Versículo para memorizar. Daniel 2:21. “Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos”.
Tan solo 23 años pasaron desde la muerte de Nabucodonosor (562 a.C.) hasta el día de la fiesta ofrecida por Belsasar (539 a.C.). La mayor parte de este periodo, Babilonia fue gobernada por Nabodino, casado con Nitocris, hija de Nabucodonosor (La reina mencionada en Daniel 5). Nabodino nombró corregente a su hijo Belsasar, dejándolo a cargo del gobierno de la ciudad de Babilonia. Arrogante como su abuelo Nabucodonosor, Belsasar se creía invencible, e hizo una gran fiesta mientras Babilonia estaba sitiada por los persas.
LA FIESTA DE BELSASAR
“Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra” (Daniel 5:4).
Alegre por el vino, Belsasar ordenó traer los vasos sagrados traídos del templo de Jerusalén. En su arrogancia, usó los elementos de culto al verdadero Dios para alabar a falsos dioses. Dado que los babilonios usaban el sistema sexagesimal, mencionar seis tipos de materiales implicaba la mención a todo el panteón de divinidades babilónicas. En el tiempo del fin, “Babilonia” usará también elementos de la religión verdadera [la copa de oro] para que el mundo acepte toda clase de mentiras [las abominaciones] (Apocalipsis 17:4-6).
UN VISITANTE NO INVITADO
“En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano de hombre, que escribía delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la mano que escribía” (Daniel 5:5).
La fiesta quedó interrumpida por la aparición sobrenatural de una mano escribiendo sobre la pared. Todos se llenaron de terror. Inmediatamente, Belsasar mandó llamar a los sabios de su reino. Pero buscaba la sabiduría en el lugar equivocado. Como premio, ofreció grandes dones:
• Vestimenta púrpura. Dignidad real.
• Cadena de oro. Autoridad.
• Tercero en el reino. Él mismo era el segundo, tras su padre Nabodino.
Al igual que en ocasiones anteriores (Daniel 2, 4), los sabios de este mundo fueron incapaces de interpretar el mensaje de Dios.
ENTRA LA REINA
“Llámese, pues, ahora a Daniel, y él te dará la interpretación” (Daniel 5:12).
La reina le recordó a Belsasar que, en su reino, había una persona excepcional:
• Posee el Espíritu Santo [“espíritu de los dioses santos”].
• Tiene luz, inteligencia y sabiduría superiores.
• Era jefe de los sabios.
• Puede interpretar sueños, descifrar enigmas y resolver dudas.
Daniel había trabajado para Belsasar, al menos, hasta su tercer año de reinado (Daniel 8:1, 27). Pero el rey no deseaba tener a su lado una persona fiel que perturbase su conciencia. La reina conocía bien la influencia que Daniel ejerció sobre su padre. Si había alguien en el reino que podía ayudar a Belsasar, era Daniel.
PESADO Y HALLADO FALTO
“Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo todo esto” (Daniel 5:22).
Daniel rechazó los regalos del rey. Su interpretación no estaría influida por los regalos. Antes de interpretar el escrito, mostró a Belsasar su verdadera condición:
• Conocía la experiencia de Nabucodonosor y cómo se había arrepentido cuando fue humillado por Dios. Pero no había querido seguir su ejemplo.
• Había querido humillar a Dios profanando los vasos sagrados.
• Había dado alabanza a sus dioses que ni ven, ni oyen, ni saben.
• Sabiendo que su vida dependía de Dios, no había querido honrarlo
Por estas razones, Dios había enviado un mensaje especial para él.
“Y la escritura que trazó es: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN” (Daniel 5:25).
“Contado, contado, pesado, dividido”. El mensaje, escrito en arameo, podía ser fácilmente leído, pero interpretarlo era otra cuestión.
• MENE [Contado]. Dios ha contado tu reino y le ha puesto fin.
• TEKEL [Pesado]. Se te ha pesado en balanza, y no has pasado el examen.
• UPARSIN [Dividido]. Tu reino se ha roto y se ha dado a los medos y a los persas.
Daniel no endulzó su mensaje. Belsasar había traspasado los límites. No hubo ningún cambio en el corazón del rey. Su sentencia se cumpliría esa misma noche.
LA CAÍDA DE BABILONIA
“La misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos. Y Darío de Media tomó el reino, siendo de sesenta y dos años” (Daniel 5:30-31).
Mientras Babilonia celebraba alegremente su día festivo, los persas cavaban un canal para desviar el curso del Éufrates. Atravesando las murallas por el lecho del río, accedieron con facilidad a las puertas del interior de la ciudad (sin vigilancia, a causa de la fiesta). En pocas horas, la ciudad había sido tomada, y Belsasar fue asesinado. Ciro se lanzó en persecución de Nabodino, dejando a Darío el medo como regente de la ciudad de Babilonia. La historia de Belsasar nos enseña a no desaprovechar las oportunidades que Dios, en su misericordia, nos ofrece para que aceptemos su salvación.
Nota de EGW: “Poco pensó Belsasar que un Vigilante invisible contemplaba su orgía idolátrica. Pero no hay nada que se diga o haga que no esté registrado en los libros del cielo. Los caracteres místicos trazados por la pálida mano testifican que Dios es testigo de todo lo que hacemos, y que es deshonrado por las francachelas y orgías. No podemos ocultar nada de Dios. No podemos escapar de nuestra responsabilidad ante él. Doquiera estemos y cualquier cosa que hagamos, somos responsables ante Aquel a quien pertenecemos por creación y redención” (La temperancia, pg. 44).
