Por nada estéis afanosos

por nada estéis afanosos

Se dice que mientras que la depresión es el exceso de pasado y el estrés es el exceso de presente, la ansiedad es el exceso de futuro. 

En realidad, el estrés y la ansiedad están en buena parte interrelacionados, y se tratan en conjunto. Sin embargo, el estrés es entendido principalmente como una reacción físico-psicológica orientada a la resolución de una situación de urgencia que el organismo interpreta como insuperable en condiciones normales.

Por otro lado, la ansiedad es definida como una actitud del componente psíquico del ser, principalmente, causada por la expectativa absorbente y perjudicial en cuanto a eventos futuros. Puede llegar a ser patológica, y dar lugar a una situación de estrés permanente.

El problema es que la frecuente exposición del cuerpo a los efectos de ambos trastornos puede dar lugar a la aparición de varias enfermedades producto de la liberación abundante de las hormonas cortisol y adrenalina en el cuerpo.

Así, el estrés y la ansiedad están asociados con problemas como:

*Aparición de eccemas y urticarias en la piel debido a que el cortisol estimula la segregación de histamina. 

*Agravamiento del acné. 

*Generan consecuencias a largo plazo producto de la relegación a segundo plano de actividades como la digestión y la regeneración de tejidos, entre muchas otras. 

*Sufre el sistema inmunológico, quedando expuesto a la aparición o agudización de enfermedades.

*Caída del cabello debido a la absorción de oligoelementos y aminoácidos, que estrechan las arterias y dificultan la circulación al cuero cabelludo.

*Problemas digestivos, puesto que el aparato digestivo posee gran cantidad de terminaciones nerviosas que se ven afectadas por los bruscos altibajos emocionales.

*Trastornos del sueño. 85% de los casos de insomnio son producidos por estrés o ansiedad. 

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*Sufre el corazón, y se acelera el envejecimiento.

Sería difícil intentar encontrar una diferencia sustancial de estos dos trastornos con el concepto bíblico del «afán». El afán es definido como el anhelo vehemente por lograr o conseguir algo, así como entregarse a una actividad con todo el interés posible.

Según la Biblia, “afanarse” tiene que ver con el estrés o la ansiedad que orientan la totalidad del pensamiento y las acciones a la resolución de un conflicto, el alcance de un objetivo o la satisfacción de una necesidad. Una preocupación excesiva que esclaviza al hombre.

El Señor sabe lo perjudicial del estrés y el afán sobre el cuerpo y la mente del ser humano; por eso procura ahorrarle las consecuencias. Así que Pablo, en lenguaje moderno, aconseja a los creyentes de filipos: «No se estresen por nada» (Filipenses 4:6).

La cuestión es, ¿cómo puede una persona lograr esto en pleno siglo XXI, donde el estrés es el pan de cada día?

En primera instancia el creyente ha logrado distinguir entre las cosas urgentes y las cosas importantes

Lo urgente son las necesidades de esta vida, afanes que han esclavizado desde hace siglos a los hombres. Vivir para estos afanes, es semejante a no vivir. Estas preocupaciones sólo malogran nuestra salud, y sus beneficios son fugaces

Por otro lado, las cosas importantes son aquellas que tienen valor eternal. Estas no ensimisman al hombre, ni mucho menos lo esclavizan. Tampoco brindan beneficios pasajeros. Prestar atención y preocuparse por estas cosas es vida, “paz y gozo en el Espíritu Santo” (Romanos 14:17).

Después de haber comprendido la diferencia entre lo urgente y lo importante, el cristiano puede afanarse en lo más importante, y confiar en manos de Dios lo urgente.

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El creyente cumple con sus responsabilidades, pues Dios no hará por él lo que él es capaz de hacer. Pero no se angustia por lo que escapa de sus manos; sencillamente, siguiendo el consejo del apóstol, delega todo lo que turba su corazón en oración, ruego, y acción de gracias.

La oración es fuente de paz para el creyente. En ella escucha la voz de Dios que le dice «tranquilo, hijo. Yo me haré cargo».

Busca primero el reino de Dios (Mateo 6:33), entrégale tus afanes temporales, y al hacerlo, recibe la paz “que sobrepasa a todo entendimiento” y guarda nuestros pensamientos en Cristo Jesús (Filipenses 4:7). 

¡Dile NO al estrés y escoge la mejor parte! La parte del Señor (Lucas 10:42).

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