás serán recibidos por Él.

Nota de EGW: “Debemos revelar tiernamente a otros la gracia de Cristo que nos ha sido manifestada. El alma se llenará de una gran ternura y compasión por seres humanos que todavía están bajo el control de Satanás. Cristo se multiplicará en cada hombre y mujer que cree en él, porque habrán de vivir nuevamente la vida de Cristo al bendecir, iluminar y brindar esperanza, paz y gozo a otros corazones”. (Dios nos cuida, 20 de mayo).

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