Salvación solo por la fe – Libro de Romanos – Hijos de la promesa

Versículo para memorizar. Romanos 9:18. “De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece”.

Pablo sigue una línea argumentativa en la que intenta mostrar el derecho de Dios a escoger a aquellos a quienes él usará como sus “escogidos”. A fin de cuentas, Dios es quien tiene la responsabilidad final de evangelizar el mundo.

LA CARGA DE PABLO.

“Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo, que tengo gran tristeza y continuo dolor en mi corazón” (Romanos 9:1).

Pablo, al igual que Moisés, estaba dispuesto a perder su propia salvación con tal que el pueblo de Israel fuese salvo.
Evidentemente, en ninguno de los dos casos aceptó Dios este “intercambio”.

ESCOGIDOS.

“Se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí…” (Romanos 9:12-13).

¿Qué tenía de especial el pueblo de Israel para que Pablo estuviese tan preocupado por él? El pueblo de Israel era un pueblo especial al que se le dieron grandes privilegios. El mayor de todos estos privilegios es que en su seno habría de nacer el Mesías: Cristo Jesús.

¿Por qué escogió Dios a Israel y no a otro pueblo? Pablo, centrándose en Isaac y Jacob, deja claro que no había nada especial en estas personas cuando fueron elegidas por Dios para formar, de sus descendientes, Su pueblo [“pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama” (Romanos 9:11)]. Dios los eligió exclusivamente porque Él quiso.

Nota de EGW: “Según la carne, tanto Isaac como Ismael eran hijos de Abrahán; sin embargo, las promesas fueron dadas a Isaac y a sus descendientes. Se excluyó a Ismael; pero esto no significa que Ismael y sus descendientes quedaban fuera de los alcances de la salvación, sino sencillamente que Dios había escogido a los descendientes de Isaac para que fueran sus misioneros para el mundo. Ellos debían revelar los principios del reino de Dios ante las naciones, para que los hombres fueran atraídos al Señor. Dios se reserva el derecho de asignar diversas responsabilidades a los hombres y a las naciones” (CBA Sobre Romanos 9:7).

MISTERIOS.

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isa. 55:8, 9).

Dado que Israel, como pueblo, rechazó al Mesías y –por tanto – no cumplió la misión a la que había sido llamado, ¿se equivocó Dios al elegirlo?
Dios nunca se equivoca. Aunque los descendientes físicos de Abraham fallaron, su misión se perpetuó en los descendientes de la promesa: el Israel espiritual, del cual tú formas parte.

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Dado que Dios endurece a unos y tiene misericordia con otros, ¿es injusto con las personas?
A menudo, se presenta a Dios en las Escrituras como haciendo aquello que no impide. Así, el endurecimiento de Faraón se presenta a veces como provocado por él mismo (Éxodo 8:15, 32) y otras como provocado por Dios (Éxodo 4:21).
Dios, conociendo de antemano las decisiones que cada individuo va a tomar en su vida, es capaz de anunciar su destino: “A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí” (Rom. 9:13).

Dios se reserva el derecho de elegir a ciertas personas para tareas especiales. De este modo, eligió a los reyes y a los profetas. Y de igual modo distribuye los dones espirituales como Él quiere, según la obra que quiere dar a cada miembro de su iglesia (1ª de Corintios 12:11). Dios te ha elegido para una obra especial, ya sea para algo notorio o aparentemente poco importante delante de los hombres.
Esto es un misterio para nosotros.

AMMI: “MI PUEBLO”.

“Como también en Oseas dice: Llamaré pueblo mío al que no era mi pueblo, Y a la no amada, amada. Y en el lugar donde se les dijo: Vosotros no sois pueblo mío, allí serán llamados hijos del Dios viviente. También Isaías clama tocante a Israel: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo” (Romanos 9:25-27)

Israel, el pueblo elegido, rechazó a Dios; y Dios extendió su elección a los que no eran su pueblo: los gentiles. De esta forma, la elección pasó al “Israel espiritual”. Dios se reserva un remanente especial cuya misión es preservar la verdad y predicarla al mundo.

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TROPIEZOS.

“¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe; mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó. ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo” (Romanos 9:30-32).

Dios elige para que se salven a aquellos que aceptan “la justicia que es por fe” y rechaza a los que buscan la justicia “por obras de la ley”.

“como está escrito: He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída; y el que creyere en él, no será avergonzado” (Romanos 9:33).

La misma “piedra” (Jesús) sirve tanto para salvación como para condenación. El que rechaza a Jesús, como lo hicieron los judíos, es “desmenuzado”. El que cae quebrantado a los pies de Jesús no será avergonzado, sino que obtendrá la salvación. ¿Ha sido quebrantado tu corazón por el amor de Jesús y has decidido poner toda tu vida en sus manos?

Nota de EGW: “Para todos los que creen, Cristo es el fundamento seguro. Estos son los que caen sobre la Roca y son quebrantados. Así se representan la sumisión a Cristo y la fe en él. Caer sobre la Roca y ser quebrantado es abandonar nuestra justicia propia e ir a Cristo con la humildad de un niño, arrepentidos de nuestras transgresiones y creyendo en su amor perdonador. Y es asimismo por la fe y la obediencia cómo edificamos sobre Cristo como nuestro fundamento. Sobre esta piedra viviente pueden edificar por igual los judíos y los gentiles. Es el único fundamento sobre el cual podemos edificar con seguridad. Es bastante ancho para todos y bastante fuerte para soportar el peso y la carga del mundo entero. Y por la comunión con Cristo, la piedra viviente, todos los que edifican sobre este fundamento llegan a ser piedras vivas” (El Deseado de Todas las Gentes, cap. 65, pg. 551).

 

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