¿Qué es el gozo según la Biblia?

qué es el gozo según la biblia

Imagina que un día, al abrir tus ojos y levantarte de tu cama, percibes que algo anda mal… Tienes una sensación de vacío, de ausencia emocional. 

Repasas la lista de deberes que tienes para el día, y no sientes estrés. Le das un beso a tu pareja, y no sientes afecto. Tu hijo se acerca y te abraza, pero no sientes alegría. Te dan una noticia muy grave, y no sientes tristeza.

Simplemente, no hay nada. No hay emociones. Tu cuerpo reacciona como debería de acuerdo a tu situación emocional (el corazón se acelera, el estómago cruje, las mejillas se ruborizan), pero parece estar completamente desconectado del cerebro. 

Esta enfermedad se conoce como alexitimia. La incapacidad de sentir, o de poder verbalizar las emociones. Y es resultado de una deformación en las conexiones neuronales de ambos hemisferios del cerebro. 

En algunos casos se ha observado una masa de neuronas más densa de lo normal en el puente comunicativo entre ambos sectores, y esto ocasionaría algo semejante a la interferencia radial. 

Los «alexes» pueden estar de pie en el altar de su boda o ver a su hijo recién nacido, y no sentir absolutamente nada. Pero esto no deja de tener ciertas ventajas: la insensibilidad ante el dolor, y la posibilidad de tomar decisiones más racionales.

Una vida sin emociones… Para mí es difícil de imaginar. 

Ahora me hago una pregunta. Si los «alexes» no pueden sentir alegría, por ejemplo, ¿son capaces de experimentar el gozo bíblico? Interesante… ¿Es el gozo del cual habla la Biblia una emoción? ¿Una actitud consciente? ¿Algo sobrenatural? ¿O todo junto? ¡Veamos!

Razones para tener gozo

En la vida hay muchas razones para tener gozo. Esto si lo entendemos como el “placer, alegría, emoción por lo que es favorable o apetecible”. 

Compartir un buen rato con la familia, disfrutar con las amistades, hacer lo que nos gusta, comer algo exquisito, viajar, la satisfacción de alcanzar las metas, el amor, ¡y tantas otras razones! Hay cosas buenas en la vida, cosas que traen gozo y alegría a nuestro corazón.

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La Biblia relaciona la emoción del gozo con las celebraciones (1 Crónicas 29:22, 2 Crónicas 20:27, Ester 8:17), la prosperidad (Salmos 65), la adoración y el servicio a Dios (Salmos 16:11, Lucas 10:17), la comida, el alimento y el trabajo (Eclesiastés 2:24), etc…

¡Esas cosas de la vida son totalmente positivas! Y gozarse con ellas es casi instintivo en nosotros.

Ahora bien, el detalle es que aunque la Biblia relaciona el gozo con estas cosas, de ninguna manera lo ve como exclusivo de ellas. Todo lo contrario, ¡contempla la posibilidad del gozo en todo momento y circunstancia! Aún las más apretadas. 

Observemos que el Señor Jesús, haciendo la proclama de los principios de su reino, termina animando a sus seguidores a gozarse y alegrarse cuando sean perseguidos, vituperados y calumniados por causa del evangelio (Mateo 5:11-12).

«Señor Jesús, esto se lee fácil; pero parece irreal. Sentir gozo en los momentos de alegría y felicidad es normal, pero ¿cómo puedo sentir gozo cuando padezco? Uno podría decir “estoy gozoso” de los labios para afuera, pero para sentirlo en verdad, lo veo complicado»

Debido a eso, definir el gozo como una emoción de alegría y placer, dificulta la comprensión de este texto y otros. Por tanto nos corresponde reevaluar qué es lo que significa el gozo bíblico.

La naturaleza del gozo bíblico

Cuando Dios liberó a Israel de Egipto era natural que aquellos ex esclavos se sintieran alegres por los últimos hechos acontecidos. Después de largas décadas de opresión, ahora sus cadenas eran rotas. 

El salmista dice que Dios “sacó a su pueblo con gozo; con júbilo a sus escogidos” (Salmos 105:43), y esto concuerda perfectamente con el relato de Éxodo 15. 

Los hijos de Israel han cruzado el mar rojo y María los dirige en una alabanza que, según imaginamos, no fue para nada lóbrega; sino llega de gozo y júbilo, tal cual lo describe el salmista.

Lo que nos es interesante es la condición del pueblo. No eran esclavos, pero tampoco se habían asentado en Canaán: Peregrinaban por el desierto. 

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Tenían motivos para estar felices porque habían sido libertados, pero el camino todavía sería muy largo. Estaban en el desierto, y mientras tanto se gozaron anticipando su llegada a la tierra prometida. Esto es lo mismo que dice Isaías acerca de los que volverían de la cautividad babilónica (Isaías 35:10, 51:11).

En el boceto que estamos elaborando del gozo bíblico entonces debemos destacar una característica distintiva. No se trata meramente de una emoción producto de cosas favorables, sino también de la expectativa de las cosas venideras.

El gozo bíblico no es solamente una emoción presente. Es también la promesa de un futuro de luz y esperanza. Los israelitas podían gozarse al anticipar su llegada a Canaán mientras aun vagaban en el desierto, y los cautivos podían alegrarse en la promesa futura de su retorno.

Esta clase de seguridad en cuanto a lo futuro está presente también en la última parte del texto que citamos arriba; Jesús les anima a gozarse porque “su recompensa es grande en los cielos” (Mateo 5:12).

Esto implica que según la Biblia la perspectiva mayor y más abarcante fundada en la esperanza que tenemos, es un motivo suficientemente fuerte para cultivar y retener el gozo en el corazón. Este no viene siendo un gozo emocional, sino un gozo fruto de la convicción.

No nos sorprende, entonces, que Pablo se refiera a la esperanza de la vida eterna como el único motivo válido para sobreponerse a los peligros presentes (1 Corintios 15:30-32).

Sin embargo, dudo que la esperanza pueda ser el todo del gozo bíblico. Es una parte importante, sí; pero no lo es todo.

Si yo estuviera preso, y creyera que en algún momento me dejarán salir y volver a mi hogar junto con mi familia, esa convicción de esperanza seguramente me ayudaría a perseverar día tras día; pero no necesariamente me haría feliz en el presente.

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El gozo bíblico no es únicamente una convicción esperanzadora; es también un milagro. 

Los creyentes en Tesalónica reciben el encomio del apóstol porque a pesar de las tribulaciones, recibieron la Palabra de Dios con el gozo del Espíritu Santo (1 Tesalonicenses 1:6). ¿De quién? Del Espíritu. 

Pablo estimula a los filipenses a gozarse en el Señor (Filipenses 3:1, 4:4). ¿En quién? En el Señor. Esto no es un gozo natural humano, ¡es un milagro Divino! El gozo bíblico nace de lo que Dios ha hecho, está haciendo, hará en el futuro, y lo que hace en mí.

Por eso, estando preso, Pablo puede decir que “se goza y se regocija” con ellos, y les llama a hacer lo mismo junto con él (Filipenses 2:17-18).

Por eso puede ser sincero y a la vez afirmar que a veces está entristecido pero siempre está gozoso (2 Corintios 6:10). La tristeza como emoción no es incompatible con el gozo bíblico, pues éste no es una sensación, es una convicción y un poder que obra e infunde vida en toda circunstancia.

El gozo bíblico no se afirma de los labios para afuera, ni tiene que ver con “actúa siempre como si estuvieras feliz; no expreses lamentos, no te quejes”. 

¡No! Es un fruto de la obra del Espíritu en el corazón del creyente (Gálatas 5:22), confirmando en él el amor de Jesús que es más fuerte que la muerte misma, y que llena la vida de esperanza y valor. 

A veces estaremos tristes, es cierto. Pero aun en medio de la tristeza, el gozo de Dios está allí, dentro de nosotros, inconmovible, para impulsarnos hacia adelante con fe y alegría.

Por tanto, concluimos: Sí, hasta los «alexes» pueden experimentar el gozo bíblico. 

¿Es un sentimiento? Sí. Pero mucho más que eso. ¿Es una esperanza? Sí, pero viva en el presente. ¿Es una actitud? Claro, aunque de origen sobrenatural. ¿Es Cristo en el corazón? Absolutamente.