Las etapas familiares – Cómo reconciliarse en el tiempo del fin

Versículo para memorizar. Malaquías 4: 5-6. “He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y
terrible. Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición”.

“Antes que venga el día de Jehová”, Elías ha de venir para reconciliar a los padres con los hijos. Antes que Jesús vuelva por segunda vez, un pueblo tiene que cumplir la misión de Elías. ¿Cómo reconcilió Elías a las familias? ¿Cómo lo hizo Juan el Bautista? ¿Cómo debemos hacerlo nosotros hoy?

LA PROFECÍA DE LOS CORAZONES RECONCILIADOS

“Estoy por enviaros al profeta Elías antes que llegue el día del SEÑOR, día grande y terrible. Él hará que los padres se reconcilien con sus hijos y los hijos con sus padres, y así no vendré a herir la tierra con destrucción total.” (Malaquías 4:5-6 NVI)

El alcance de la reconciliación aquí profetizada tiene varias aplicaciones:

• Reconciliación de Dios, como Padre, con sus hijos. Dios perdona a sus hijos y los invita a volverse a Él (Miqueas 7:18-19; Isaías 44:22).
• Reconciliación de los hijos con la herencia de sus padres. Comprometerse personalmente con el pacto que Dios hizo con nuestros antepasados (Dt. 4:29-31).
• Reconciliación entre padres e hijos.  Restaurar la paz y el entendimiento dentro del hogar (Proverbios 4:3-4).

REUNIÓN FAMILIAR

“Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente” (1ª de Reyes 17:9).

El reino de Israel había abandonado a Dios. Había cambiado las enseñanzas que enaltecían al matrimonio, la familia y la sexualidad por prácticas que fomentaban la prostitución, el incesto y las perversiones sexuales. Elías fue llamado a condenar estos males, y debió huir para salvar su vida. Al arreciar la sequía, fue puesto en contacto con una viuda, en cuya casa se hospedó. Aunque su fe fue grande (Lucas 4:26), al morir su hijo pensó que era una consecuencia de sus propios pecados (Miqueas 6:7). Gracias al poder de Dios al restaurar su familia, la fe en Dios y en su Palabra surgieron en su corazón.

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RECONCILIACIÓN EN EL ALTAR

“Entonces dijo Elías a todo el pueblo: Acercaos a mí. Y todo el pueblo se le acercó; y él arregló el altar de Jehová que estaba arruinado” (1ª de Reyes 18:30).

El primer paso de Elías fue invitar al pueblo a acercarse a él, al igual que Jesús nos invita a acercarnos a Él (Mateo 11:28). En segundo lugar, reparó el altar. ¿Hay altares que deben ser restaurados en tu vida? ¿En qué estado se encuentra tu altar familiar? Finalmente, a la hora del sacrificio vespertino, el fuego descendió; no sobre los pecadores, sino sobre el sacrificio [Jesús]. El pueblo [la iglesia] estalló en alabanzas, y abandonó el pecado [matando a los falsos sacerdotes]. El pueblo se había reconciliado con Dios, y descendió la lluvia de bendiciones.

RECONCILIACIÓN EN EL JORDÁN

“Y si queréis aceptar mi palabra, Juan es el Elías que había de venir” (Mateo 11:14 NVI).

La forma en que Juan cumplió su misión de reconciliador fue a través de dos enseñanzas principales:

• El arrepentimiento (Mateo 3:1-2).
• El cambio de comportamiento (Mateo 3:8).

Juan condujo a las personas a reconciliarse primero con Dios y, con su ayuda, a buscar la santidad (tal como había sido enseñada a los padres). Al cambiar de comportamiento, podemos también reconciliarnos con los demás. De esta manera, preparó al pueblo para recibir al Salvador. Su éxito en esta misión fue tal que sus propios discípulos lo dejaron para seguir a Jesús (Juan 1:35-37).

RECONCILIACIÓN EN LOS ÚLTIMOS DÍAS

“Él irá primero, delante del Señor, con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con los hijos y guiar a los desobedientes a la sabiduría de los justos. De este modo preparará un pueblo bien dispuesto para recibir al Señor” (Lucas 1:17 NVI).

El Padre celestial ha vuelto el corazón de sus hijos hacia sí, y ha vuelto el corazón de sus hijos entre sí, mediante la Cruz de Cristo. Una vez reconciliados, nos ha encargado el ministerio de la reconciliación (2ª de Corintios 5:18). De este modo, debemos preparar un pueblo para recibir a Jesús en su Segunda Venida. Pero el mensaje no llegará si los mensajeros no vivimos lo que predicamos. El testimonio más poderoso que podemos dar al mundo es el de una vida personal y familiar que manifieste el arrepentimiento, la conversión sincera, el amor y el compromiso con los demás.

Nota de EGW: “Cuando, como pueblo, nuestras obras correspondan a nuestra profesión, veremos el cumplimiento de mucho más que ahora. Cuando tengamos hombres tan consagrados como Elías, poseedores de la fe que él poseía, veremos que Dios se nos revelará como se manifestó a los santos hombres de antaño. Cuando tengamos hombres que, aunque reconociendo sus deficiencias, intercedan ante Dios con fe ferviente como Jacob, veremos los mismos resultados. El poder de Dios descenderá sobre el hombre en respuesta a la oración de fe […] Debemos tener un ministerio consagrado y entonces veremos la luz de Dios y su poder favorecerá todos nuestros esfuerzos” (Testimonios para la iglesia, tomo 4, pg. 395).