Hacer amigos para Dios – Desarrollar una actitud ganadora

Versículo para memorizar. 1 Pedro 2:15. “Sino santificad a Dios el Señor en vuestros corazones, y estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros”

Jesús mostró respeto a todas las personas con las que entró en contacto y las trató con la dignidad que merecían. Influía en ellas con el objetivo de que alcanzaran el Reino de Dios. Siguiendo el ejemplo de Jesús y las enseñanzas de los apóstoles encontraremos las pautas que nos ayudarán a hacerlo.

RECEPTIVIDAD AL EVANGELIO

“Y le era necesario pasar por Samaria” (Juan 4:4).

Había otras rutas para que un grupo de judíos subiese de Jerusalén a Galilea sin necesidad de atravesar Samaria. ¿Por qué, entonces, le era necesario a Jesús atravesar la región de Samaria?
Los samaritanos abrazaban una mezcla de verdad y error. Por esa razón no se les había permitido colaborar con el pueblo de Israel para construir el Templo (Esdras 4:1-4). Para los discípulos, era inútil predicar en ese terreno hostil. Sin embargo, el Espíritu Santo había preparado entre los samaritanos de Sicar corazones receptivos al mensaje. Por esa razón, Jesús necesitaba sembrar la verdad en ese lugar. Siembra que dio sus primicias y, con el tiempo, una cosecha abundante (Juan 4:39-41; Hechos 8:5-25).

ACTITUD CORRECTA

“Esta ha hecho lo que podía; porque se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura” (Marcos 14:8).

Una actitud severa y crítica alejará a las personas y evitará que escuchen nuestro testimonio. Por el contrario, unas palabras de felicitación reafirmarán a la persona y le ayudarán a que su fe se desarrolle y crezca. Mateo 15:21-28 nos muestra el relato de una mujer cananea que acudió a Jesús con un pedido insistente, negándose a aceptar un “no” por respuesta. Jesús la felicitó ante sus discípulos al decirle: “Grande es tu fe”. En otra ocasión, cuando María fue duramente criticada, Jesús le defendió felicitándola también por su gesto: “se ha anticipado a ungir mi cuerpo para la sepultura” (Marcos 14:8).

PRESENTAR LA VERDAD CON AMOR

“Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás” (2ª de Tesalonicenses 1:3).

El propósito de Pablo al escribir sus cartas era el de animar y fortalecer a las iglesias. Aunque en ocasiones tenía que reprender duramente el error, no lo hacía sin antes resaltar lo positivo que veía en la iglesia, y en los hermanos que la componían. Qué importante es que tengamos el hábito de buscar lo bueno en las personas. De esta forma, profundizaremos los lazos de amistad y las atraeremos a Cristo.

EL FUNDAMENTO DE LA ACEPTACIÓN

“Por tanto, recibíos los unos a los otros, como también Cristo nos recibió, para gloria de Dios” (Romanos 15:7).

¿Quién nos conoce mejor que Cristo? No solo conoce lo bueno, sino también lo malo de nosotros. Y a pesar de ello, nos acepta, nos perdona y nos ama. No hay ningún mérito en nosotros, pero, por Su bondad, nos acepta. ¿No deberíamos nosotros tener esa misma actitud hacia los demás? Debemos aceptar a las personas, no por lo buenas o malas que sean, sino porque Cristo nos aceptó a nosotros (que, tal vez, somos peores que ellas). Una actitud de aceptación y amor hacia los demás puede abrir sus corazones y cambiar sus vidas para bien.

VERDAD PRESENTADA CON AMOR

“Estad siempre preparados para responder a todo el que os pida razón de la esperanza que hay en vosotros. Pero hacedlo con gentileza y respeto” (1ª de Pedro 3:15-16 NVI).

La verdad, enseñada sin amor, conduce a un legalismo acusador o a una fría tolerancia. La verdad, enseñada con amor, subyuga el corazón y conduce a una relación salvadora con Jesús. Debemos estar preparados para defender aquello en que creemos. Pero siempre debemos hacerlo con humildad, respeto y amor. Mostremos a los demás el mismo amor que Cristo ha mostrado con nosotros. Pidamos al Espíritu Santo que nos conduzca a personas con corazón receptivo, resaltemos lo bueno que vemos en ellas, aceptémoslas sin criticarlas, y enseñémosles con amor.

Nota de EGW: “Cuando nuestro carácter no conocía el amor y éramos “aborrecibles” y nos aborrecíamos “unos a otros”, nuestro Padre celestial tuvo compasión de nosotros… Si recibimos su amor, nos hará igualmente tiernos y bondadosos, no sólo con quienes nos agradan, sino también con los más defectuosos, errantes y pecaminosos…Aun los pecadores cuyos corazones no estén herméticamente cerrados al Espíritu de Dios responden a la bondad. Así como pueden responder al odio con el odio, también corresponderán al amor con el amor. Solamente el Espíritu de Dios devuelve el amor por odio. El ser bondadoso con los ingratos y los malos, el hacer lo bueno sin esperar recompensa, es la insignia de la realeza del cielo, la señal segura mediante la cual los hijos del Altísimo revelan su elevada vocación” (El discurso maestro de Jesucristo, pg. 65).

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