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Versículo para memorizar. Apocalipsis 12:1. “En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de
parte de los hijos de tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que hubo gente hasta entonces; pero en aquel tiempo será libertado tu pueblo, todos los que se hallen escritos en el libro”.
La semana pasada vimos tres poderes que falsificaban la Trinidad: El dragón, la bestia del mar y la bestia de la tierra. Una de estas potencias, la bestia que sube del mar se describe como la combinación de un leopardo, un oso y un león.
LA HERIDA MORTAL SANADA.
“Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia,”. (Apocalipsis 13:3)
Durante siglos, la iglesia romana ha sido la religión principal y, en muchos sentidos, el centro político del mundo occidental. Un ejemplo revelador de su poder se ve en la historia de Enrique IV, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, quien, habiendo hecho enfadar al papa Gregorio VII, fue hasta el castillo del Papa para hacer las paces. Allí, el emperador romano fue obligado a esperar en un atrio exterior durante tres días en el frío del invierno antes de que el Papa le concediera la entrada. Gregorio VII, eufórico por su triunfo, se jactó de que era su deber derribar el orgullo de los reyes. Sin embargo, mediante la influencia de la Reforma, la Ilustración y la Revolución Francesa, la hegemonía política y religiosa de Roma quedó hecha añicos a finales del siglo XVIII. Uno de los papas, Pío VI, efectivamente fue llevado cautivo por el ejército francés en 1798 y murió en el exilio en 1799. No obstante, Apocalipsis 13 habla de un resurgimiento, de la curación de su “herida mortal”. Y, aunque Roma hoy no tenga el tipo de poder político que ejercía en la época de Gregorio VII, es gracias a la popularidad de los últimos papas que vuelve a ser una fuerza influyente tanto en el ámbito religioso como en el político.
LOS ESTADOS UNIDOS EN LA PROFECÍA.
“Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada” (Apocalipsis 13:11-12).
En Apocalipsis 13:5 se menciona que, a la bestia que precede a esta y que desde siempre los protestantes han considerado que es Roma, se le dio poder por 42 meses. Estos 42 meses son los “tiempo, y tiempos, y medio tiempo” de Daniel 7:25, o los tres años y medio de Apocalipsis 12:14, o 1.260 días proféticos de Apocalipsis 12:6. Es el tiempo durante el cual el poder papal oprimió a sus oponentes. Este período profético (que utiliza el principio de día por año) comenzó con la supremacía papal en 538 d.C. y terminó en 1798, el año en que el Papa fue llevado cautivo. En este momento, el poder papal recibió su herida mortal, y la predicción se cumplió. Alrededor de esa época de la historia, cerca del final de los “42 meses” (1798), aparece otra potencia (Apoc. 13:1, 11) que surge de la tierra, y que contrasta con muchos de los poderes anteriores que salieron del agua (ver Dan. 7:2, 3), que es un símbolo de las masas humanas. Por estas y otras razones, este poder debe ser Estados Unidos de Norteamérica, que surgió en una parte relativamente deshabitada del mundo y no tuvo que derrocar a ningún imperio mayor para ello.
UNA CUESTIÓN DE ADORACIÓN.
“Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero; y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre.” (Apocalipsis 14:9-11)
Babilonia siempre ha sido la capital de la adoración falsa. La Torre de Babel dio prueba de los deseos de sus constructores, al igual que Lucifer, de subir “sobre las alturas de las nubes” y de ser “semejante al Altísimo” (Isa. 14:14), como así también de sus esfuerzos por salvarse a sí mismos en caso de otro diluvio mundial. Por lo tanto, se negaban a creer en la promesa de Dios de que nunca permitiría que se desatase otro diluvio sobre la Tierra. El Imperio Neobabilónico también exaltaba la obra de las manos humanas. Nabucodonosor exaltó “la gran Babilonia que yo edifiqué” (Dan. 4:30). Más adelante, el rey Belsasar tomó las copas de oro del Templo de Salomón para un banquete, y “bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra” (Dan 5:3). La adoración falsa y las ideas falsas son la divisa del reino de Satanás.
“BABILONIA LA GRANDE”.
“Otro ángel le siguió, diciendo: Ha caído, ha caído Babilonia, la gran ciudad, porque ha hecho beber a todas las naciones del vino del furor de su fornicación.” (Apocalipsis 14:8).
Un elemento adicional de Apocalipsis 17 es la mujer montada sobre la bestia escarlata, que simboliza una unión ilícita de poderes religiosos y políticos. Esta mujer contrasta fuertemente con la mujer pura de Apocalipsis 12. Babilonia tiene una larga historia como capital de la adoración falsa. Por lo tanto, es un símbolo apropiado de un poder del tiempo del fin que engaña a las naciones. Esta advertencia se repetirá con mucho más poder, y culminará en un último llamado para que el pueblo de Dios que todavía esté en Babilonia salga de ella y se una a la iglesia remanente de Dios del tiempo del fin (Apoc. 18:1-4).
SALID DE ELLA, PUEBLO MÍO.
“Después de esto vi a otro ángel descender del cielo con gran poder; y la tierra fue alumbrada con su gloria. Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible. Porque todas las naciones han bebido del vino del furor de su fornicación; y los reyes de la tierra han fornicado con ella, y los mercaderes de la tierra se han enriquecido de la potencia de sus deleites. Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas;” (Apocalipsis 18:1-4).
Estos versículos pintan una sombría imagen del mundo político, moral y espiritual. Muestran la influencia malévola de la falsa enseñanza religiosa en el mundo. Sin embargo, al mismo tiempo, ofrecen una gran esperanza porque otro ángel del cielo ilumina el mundo con su gloria. Además, los fieles de Dios, los que aún no saben lo que deben saber, son llamados a salir de Babilonia. Esto significa, entonces, que el pueblo de Dios que ya está afuera de Babilonia tiene, hasta el final, una obra que hacer por quienes todavía están en ella.
Nota de EGW: ““Desde el origen de la gran controversia en el cielo, el propósito de Satanás ha sido destruir la Ley de Dios. Para realizarlo comenzó́ su rebelión contra el Creador y, aunque fue expulsado del cielo, continuó la misma guerra en la Tierra. Engañar a los hombres y así́ inducirlos a transgredir la Ley de Dios, tal fue el objetivo que persiguió sin cejar. Sea esto conseguido haciendo a un lado toda la Ley o descuidando uno de sus preceptos, el resultado será́ finalmente el mismo. El que peca ‘en un punto’ manifiesta menosprecio por toda la Ley; su influencia y su ejemplo están del lado de la transgresión; y viene a ser ‘culpable de todos’ (Sant. 2:10)” (Conflicto de los siglos, pg. 569).
El sello de Dios indica que pertenecemos a Dios como nuestro Creador y Salvador y, por lo tanto, es una señal de vida y esperanza. La marca de la bestia, por otra parte, indica apostasía y, por lo tanto, es una señal de pérdida y muerte.
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