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Versículo para memorizar. Apoc. 4:11. “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas”.
Desde nuestro punto de vista actual, y conociendo ya la historia de Job, tenemos dos ventajas: Una, que sabemos el final de la historia, y otra, que conocemos el trasfondo de la historia, es decir, el conflicto cósmico que se revela detrás de la escena. Es importante, ponernos en la situación de Job, ya que nos ayudará a comprender mejor la confusión, la ira y la tristeza por todo lo que le ocurrió.
PEREZCA EL DÍA.
“Perezca el día en que yo nací, Y la noche en que se dijo: Varón es concebido” (Job 3: 3).
¿Cómo expresa Job su dolor? Deseando no haber nacido. La vida es un don de Dios. Existimos porque Dios nos creó. ¿Cuál entonces debe ser nuestro recuerdo en nuestros peores momentos? Nuestros lamentos como los lamentos de Job son un eco de la antropología bíblica que arroja luz sobre la visión de la vida y la muerte. Aunque sólo sean lamentos, enfocando lo negativo y la muerte, también abren un camino a la comunicación con Dios. Si dirigimos a Dios aun nuestros lamentos más amargos, estamos en el lugar correcto, y Dios los acepta.
DESCANSO EN LA TUMBA.
“Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido” (Eclesiastés 9:5).
Solo podemos imaginar el terrible dolor que afronta el pobre Job. Por duro que debió de haber sido tener una salud deteriorada y que todas sus posesiones fueran destruidas, además, Job perdió a todos sus hijos.
Aquí en libro de Job, aparece una de las primeras expresiones de lo que llamamos “el estado de los muertos”. Todo lo que Job deseaba, en ese momento, era “descansar”. La vida, de repente, se había vuelto tan difícil, tan dura y tan dolorosa que anhelaba lo que él sabía que la muerte era: un descanso apacible en la tumba.
EL DOLOR DE OTROS.
“¡Oh, que pesasen justamente mi queja y mi tormento, y se alzasen igualmente en balanza! Porque pesarían ahora más que la arena del mar” (Job 6:2-3).
Esto nos da una idea de la manera en que percibía Job sus sufrimientos. Si todas las arenas del mar estuvieran de un lado de la balanza, y su “queja” y “tormento” del otro, sus sufrimientos pesarían mucho más que toda la arena. Así de real era para Job su dolor; y este era el dolor únicamente de Job, y de ningún otro. No podemos sentir el dolor de otro, no sufrimos en grupo, sólo somos capaces de sentir nuestro propio dolor. Sólo conocemos nuestra propia angustia. El sufrimiento humano se limita a cada persona individual. Y Como cristianos estamos llamados a ayudar a aliviar el dolor de otros cuando y donde podamos.
LA LANZADERA DEL TEJEDOR
“Y mis días fueron más veloces que la lanzadera del tejedor, Y fenecieron sin esperanza. Acuérdate que mi vida es un soplo, Y que mis ojos no volverán a ver el bien” (Job 7:6-7).
¿Quién no se ha lamentado alguna vez de los rápido que pasa la vida? Job también se lamenta. Nos dice que la vida es dura, llena de trabajo y dolor, y ¿luego? Morimos. Job, a quien la perspectiva de la muerte parecía ahora muy cercana, todavía lamentaba cuán breve era la existencia, más allá de lo miserable que haya sido en ese momento. Cuando la vida pasa rápido, y pensamos en la comprensión de la Caída, la muerte, y la promesa de la resurrección, esto nos ayudar a poner nuestra vida en la verdadera perspectiva.
¿MAH ENOSH? (¿QUÉ ES EL HOMBRE?)
“¿Qué es el hombre para que lo engrandezcas, Y para que pongas sobre él tu corazón, Y lo visites todas las mañanas, Y todos los momentos lo pruebes? (Job 7.17).
Sólo Job sabe lo que le ocurre a él y su alrededor, y no entiende nada. La pregunta ¿Qué es el hombre? Es la más importante cuestión que nos podemos hacer. ¿Cuál es nuestro propósito en la vida?
Nota de EGW: “Mientras Juan contemplaba la altura, la profundidad y la amplitud del amor del Padre hacia nuestra raza feneciente, se llenó de admiración y reverencia. No pudo encontrar las palabras adecuadas para expresar ese amor, sino que pide al mundo que lo contemple: ‘Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios’ (1 Juan 3:1). ¡Qué valor se le concede al hombre! Por la transgresión, los hijos de los hombres quedaron sujetos a Satanás; pero, por el infinito sacrificio de Cristo y la fe en su nombre, los hijos de Adán son hechos hijos de Dios. Al asumir la naturaleza humana, Cristo elevó a la humanidad” (TI 4:556).
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