El evangelio en Gálatas – La unidad del evangelio

Versículo para memorizar. Filipenses 2:2. “Completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa”

La entrada masiva de gentiles a la iglesia fue, sin lugar a dudas, una gran bendición. No obstante, trajo también sus propios problemas. Mientras que para los judíos era natural mantener las tradiciones de sus padres, Pablo no veía la necesidad de obligar a los gentiles a aferrarse a ellas. El enfrentamiento entre la enseñanza de Pablo sobre la salvación solamente por fe, y la de los judaizantes basada en una salvación por las obras de la ley, amenazaba la unidad de la naciente iglesia.

LA IMPORTANCIA DE LA UNIDAD.

 “Catorce años después subí de nuevo a Jerusalén, esta vez con Bernabé, llevando también a Tito. Fui en obediencia a una revelación, y me reuní en privado con los que eran reconocidos como dirigentes, y les expliqué el evangelio que predico entre los gentiles, para que todo mi esfuerzo no fuera en vano” (Gálatas 2:1-2 NVI).

Los judaizantes que llegaron a Antioquía provocaron una grave discusión contra Pablo y Bernabé (Hechos 15:1). Dios reveló entonces que era conveniente que Pablo, Bernabé, y algunos creyentes gentiles viajaran a Jerusalén para tratar el asunto con los apóstoles y ancianos (Hechos 15:2). Esta reunión fue, inicialmente, privada. Pero la presencia de algunos fariseos judaizantes desencadenó una discusión pública (Hechos 15:4-5). Tras largas deliberaciones, la iglesia apoyó a Pablo y la unidad quedó asegurada… por el momento (Hechos 15:6-35).

LA CIRCUNCISIÓN Y LOS FALSOS HERMANOS.

 “y esto a pesar de los falsos hermanos introducidos a escondidas, que entraban para espiar nuestra libertad que tenemos en Cristo Jesús, para reducirnos a esclavitud, a los cuales ni por un momento accedimos a someternos, para que la verdad del evangelio permaneciese con vosotros” (Gálatas 2:4-5).

Pablo se oponía a los falsos hermanos que insistían en obligar a los gentiles a circuncidarse (Hechos 15:1). Siendo un rito ordenado por Dios, ¿qué tenía de malo la circuncisión? La circuncisión exterior debía ser un símbolo de la circuncisión del corazón (Dt. 10:16; 30:6; Jer. 4:4; Rom. 2:29). Representa despojarnos de la confianza en nosotros mismos y depender fielmente de Dios. Sin embargo, hacer de este rito (o de cualquier otro) un requisito para la salvación es despojar al sacrificio de Cristo de su poder redentor. No existe nada que podamos hacer para ganar la salvación. Es el don gratuito de Jesús.

Nota de EGW: “Los judíos se habían enorgullecido siempre de sus cultos divinamente señalados; y muchos de aquellos que se habían convertido a la fe de Cristo, sentían todavía que, puesto que Dios había bosquejado una vez claramente la forma hebrea del culto, era improbable que autorizara alguna vez un cambio en cualquiera de sus detalles. Insistían en que las leyes y ceremonias judías debían incorporarse en los ritos de la religión cristiana. Eran lentos en discernir que todas las ofrendas de los sacrificios no habían sino prefigurado la muerte del Hijo de Dios, en la cual el símbolo se había cumplido, y después de la cual los ritos y ceremonias de la dispensación mosaica no estaban más en vigor” (Los hechos de los apóstoles, pg. 154).

La consecuencia de la enseñanza de los falsos hermanos era cambiar la “libertad que tenemos en Cristo Jesús” por esclavitud. ¿En qué consiste nuestra libertad en Cristo? Todos los hombres son esclavos. Esclavos del pecado (Juan 8:33-34; Romanos 6:17). La libertad para el cristiano es la oportunidad de vivir una vida de devoción a Dios sin estorbos. Implica libertad de estar esclavizados a los deseos de nuestra naturaleza pecaminosa, libertad de la condenación de la ley, y libertad del poder de la muerte.

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UNIDAD EN LA DIVERSIDAD.

 “El mismo Dios que facultó a Pedro como apóstol de los judíos me facultó también a mí como apóstol de los gentiles” (Gálatas 2:8 NVI).

Como Pablo dejó claro, hay un solo Evangelio (Gálatas 1: 6-9). Sin embargo, no todas las personas lo reciben de la misma manera. Los judíos tenían una fuerte base bíblica y aceptaban a Jesús como el Mesías en base a lo que había sido revelado en la Palabra. Este ministerio fue encomendado a Pedro. Los gentiles, sin embargo, debían ser alcanzados por otros medios. Pablo estaba especialmente preparado para alcanzar a aquellos que no tenían un conocimiento previo de la verdad. A él se le encomendó el ministerio entre los gentiles. Aunque con diversos estilos, tanto Pablo como Pedro o cualquier otro apóstol, enseñaban un mensaje unánime.

CONFRONTACIÓN EN ANTIOQUÍA.

 “Antes que llegaran algunos de parte de Jacobo, Pedro solía comer con los gentiles. Pero cuando aquéllos llegaron, comenzó a retraerse y a separarse de los gentiles por temor a los partidarios de la circuncisión” (Gálatas 2:12 NVI).

Después de la visión recibida por Dios, Pedro dejó de considerar a los gentiles como inmundos, y comenzó a relacionarse con ellos (Hechos 10). Por esta razón, cuando visitó a la iglesia en Antioquía, Pedro convivía animosamente con los gentiles. Pero, al llegar algunos judíos de Jerusalén, dejó de tratar con los gentiles para agradar a los recién llegados. Su actitud hipócrita arrastró también a los demás judíos de la iglesia. Si se hubiese permitido que persistiese esta actitud, la iglesia hubiera sido resquebrajada.

LA PREOCUPACIÓN DE PABLO.

 “Pero cuando vi que no andaban rectamente conforme a la verdad del evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como judío, ¿por qué obligas a los gentiles a judaizar?” (Gálatas 2:14).

El problema en sí no era que Pedro comiese con las visitas de Jerusalén, sino en hacerlo apartándose deliberadamente de los gentiles y negarles el derecho a comer junto con ellos. Esto hacía brotar una pregunta: ¿eran los gentiles creyentes de segunda categoría? Los más sensibles, pensaron que debían hacerse judíos para poder ser plenamente cristianos (aceptando la doctrina de los falsos hermanos). El enfrentamiento de Pablo fue necesario y al punto. Aunque no se nos dice la respuesta de Pedro, es evidente que éste aceptó la apelación y cambió de actitud. La unión de la iglesia, y el Evangelio mismo, salieron vencedores.

 Nota de EGW: “Algunos falsos maestros habían presentado a los Gálatas doctrinas opuestas al Evangelio de Cristo. Pablo trataba de exponer y corregir estos errores. Deseaba mucho que los falsos maestros fuesen separados de la iglesia, pero su influencia había afectado a tantos de los creyentes que parecía azaroso tomar una decisión contra ellos. Había peligro de ocasionar contiendas y divisiones ruinosas para los intereses espirituales de la iglesia. Por lo tanto, trataba de hacer ver a sus hermanos la importancia de ayudarse unos a otros con amor… Mediante constante oración debían buscar la dirección del Espíritu Santo, que los conduciría al amor y la unidad” (Testimonios para la iglesia, tomo 5, pg. 225).

Al depender de las tradiciones judías que cegaban a la iglesia primitiva al asunto crítico de la fe en la obra de Cristo, la iglesia estaba en peligro de perder su comprensión del evangelio.