El Espíritu Santo y La espiritualidad – El Espíritu Santo y la Iglesia

Versículo para memorizar. Efesios 4:3-5. “Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz; un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo”.

Además de actuar individualmente en cada uno de nosotros, el Espíritu Santo actúa también sobre la Iglesia como un cuerpo. El Espíritu mantiene la unidad de la Iglesia para que ésta cumpla el propósito para el cual fue creada. La Biblia inspirada por el Espíritu es el fundamento para la unidad teológica de la iglesia. Sin la obra del Espíritu, la iglesia no existiría y no podría continuar cumpliendo su misión unida.

EL ESPÍRITU SANTO NOS UNE CON CRISTO.

“Edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:20-22)

El Espíritu trabaja individualmente con nosotros para llevarnos a Jesús y recibir justificación y santificación. Pero, sobre todo, para que podamos vivir unidos con Cristo. En este proceso, Él hace de nosotros “piedras vivas” (1P. 2:5). Cuanto más unidos con Cristo estemos, más cerca estaremos de nuestros hermanos. De este modo, formamos un edificio compacto, “morada de Dios en el Espíritu”, unidos todos en la comunidad de creyentes.

¿Cómo deben vivir los que están unidos con Cristo para llegar a alcanzar la unidad?

“Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos” Colosenses 3:12-15.

EL ESPÍRITU SANTO NOS UNE POR MEDIO DEL BAUTISMO.

“Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu” (1ª de Corintios 12:13)

El bautismo es el acto público (ante todo el universo) que señala la incorporación del creyente en el cuerpo de la Iglesia (Mateo 28:19). ¿Cuál es el significado del bautismo, según Romanos 6:4-6?

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• Como Cristo fue sepultado, morimos a nuestra vieja vida.
• Como Cristo fue resucitado, renacemos a una vida nueva “a fin de que no sirvamos más al pecado”.

Renunciando al mundo y a una vida de pecado, nos comprometemos a vivir en comunión con Cristo y con su Iglesia para siempre.

Nota de EGW: “El bautismo es una solemne renuncia al mundo. Por esta profesión, el yo muere a la vida de pecado. Las aguas cubren al candidato, y en presencia del universo entero se sella la promesa mutua. En el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo, el hombre es sepultado con Cristo en el bautismo y se levanta del agua para vivir una nueva vida de lealtad a Dios” (La fe por la cual vivo 146).

EL ESPÍRITU SANTO UNE A LA IGLESIA POR LA PALABRA DE DIOS.

“Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17)

¿De qué manera fortalece la Biblia la unidad de los creyentes?

• Nos lleva a conocer a Jesús (Juan 5:39).
• Nos ayuda a discernir la verdad del error (Hechos 17:11).
• Es la base de toda reforma y reavivamiento (Isaías 8:16).

El Espíritu Santo inspiró la Biblia. Por ello, no nos guiará a la unidad con la Palabra Viva (Cristo) sin guiarnos también a la unidad en la Palabra escrita.

EL ESPÍRITU SANTO UNE A LA IGLESIA EN FE Y DOCTRINA.

“Un Señor, una fe, un bautismo” (Efesios 4:5)
“Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina” (Tito 2:1)

La doctrina es el conjunto de creencias aceptadas por toda la Iglesia. Sin unidad doctrinal, no puede mantenerse la unidad de la Iglesia. Jesús nos invita a comprobar “si la doctrina es de Dios” (Juan 7:17). La Iglesia primitiva perseveraba “en la doctrina de los apóstoles” (Hechos 2:42). Pablo nos invita a hablar “la sana doctrina” (Tito 2:1). La doctrina con la que el Espíritu Santo une a la Iglesia está basada en la Biblia: “¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Isaías 8:20).

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EL ESPÍRITU SANTO UNE A LA IGLESIA EN MISIÓN Y SERVICIO.

“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos” (Hechos 2:1)

El primer resultado del derramamiento del Espíritu Santo sobre la Iglesia unida fue un sermón misionero (que redundó en 3.000 bautismos). Una Iglesia unida no puede quedarse dentro de sus puertas, debe salir a predicar y a servir a la comunidad. ¿En qué aspectos estaban unidos los creyentes después de Pentecostés (Hechos 2:42-47)?

• Perseveraban en la doctrina, en la comunión, en el partimiento del pan y en las oraciones.
• Estaban juntos y tenían en común todas las cosas.
• Repartían según las necesidades de cada uno.
• Se reunían unánimes en el Templo.
• Comían juntos con alegría.
• Alababan a Dios.
• Tenían favor con todo el pueblo.

Nota de EGW: “La vid tiene muchos pámpanos, sin embargo, aunque todos son diferentes, no pelean entre sí. Hay unidad en la diversidad. Todos los pámpanos obtienen su alimento de la misma fuente. Esta es una ilustración de la unidad que debe existir entre los seguidores de Cristo. En los diferentes tipos de trabajo que realizan deben tener una sola Cabeza. El mismo Espíritu, de distintas maneras, obra por medio de ellos. Hay acción armoniosa, aunque los dones difieran” (La maravillosa gracia de Dios, 22 de julio).

Cuando respondemos a las invitaciones del Espíritu Santo y permitimos que Jesús sea tanto nuestro Salvador como nuestro Señor, las actitudes de orgullo e importancia autoinflada dan lugar a la humildad y la sumisión. La palabra de Dios se convierte en nuestra guía, y el servicio y la testificación se vuelven nuestra pasión. La unidad es producto de corazones convertidos, anclados en la Palabra de Dios y entregados al servicio de Cristo.