Isaías: “Consolaos, pueblo mío” – Amor a cambio

Versículo para memorizar: Isaías 58:10. “Y si dieres tu pan al hambriento, y saciares al alma afligida, en las tinieblas nacerá tu luz, y tu oscuridad será como el mediodía”

Como si estuviésemos oyendo a Jesús mismo, Isaías nos invita a ir a los brazos divinos para calmar nuestra sed de salvación (Mateo 11:28; Juan 4:13-14); a compartir lo que tenemos con el necesitado (Lucas 6:35); y a disfrutar de la compañía del “Señor del sábado” (Mateo 12:8).

¿COMPRAR ALGO GRATIS? (ISA. 55:1–7)

“A todos los sedientos: Venid a las aguas; y los que no tienen dinero, venid, comprad y comed. Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche” (Isaías 55:1).

¿Comprar sin dinero, sin tarjeta de crédito, sin cheques, sin transferencias bancarias? ¿Cómo puede ser eso? Efectivamente, Dios pone a nuestra disposición la salvación sin pedir nada a cambio, y sin ponerle precio alguno. Sin embargo, debemos comprarla. No es algo sin valor. La salvación tiene un gran valor, costó un gran precio. Si la queremos, tenemos que valorarla, desearla, y pedirla (Hechos 16:30-31). Fue al precio de la muerte de Dios mismo que se consiguió nuestra salvación. Y Dios nos la ofrece como un regalo de amor (Romanos 6:23).

ALTOS PENSAMIENTOS Y CAMINOS (ISA. 55:6–13)

“Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isaías 55:9).

Nuestra mente no puede comprender el misterio de la salvación. Solo puede ser discernido espiritualmente (1Co. 2:14). Por eso, Dios nos da el conocimiento necesario para comprender los fundamentos de la salvación (1Tim. 2:3-4). Este conocimiento irá aumentando a través de nuestra relación diaria con Cristo (Col. 1:10; 2P. 3:18). Pero aún así, no podremos llegar a comprenderlo plenamente. El plan de la redención será nuestro estudio por la eternidad. “[El tema de la redención] Será la ciencia y canción de los redimidos por los siglos sin fin de la eternidad. ¿Acaso no merece ser estudiado y meditado cuidadosamente ahora?” (E.G.W., “La verdad acerca de los ángeles”, pg. 304).

AMIGOS DE AYUNO (ISA. 58:1–8)

“¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto ayuno, y día agradable a Jehová?” (Isaías 58:5).

El día de la expiación era el único día de ayuno ordenado por Dios en todo el año. Por esto se lo llamaba “el ayuno” (Hch. 27: 9). Los otros ayunos diarios o semanales, que fueron añadidos posteriormente, no eran exigidos por Dios, ni recibían su aprobación (Zac. 7:3-10). Esperaban recibir la aprobación divina por su ayuno (Is. 58:3). Sin embargo, recibieron una respuesta inesperada: “no ayunéis como hoy, para que vuestra voz sea oída en lo alto” (v. 4). A través de su “religiosidad” esperaban ablandar el corazón de Dios y comprar su perdón. Pero Dios no estaba pidiendo nada de esto.

LUCHA DE AYUNO (ISA. 58:1–12)

“¿No es que partas tu pan con el hambriento, y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano?” (Isaías 58:7).

Curiosamente, lo que agrada a Dios no tiene nada que ver con dejar de tomar alimentos. Consiste en compartir lo que tengo, en preocuparme por las necesidades de los demás. En definitiva, es una forma de vivir. Cuando manifestamos en nuestra vida el amor hacia los demás, Dios se agrada de nuestro ayuno, nos pastorea, sacia nuestra alma y nos vigoriza (Isaías 58:11).

“La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo” (Santiago 1:27).

UN TIEMPO PARA NOSOTROS (ISA. 58:13, 14)

“Si retrajeres a causa del sábado tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia; y al día santo de Jehová, honorable; y lo honrares, no andando en tus propios caminos, ni buscando tu negocio, ni hablando de él, entonces te deleitarás en Jehová; y yo te haré subir sobre las alturas de la tierra, y te alimentaré con la heredad de Jacob tu padre; porque la boca de Jehová lo ha hablado” (Isaías 58:13-14).

¿Qué relación existe entre afligir el alma, ayudar a los demás y guardar el sábado? Los tres requieren concentrarse en Dios y en sus prioridades, y reconocer nuestra dependencia de Él. Los tres son maneras en las que buscamos la santidad al imitar a Dios, quien se humilló a sí mismo (Filipenses 2:8), demostró bondad abnegada (Hechos 10:38), y descansó y honró el sábado (Génesis 2:2-3). Además de ser un deleite, la observancia del sábado trae bendiciones especiales (v. 14).

Nota de EGW: “Las buenas acciones son una doble bendición, pues aprovechan al que las hace y al que recibe sus beneficios. La conciencia de haber hecho el bien es una de las mejores medicinas para las mentes y los cuerpos enfermos. Cuando el espíritu goza de libertad y dicha por el sentimiento del deber cumplido y por haber proporcionado felicidad a otros, la influencia alegre y reconstituyente que de ello resulta infunde vida nueva al ser entero” (El ministerio de curación, pg. 199).