La vanidad en la Biblia

La vanidad en la Biblia

Siempre he dicho que no quisiera pasar de los 60 años. No deseo llegar a una condición en la cual me toque depender de otras personas, y mucho menos colocarlas en situaciones un tanto incómodas por no poder valerme por mí mismo.

Pensando un poco en eso, vienen a mi mente algunas personas de edad avanzada que conozco. Mi abuela paterna, por ejemplo, cumplió el pasado agosto 95 años; todavía camina y está llena de vitalidad. En una pizzería se asombraron cuando llegamos con ella a comer. 

También la hermana Hermenegilda López, una morena que ronda los 80 años, pero que no ha perdido su espíritu jovial. Pasar un rato con ella es reírse bastante escuchando sus cómicas expresiones y chistes. No se cansa de contarnos las ocasiones cuando, al llegar al cierto lugar, su amigo Jaime decía: «parece que se oscureció el día… ¡ah, llegó Hermenegilda!».

Si llegase a la vejez, quisiera que fuese así. Alegre, satisfecho, con ánimo y pasión de hacer las cosas, todavía con una fuerte y clara razón de existir. Tal como mi amiguita María Ortigoza, de 80 años, que todos las tardes camina de aquí para allá sembrando la semilla del evangelio.

Si llego a esa edad, estas 3 damas me dan mucha esperanza. A mi parecer, se puede decir que aprendieron a vivir.

Todo lo contrario fue la vejez de Salomón: sombría, pesimista, llena de arrepentimientos y desaires…

Fue por aquellos años que, al volverse al Señor después de su gran debacle, Salomón empezó a reflexionar en que la vida era “vanidad de vanidades, todo es vanidad”.

De hecho, Salomón usa más veces el término hebel (“vanidad”) que todos los libros del AT juntos. ¿Te imaginas llegando a la vejez con el pensamiento de que todo en esta vida es así, nada más que vanidad? De seguro no serías el abuelo más querido. 

Pero, ¿por qué Salomón llegó a esta conclusión? ¿Qué significa para él “vanidad”? Y más allá de eso, ¿qué significa en la Biblia?

La vanidad en Eclesiastés

Hebel es por mucho el término clave del libro de Eclesiastés. Allí aparece en total casi 40 veces, lo que es sorprendente para un libro que solo tiene 12 cortos capítulos. Pero, ¿a qué se refiere?

El hebreo hebel literalmente significa «vapor de humo» o «aliento» (Salmos 62:9). Figurativamente, señala a algo transitorio, pasajero, sin sustancia, insatisfactorio, engañoso o vano. 

Esta descripción es aplicada en el libro a cantidad de cosas distintas. Entre ellas,  la obra hecha con las manos; riquezas, bienes y honra (2:11, 15; 5:10, 6:2), la alegría (2:1; 6:9), la sabiduría (2:15), el habla (6:11), la existencia humana (2:12, 3:19), la muerte (“días de las tinieblas”, 11:8), y la injusticia en la retribución (8:10, 14).

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Esto hace que la mejor manera de entender el significado de hebel para Salomón sea, como algunos han dicho, «absurdo». El reclamo de Salomón es que a la luz de la muerte todo es incomprensible. Todo es vano.

Sin embargo, no hemos de entender esto como si de un texto cínico se tratase. En su lugar, el predicador o maestro (heb. Qohélet) reúne una asamblea para resumir las conclusiones de sus observaciones. 

Él ha estudiado cabalmente los sucesos de la vida y los ha hallado absurdos, incomprensibles: hebel (caps. 1-6). Pero en la segunda sección (caps. 7-12) el predicador comienza a desentrañar el mensaje central de su libro: la vida solo tiene sentido en Dios. 

De esa forma el predicador contrasta lo vana que puede ser la vida cuando se descarta de ella el único elemento integrador que le confiere sustancia y satisfacción, Dios. Así llega a dos conclusiones principales: 1) Necesitamos aprovechar todas las bendiciones temporales que la vida nos ofrece, como dones de Dios; y 2) El gozo duradero y la vida con sentido se encuentran en el Señor. 

En Eclesiastés Salomón acaba presentando una perspectiva realista y profunda de la vida, en contraste con la perspectiva de la escuela de sabiduría simplista e ideal que presenta Proverbios. Es un libro para leer y meditar, su mensaje es absolutamente pertinente.

Así que en el uso que Salomón le da, “vanidad” es algo absurdo y sin sentido. Ahora bien, este breve repaso de la vanidad de Eclesiastés desentraña para nosotros solo una parte del significado de este término. Todavía falta camino por recorrer.

Un panorama más amplio sobre la vanidad

Si te pido que definas la “vanidad”, ¿cómo lo haces? No es tan fácil, ¿verdad? Pues hay al menos varias maneras como entendemos esta palabra. La Biblia la usa en al menos tres sentidos. Y el primero de ellos ya lo hemos descrito, la vanidad como sinónimo de algo incomprensible o absurdo.

Los otros dos usos principales que presentaremos a continuación son diferentes, aunque parten de una misma raíz: algo tonto, nulo o vacío. 

Algunos de los vocablos bíblicos adicionales que se traducen por “vanidad” o sus derivados aparte de hebel son shav (Éxodo 20:7), epha (Isaías 41:24), riyk (Salmos 73:13), mataiotes (Efesios 4:17, Romanos 8:20), y precisamente transmiten esta raíz principal.

En el siguiente sentido que nos compete, hablamos de “vanidad” como sinónimo de presunción, arrogancia y soberbia. Sobre esto la Biblia tiene mucho para decir, y puedes leerlo también en nuestros artículos El orgullo en la Biblia y La soberbia en la Biblia.

La persona vanidosa está vacía, vacía de lo que es verdaderamente importante. Ha creado en su mente un concepto sobre exaltado de sí misma (Romanos 12:3), que trae por consecuencia una actitud arrogante, comúnmente despreciando a los demás, y que considera merecer todo lo bueno. Es impulsada por el deseo obsesivo de sobresalir por encima de los demás, captar la atención y recibir alabanza.

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En poco difiere de los sinónimos mencionados arriba. Sin embargo, “vanidad” podría añadir un matiz ligeramente diferente. La vanidad por lo general implica fijación con las cosas más superficiales de la vida que están, según su manera de pensar, relacionadas con la valía personal. 

La belleza, el vestido, las riquezas, las apariencias, la posición, la fama, la gloria del mundo y los talentos es lo que atrae la atención de la persona vanidosa; pues lo que tiene verdadera importancia no lo puede alcanzar. Por lo que se refugia buscando estas cosas para poder mantener su sobre estima personal. A su vez, juzga a las personas sobre esta misma base. 

Algunas versiones traducen textos como 2 Reyes 14:10, Job 35:12-13, Salmos 62:10, Salmos 131:1, 1 Corintios 4:6, 10, 2 Corintios 11:20, Gálatas 5:26, Filipenses 2:3, Colosenses 2:18, 1 Timoteo 6:4 y 2 Timoteo 3:4 con el término “vanidad” o derivados, usándolo en este sentido. 

1 Juan 2:16 advierte en contra de dejarse llevar por la “vanagloria de la vida”, lo cual “no procede del Padre” (ver tb. Marcos 7:22). Y entre las características del amor descrito por Pablo en 1 Corintios 13 se cuenta “no se envanece” (1 Corintios 13:4). 

En el evangelio de Mateo Jesús advirtió en contra de la actitud vanidosa en 6:2, 5, 16, 19, 7:3-5, 20:25-28 y 23:5-12. Y a esta serie de textos puedes añadir los mencionados en los otros dos artículos citados arriba. 

El segundo uso, representado por la gran mayoría de las veces que “vanidad” aparece en la Biblia, se refiere a la cualidad de aquello que es transitorio, insustancial, falso, irreal, meramente terrenal y por ello perecedero, sin valor.

Por lo amplio de su significado, la “vanidad” puede ser atribuida a varios objetos. Se usa para hablar de:

La vida del ser humano (Salmos 144:4)

Los ídolos y sus obras (Isaías 41:24, 29, 44:9)

La confianza inútil que se puede tener en ellos (Isaías 59:4, Jeremías 14:22) y en otras cosas terrenales (Job 15:31)

Toda preferencia antes que la obediencia a Dios (2 Reyes 17:15)

Las costumbres idólatras de los pueblos (Jeremías 10:3, Deuteronomio 32:21, Hechos 14:15)

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Los mensajes de los falsos profetas (Jeremías 14:14, Zacarías 10:2)

Las palabras (Salmos 144:8, 11) y discusiones (1 Timoteo 1:6-7, Tito 1:10)

Los pensamientos (Efesios 4:17)

Razonamientos de sabiduría humana (1 Corintios 3:20)

La adoración (Isaías 1:13, Mateo 15:9) y la fe (1 Corintios 15:17, Santiago 1:26)

O algo que simplemente no tuvo razón de ser o fue sin resultado (Salmos 127:1, 1 Corintios 15:58, Filipenses 2:16, 1 Samuel 15:21, Job 21:34, Salmos 73:13).

Al final la conclusión en la misma: todo en este mundo es pasajero, y todo aquello donde Dios es despojado de su lugar central, se vuelve mera vanidad. Sin tener al único que es “la verdad” (Juan 14:6) como referencia, no hay sustancia, ni valor, es como un vapor de humo; es como nada. 

Por eso Pablo decía a los habitantes de Listra que necesitaban convertirse de las “vanidades al Dios vivo” (Hechos 14:15). Mientras que sus prácticas religiosas no eran más que costumbres terrenales vanas y sin sentido, Dios es real y su servicio es eficaz; es eterno y la vida de sus hijos no es pasajera, sino tan eterna como él.

Pero nota que, tal como lo dice la escritura, incluso la fe y la adoración a Dios pueden llegar a ser vanidad. 

Tres razones pueden hacer vana la fe: 1) si esta no va acompañada de acciones, obediencia, obras de amor (Santiago 1:26, 2:20). 2) en caso de que después de haber creído, seamos seducidos y desviados de la fe pura a cualquier forma del error (Gálatas 3:1-5). 3) Cuando, después de haber aceptado el evangelio, se desiste de continuar perseverando en él (1 Corintios 15:2).

La adoración a Dios también puede ser vanidad cuando: 1) es parcial o hipócrita (Mateo 15:9, Isaías 1:13, 58:3-4, Hechos 5:1-2); o 2) no es tributada según los dos requisitos específicos del Señor: en espíritu y en verdad (Juan 4:24, 1 Corintios 14:14-15).

Conclusión

La Biblia habla mucho acerca de la vanidad, y lo hace de maneras diferentes. En este artículo exploramos de manera general 3 de los usos principales que se le dan al término: 1) en Eclesiastés, algo absurdo o incomprensible; 2) sinónimo de orgullo, jactancia o presunción; y 3) la característica de algo sin sustancia, terrenal, sin permanencia ni significado.

Como lo indicó Salomón, solamente unidos a Dios la vida tiene sentido y trascendencia. Él es quien le da significado, y el único en quien podemos apoyar nuestro brazo con seguridad, pues no es un vapor de humo. Es vivo, real y poderoso.

Hasta nuestra fe y adoración podrían llegar a ser vanidad, ¡a menos que encuentren en él su sustancia! Esa es nuestra garantía.