¿Qué significa redención en la Biblia?

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Leí una vez el relato de un hombre llamado James Bowie, un mercenario norteamericano que se dedicaba a la trata de esclavos en el Caribe. 

En cierta ocasión contempló una escena que le llenó de furia. Un hombre blanco, alto y fornido, tenía a un hombre negro amarrado a un árbol y lo azotaba una y otra vez despiadadamente.

La sangre de Bowie hervía mientras veía a aquella víctima casi inconsciente, siendo de esa manera maltratada. 

—¡Cualquiera que trate así a sus esclavos debiera ser fusilado! ‒le gritó al hombre mientras tomaba su fusta para darle una probada de su propia medicina‒.

El hombre tomó el extremo del látigo y cruzaron miradas amenazantes.

—No te incumbe lo que yo haga con mi esclavo.

—Se vuelve mi incumbencia cuando veo tanta crueldad ‒replicó Bowie‒.

—¡Este esclavo no quiere trabajar, recibió su merecido! ‒se excusó el hombre blanco mientras le daba una patada al esclavo‒.

—Nadie merece lo que le hacías. Suerte que llegué, de otra manera estaría muerto. ¿Cuánto quieres por él?

—No está en venta.

—Si es un esclavo inútil deberías estar contento de deshacerte de él. ¿No crees? 

—Te lo doy por 1.200$ ‒dijo el dueño‒.

Bowie no demoró. Sacó su cartera y escribió un cheque por esa cantidad. 

Con lágrimas en sus mejillas, el hombre negro le dijo: —¡Dios lo bendiga, amo! ¡Con Dios de testigo, le seré un buen esclavo!

Y más que un buen esclavo, Sam llegó a ser un amigo para Bowie; dispuesto a hacer cuanto fuera por el hombre que le salvó la vida.

Este relato ilustra bien algunos aspectos de lo que significa “redención” en el Nuevo Testamento. Pero debemos comenzar mirando el trasfondo del AT y especialmente de las leyes de la Torá.

Redención en Israel

Los verbos hebreos gaal y padá se traducen como “redimir” en el Antiguo Testamento. Este juega un papel protagónico en las leyes del pentateuco, y es teológicamente clave para la temática central de los libros de Éxodo y Rut. 

En Israel el concepto de redención era en realidad bien conocido antes de que los autores del Nuevo Testamento lo aplicasen a la obra de Cristo. El uso de este término era común en la jerga popular puesto que su significado nos ubica en el sector comercial de la sociedad israelita.

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Si bien es cierto una “redención” está asociada con una compra, esta última palabra no agota el significado de la primera. No es una adquisición sino una re-adquisición de aquello que por derecho propio o familiar le pertenecía al individuo.

Uno de los primeros usos del término se da en Éxodo 13, donde el Señor instituye la redención de los primogénitos en Israel. 

Puesto que Dios los redimió a ellos de Egipto, constituyéndose así en el redentor por excelencia (Éxodo 6:6, Deuteronomio 9:26, 15:15), todo primogénito que nacía le pertenecía. Tanto de los hijos como de las bestias.

Pero declaró que los padres podrían redimir al niño pagando el precio establecido (Éxodo 13:13). Un eco de esta práctica lo apuntamos en Lucas 2 cuando María y José van al templo para dedicar al niño llevando dos palomas. A la verdad, estaban pagando el precio de su redención. 

Dios redime a Israel porque éste le pertenecía por derecho, y aparece para recobrar su posesión. También los padres podían redimir a sus hijos haciendo uso de su derecho de parentesco.

Lo mismo sucede con las propiedades vendidas, los esclavos, las posesiones de un pariente cercano, y buena cantidad de otras cosas. 

Inclusive, la trama del libro de Rut gira en torno a esta práctica cultural. 

Noemí había perdido su familia en Moab, regresa a Belén muy escasa de recursos, su nuera Rut conoce a Booz (quien era casi el pariente más cercano de la familia), y le pide que la redima a ella y a todo cuanto era de la familia de Noemí haciendo uso de su derecho como pariente redentor (o “goel”, como se conoce en el AT).

El redentor, por tanto, más que un comprador era quien adquiría o re-adquiría algo haciendo uso de su título de propiedad o su derecho como pariente más cercano de un fallecido.

Sin embargo, más tarde la redención llegó a ser sinónimo también de liberación. Por el mismo hecho de que cuando un pariente redentor redimía a un esclavo, no era para tenerlo como esclavo, sino para darle libertad. También porque representaba el rescate de algo que por alguna razón se perdió, pero ahora vuelve a su legítimo dueño.

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Por ello en pasajes como Salmos 19:14, 106:10, Isaías 41:14 y 43:14 Dios se relaciona con los individuos como su redentor, porque es quien libra, quien rescata, quien socorre a su posesión adquirida. 

También Isaías 35:9 puede referirse a los que serán salvados como los “redimidos”: Dios habrá concretado el rescate final de ellos, los habrá comprado para darles eterna libertad. 

Por esto concluimos que en el AT el término redención puede tener al menos 3 sentidos: 1) Rescatar o comprar de nuevo propiedades o esclavos, 2) liberar de cautividad física y 3) como sinónimo de salvación, auxilio o socorro.

Es este trasfondo cultural y canónico el que constituye el antecedente para el uso y la aplicación que adquiere el término en el NT.

La redención en el Nuevo Testamento

Todo aquello que se venía ilustrando desde los tiempos de la liberación de Israel de Egipto adquirió un significado mucho más trascendente con la venida de Jesús al mundo.

Sabemos que el pueblo de Israel estaba aguardando con muchas expectativas la “redención” prometida (Lucas 1:68, 2:38), que no era más que la nueva liberación física o política del yugo romano, como lo había sido antes con Egipto y Babilonia.

La diferencia es que la esperanza estaba fijada en una redención mayor, con la venida del mesías como libertador, poniendo a Israel por encima de todas las naciones.

Algunos pensaron que Jesús sería este redentor, y se chasquearon al ver que no se cumplieron sus anhelos (Lucas 24:21), aun sus discípulos confundieron la misión de Jesús (Hechos 1:6).

Pero hemos de notar que el pueblo efectivamente esperaba una redención, redención de la esclavitud. Y se chasquearon. Más tarde los apóstoles predicarán que sí ocurrió una redención, pero diferente de la que ellos estaban esperando.

El NT aclara que no solamente son redimidos los esclavos o las propiedades. ¡Todos los seres humanos necesitamos de la Redención! (con r mayúscula).

Adán, como mayordomo de Dios, al principio de la historia del mundo firmó un contrato donde transfería todas las propiedades de Dios sobre la tierra a la cuenta de Satanás, incluyendo la vida de cada ser humano (véase Lucas 4:6). 

Satanás actúa como el hombre blanco de nuestra historia. Nos ha esclavizado, nos ha oprimido sin piedad, nos ha humillado y amarrado a un árbol azotándonos hasta cubrir nuestro cuerpo de sangre. Eso ha hecho él con el mundo.

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Así, los autores concuerdan en que desde el momento en que nacemos somos esclavos del pecado, vendidos al pecado, le pertenecemos a él (Juan 8:34, Romanos 6:17, 7:14, 2 Pedro 2:19-20, 1 Juan 3:8).

Pero Dios, como legítimo dueño, puede hacerse nuevamente de su posesión pagando el precio indicado. Como a Bowie, no le importó el costo que fuera necesario pagar para arrebatar a sus hijos de la mano de aquel insolente.

Para eso Jesús vino al mundo. No para liberar a Israel de la esclavitud, sino para pagar el precio de la redención del pecado de toda persona que ha pisado y pisará este planeta. ¿Cómo lo hizo? Su sangre fue el costo (Efesios 1:7, 1 Pedro 1:18-19). 

A través de su sacrificio Jesús actúa como nuestro pariente redentor, y nos redime como su posición adquirida (Efesios 1:14, Romanos 3:24). Él deposita su sangre, cura nuestras heridas, nos monta en su caballo, y nos lleva a su hogar: Libres al fin.

La redención significa que hemos dejado de ser hijos del diablo (Juan 8:44). Dios ha pagado el precio para hacernos, una vez más, ahora por redención, sus preciosos hijos (Romanos 8:14-17).

Y así como Sam ya no fue un esclavo sino un amigo, Dios no nos llama esclavos, sino amigos (Juan 15:14-15). Dios nos rescata de la esclavitud para hacernos miembros de la familia real y coherederos con Cristo.

En ese momento, hemos sido sellados por Dios para el día final de la redención (Efesios 4:30). Porque aunque la redención se efectúa cuando aceptamos la promesa de salvación convirtiéndonos en la posesión adquirida, el día final de la redención aún está por venir. 

En ese día el pecado y Satanás serán estopa, nosotros quedaremos para siempre librados de sus consecuencias, la creación entera volverá a las manos de su verdadero dueño, y todo cuanto existe reflejará una vez más la perfección inmaculada de Jesús, nuestro amante pariente redentor.

Recibe hoy por la fe la redención en su sangre, y en aquel día recibirás tangiblemente la redención en su gloria.