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Versículo para memorizar. Salmos 127:3. “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre”.
Desde el momento en que Dios creó al primer hombre y a la primera mujer, les invitó a ser padres: “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla” (Génesis 1:28). Aunque lo habitual es que un bebé crezca bajo la atenta mirada de un padre y una madre, hay casos especiales en los que esto no es posible. Una paternidad responsable nos lleva a plantearnos cómo educar a nuestros hijos para hacer de ellos ciudadanos del Cielo.
PADRES SIN HIJOS
“Y oró Isaac a Jehová por su mujer, que era estéril; y lo aceptó Jehová, y concibió Rebeca su mujer” (Génesis 25:21).
Rebeca, Raquel o Ana son ejemplos de mujeres que deseaban ardientemente tener hijos, pero no podían. En estos casos, Dios escuchó sus oraciones (Gn. 30:1; 1S. 1:27). Abraham y Sara, y Zacarías y Elisabet son ejemplos de matrimonios resignados a no tener hijos. Dios, sin embargo, les concedió el don de la paternidad (Gn. 21:2; Lc. 1:13). Dios escucha las oraciones, aunque no siempre las contesta. Hay parejas que deciden voluntariamente no tener descendencia. Otras, deciden adoptar hijos y darles un futuro mejor. Debemos ser especialmente sensibles con el dolor de aquellos que, deseando ser padres, no se les concede este privilegio.
PADRES SOLOS
“Dejad todas vuestras preocupaciones a Dios, porque él se preocupa de vosotros” (1ª de Pedro 5:7 DHHe).
En la Biblia tenemos ejemplos de madres divorciadas (Génesis 21:24), solteras (Génesis 38:24) o viudas (2ª de Reyes 4:1) que tuvieron que criar solas a sus hijos. Hoy en día, esta misma casuística hace que hombres y mujeres tengan que criar a sus hijos sin el apoyo de su cónyuge. Esto provoca problemas serios que dificultan la crianza de los hijos. Para ellos, es especialmente importante confiar en Aquel que nos dice: “no te dejaré, ni te desampararé” (Josué 1:5). Como iglesia, debemos preocuparnos por apoyar y ayudar a estos hermanos y hermanas en sus dificultades (Santiago 1:27).
EL GOZO Y LA RESPONSABILIDAD DE SER PADRES
“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes” (Deuteronomio 6:6-7).
¿Cómo aplicar estos fundamentos? Usando dos pares de principios:
Inculcar / Hablar. (v. 7)
• Instrucción formal: momentos dedicados a estudiar la Biblia (p.e. el culto familiar)
• Instrucción informal: aprovechando las circunstancias de la vida cotidiana.
Atar / Escribir. (v. 8-9)
• Ligar la verdad a nuestras acciones (mano) y pensamientos (frente)
• Que la verdad pueda leerse tanto en nuestra vida pública (puerta) como privada (postes
LA CRIANZA COMO FORMADORA DE DISCÍPULOS
“Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio” (Génesis 18:19a).
El objetivo de los padres cristianos es hacer de sus hijos verdaderos hijos e hijas de Dios, inculcarles el amor de Dios y el anhelo de compartir con ellos la eternidad. Para ello, la Palabra de Dios nos enseña cómo educar a nuestros hijos para cumplir este objetivo:
• Disciplinarlos con amabilidad (Colosenses 3:21).
• Enseñarles la Ley de Dios (Salmo 78:5).
• Darles buen ejemplo (Génesis 18:19).
• Dirigir bien nuestro hogar (1ª de Timoteo 3:12).
• Corregirlos (Proverbios 29:17).
La Biblia nos muestra tanto ejemplos de padres y madres que criaron a sus hijos con fidelidad, como de aquellos que mostraron favoritismo, falta de corrección o pecados manifiestos que dificultaron la educación de sus hijos. Aprendamos de estos ejemplos.
Isaac (Génesis 25:28); Elí (1ª de Samuel 3:13); Samuel (1ª de Samuel 8:3); David (1ª de Reyes 1:6); Manasés (2ª de Reyes 21:6); Enoc (Génesis 5:21-27); Job (Job 1:5); Isaías (Isaías 8:18); Mardoqueo (Ester 2:7); Eunice (2ª de Timoteo 1:5).
CÓMO LUCHAR POR TU HIJO PRÓDIGO
“Instruye al niño en su camino, Y aun cuando fuere viejo no se apartará de él” (Proverbios 22:6).
Si un hijo abandona la fe y reniega de los principios que sus padres han querido inculcarle, ¿de quién es la culpa? Es fácil acusar a los padres de no haber educado correctamente a sus hijos. Sin embargo, los padres pueden haber hecho todo correctamente y, a pesar de todo, el hijo se ha desviado. Los hijos toman sus propias decisiones y son los responsables últimos ante Dios por sus acciones. Ser buenos padres es decisión nuestra; ser buenos hijos es decisión de ellos. Cuando un hijo se rebela, los padres deben mantenerse unidos y establecer límites claros. Necesitamos oración ferviente, amor y paciencia; y permanecer a su lado mientras lucha con Dios. Recuerda que Dios lo ama.
Nota de EGW: “Padres, ¿estáis obrando con energía incansable en favor de vuestros hijos? El Dios del cielo nota vuestra solicitud, vuestra labor ferviente, vuestra vigilancia constante. Oye vuestras oraciones. Con paciencia y ternura, educad a vuestros hijos para el Señor. Todo el cielo se interesa en vuestra obra. Los ángeles de luz se unirán a vosotros mientras lucháis por guiar a vuestros hijos hacia el cielo. Dios se unirá a vosotros y coronará de éxito vuestros esfuerzos. Cristo se deleita en honrar a la familia cristiana; porque tal familia es un símbolo de la familia del cielo” (La oración, pg. 234).
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