La educación – La adoración en la educación

Versículo para memorizar. 1ª Crónicas 16:29. “Dad a Jehová la honra debida a su nombre; traed ofrenda, y venid delante de él; postraos delante de Jehová en la hermosura de la santidad”

En cierta ocasión, Dios mostró ante Ezequiel a los ancianos de Israel adorando imágenes de reptiles; a las mujeres adorando a Tamuz; y a los sacerdotes adorando al sol (Ezequiel 8). A todas estas formas de adorar, Dios las llamó “abominaciones”. Incluso de ciertas formas correctas de adoración a Dios, Él dijo “no lo puedo sufrir” (Isaías 1:13). A Dios le importa qué adoramos, cómo adoramos y por qué adoramos. Por tanto, es importante conocer los fundamentos de la verdadera adoración.

TODOS ADORAMOS ALGO

“Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo” (Salmos 84:2).

Al igual que Dios puso el anhelo de eternidad en nuestro corazón (Eclesiastés 3:11), ha colocado también un anhelo de adoración. Conforme los seres humanos se han ido alejando de Dios, han buscado formas de suplir este anhelo. En la antigüedad, generalmente lo suplieron adorando objetos o seres creados (el sol, las estrellas, aves, reptiles, etc.). En la actualidad, este anhelo toma formas de adoración más sutiles: el dinero; el poder; el sexo; deportistas de élite; cantantes; líderes políticos o espirituales; o a nosotros mismos. Como nos muestra la historia de Sadrac, Mesac y Abed-nego (Daniel 3), para Dios es importante que enfoquemos nuestra adoración correctamente: “Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás” (Lucas 4:8).

Y LO CUENTEN A SUS HIJOS

“No las encubriremos a sus hijos, contando a la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su potencia, y las maravillas que hizo” (Salmos 78:4).

Dios le dio al pueblo de Israel un libro especial para aprender a adorar: los Salmos. Un ejemplo didáctico lo encontramos en el Salmo 78:

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¿Cómo adorar? Contando el poder, las maravillas y las leyes de Dios. Cantando todo esto en alabanzas.
¿Con qué objetivo? Que las generaciones futuras conozcan a Dios y lo alaben. Que no cometan los errores de sus antepasados.
¿Qué se consigue? Confianza en Dios. Obediencia a los mandamientos. Evitar la rebeldía. Fidelidad. Guardar el pacto. Permanecer unidos a Dios.

EN ESPÍRITU Y EN VERDAD

“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4:24).

En su conversación con la mujer samaritana, Jesús nos dio dos formas básicas y necesarias para adorar a Dios:

En espíritu. Nuestra adoración surge de nuestro amor a Dios y de una experiencia personal con Él. Es el fruto de la obra del Espíritu Santo (Efesios 2:18).
En verdad. Con un conocimiento correcto de Dios y de lo que Él requiere de nosotros (Juan 4:22).

La verdadera adoración surge, pues, como resultado de conocer y obedecer a Dios, y del estudio de las verdades reveladas acerca de Dios.

LA HERMOSURA DE LA SANTIDAD

“Dad a Jehová la gloria debida a su nombre; adorad a Jehová en la hermosura de la santidad” (Salmos 29:2).

Una de las escenas de adoración más alegres la encontramos en 1ª de Crónicas 16. ¡David danzaba alegremente ante el arca y distribuía viandas entre el pueblo! Para David no podía haber mayor motivo de júbilo que adorar a Dios en su Santuario (Salmo 84:2). Y es que en el Santuario encontramos el verdadero contenido y razón para nuestra adoración: el plan de salvación prefigurado en cada uno de sus rincones. Somos un pueblo santo que adoramos a un Dios Santo (1ª de Pedro 2:9). Esa santidad la alcanzamos gracias al sacrificio de Cristo. Ése debe ser el contenido principal de nuestra adoración: meditar en el amor redentor de Dios.

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LA IDOLATRÍA EN LA EDUCACIÓN

“Si alguno adora a la bestia y a su imagen […] será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero” (Apocalipsis 14:9-10).

Como los fariseos de antaño (Marcos 7:1-13), el hombre actual ha buscado muchas formas sutiles de adoración basadas en filosofías y pensamientos humanos. Éste no es un tema baladí. Antes de la Segunda Venida de Jesús, la adoración dividirá al mundo en dos partidos: los que adoran a Dios según Él desea, y los que no (Apocalipsis 13). Evidentemente, Dios acepta la adoración sincera realizada en forma incorrecta cuando el adorador no tiene mayor conocimiento (Hechos 10:34-35). Pero Dios merece la mejor y más perfecta adoración que podamos darle. De ahí la importancia de educarnos correctamente en la verdadera adoración.

Nota de EGW: “Nuestra casa de oración podrá ser humilde pero no por eso será menos conocida por Dios. Si adoramos en espíritu y en verdad y en la hermosura de la santidad, ella será para nosotros la misma puerta del cielo. Cuando se repiten las asombrosas lecciones de las obras de Dios y cuando la gratitud del corazón se expresa en oración y canto, ángeles del cielo inician una melodía y se unen en alabanza y agradecimiento a Dios” (En los lugares celestiales, 8 de octubre).