¿Hay poder en nuestros pensamientos?

hay poder en nuestros pensamientos

Ha sido pastor en iglesias importantes de los Estados Unidos por más de 30 años, en 2014 fue nombrado líder de negocios #1 del país por la Americana Management Association;  revistas como Bussiness Insider e Inc. Magazine lo han nombrado el experto en liderazgo de mayor influencia mundial… ¿Ya sabes de quien hablamos?

Otras pistas: algunos de sus más de 80 libros han pasado del  millón de copias vendidas, y sus organizaciones han ayudado a entrenar 6 millones de líderes en 190 países.

¡Oh, claro, es John C. Maxwell! Experto en liderazgo, pastor, conferencista, entrenador y prolífico autor. Quien aún a sus 73 años tiene mucho para darle al mundo. 

Este hombre realmente es un maestro en gestión de potencial humano. Cuando él habla, la gente escucha. 

Sería muy bueno entonces escuchar lo que tiene para decirnos en cuanto a este tema, pues en 2004 publicó un libro llamado precisamente Piense, para obtener un cambio

En ese libro Maxwell cuenta el siguiente relato:

Un hombre entró a la carpa de una adivina en una feria y le pagó para que le leyera las manos.

—Veo muchas cosas ‒dijo.

—¿Cómo qué? ‒le preguntó el hombre.

—Usted será pobre e infeliz hasta los 45 años.

—Oh… ‒expresó apesadumbrado el hombre‒ ¿Y luego de los 45 años qué ocurrirá?

—Se acostumbrará. [pág. 27]

Alguien que viva pobre e infeliz durante tantos años, sin duda seguirá pensando como un pobre e infeliz por el resto de su vida, a menos que se esfuerce por revertirlo. 

En realidad la premisa principal del libro y toda su argumentación gira en torno a la convicción del incalculable poder del pensamiento en el desarrollo humano. En la página XV Maxwell cita a frases como estas:

La vida se compone de aquello en lo que el hombre piensa todo el día” —Ralph Waldo Emerson.

Hoy estás donde tus pensamientos te han traído, mañana estarás donde tus pensamientos te hayan llevado” —James Allen

Y el mismo James Allen dijo también: “Serás tan pequeño como el deseo que te controle, o tan grande como la aspiración que te domine

Así que hay suficiente base como para preguntarnos seriamente la magnitud del poder de los pensamientos para definir el éxito, la felicidad y el destino de una persona; pero, ¿es esto así? Y ¿tienen relevancia también en la vida espiritual?

La facultad de pensar

Como seres humanos, lo principal que nos diferencia de los animales y demás seres vivos es nuestra condición de seres racionales. El creador nos otorgó el regalo de poder decidir, pensar, recordar, dar forma a nuevas ideas, manipular conceptos abstractos y demás…

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Esto es un precioso privilegio, que comúnmente lo damos por sentado. Pero piensa (solo porque puedes hacerlo) por un momento en todo lo que significa tener la posibilidad de pensar. 

A través del pensamiento poder dar origen a cosas inexistentes; ser capaces de fabricar e innovar, poder diseñar representaciones en nuestra mente uniendo o modificando elementos de nuestra realidad… Es realmente asombroso.

Ahora bien, no solamente la imaginación se encarga de la producción de los pensamientos; interactúan también varias funciones mentales como los recuerdos, el procesamiento de información y el análisis del medio. El asunto es que nuestra mente jamás está vacía.

En fracciones de segundo la consciencia se mueve por cantidad de campos cerebrales encargados de una u otra función, generando que la mente esté en constante actividad. Podemos estar recordando, procesando, imaginando, pero siempre estamos pensando. El pensamiento no descansa, al parecer, ni siquiera cuando dormimos.

Pero hablar del pensamiento conlleva afirmar que no solamente puede ser una bendición, sino también una carga pesada. Nuestra felicidad o nuestra desdicha, éxito o fracaso, dependerá de la manera como lo administremos.  

Con ellos cambiamos nuestras acciones, cambiamos nuestros sentimientos, cambiamos nuestro carácter y cambiamos nuestro futuro. Con ellos cambiamos el mundo y la realidad. Con ellos construimos o destruimos, pero todo comienza con el pensamiento.

Todo cuanto hacemos, todo lo que acontece en este mundo deja pistas que al estudiarlas rigurosamente conducen siempre al mismo lugar: el pensamiento. Consciente o inconscientemente, nuestros pensamientos son lo que somos.

Ya el sabio Salomón lo había dicho en Proverbios 23:7 “Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él”. Si sumamos los pensamientos del hombre, el resultado será lo que él es. 

También Proverbios 12:2, 5 demuestra que los pensamientos son las células que componen el carácter del hombre, sea bueno o sea malo.

Si cultivas pensamientos negativos, si traes a tu mente recuerdos dolorosos, si constantemente limitas tus ideas, si te condicionas con tu mente, si procesas las ideas desde paradigmas pesimistas, ¿Cuál será el resultado? Y esto aplica para cualquier punto de vista que domine nuestro pensar.

Quiere decir que, como bien lo había expresado James Allen, nuestros pensamientos pasados nos han convertido en lo que somos hoy, y los pensamientos de hoy nos convertirán en lo que seremos después.

¿Hay poder en el pensamiento? Por lo que hemos visto, la respuesta es muy clara. Efectivamente, hay mucho poder en nuestros pensamientos. 

Y en este contexto no podemos pasar por alto que, incluso, la vida eterna comienza o termina en el pensamiento. 

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Una batalla por la mente

Si los pensamientos son las raíces del carácter, las palabras y acciones, si los pensamientos incluso dominan los sentimientos, entonces estos tienen un papel preponderante en el transitar de la vida cristiana. Del buen dominio de estos dependerá en gran parte nuestra salvación.

Una persona que sabe gestionar e impulsar sus pensamientos para su propio beneficio y su salud mental, que aplica las medidas correctas para proteger su mente de influencias perniciosas mientras la llena de elementos positivos y espirituales, verá cómo redunda eso en bienestar para su caminar con Dios.

Pero si por el contrario, el individuo deja sus pensamientos a la deriva y no los gestiona de manera consciente, si permite que ellos lo dominen a él y no al contario, notará rápidamente cómo su vida espiritual se ve perjudicada por ello.

¿Por qué es esto así?

 Ya hemos hablado en varias ocasiones que el ser humano es por naturaleza pecador y está separado de Dios. Pero cuando nos preguntamos qué es naturaleza la definimos como la esencia y propiedad característica de cada ser; el carácter o temperamento. Pero todo esto, desde el punto de vista antropológico, se halla en la mente.

Es decir que, afirmar que el hombre es por naturaleza pecador equivale a decir que su mente está pervertida y condicionada por el pecado. Es pecador de mente. Somos pecadores y por ello pensamos en el pecado, hablamos pecado y hacemos pecado. ¡El problema está en la mente!

Y aunque Pablo en Romanos 7 se exprese diciendo que en su mente se deleita en la ley de Dios (v. 22), pero ve otra ley (la del pecado) en sus miembros (v. 23), debemos entender sus palabras a la luz de la concepción negativa de la carne o el cuerpo humano en la Biblia.

Pero en realidad la lucha entre el pecado y la santidad se encuentra en la mismísima mente. En ella está el campo de batalla.

Por naturaleza nuestra mente es pecaminosa, Pablo dice que en otro tiempo vivíamos en los deseos de la carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos (Efesios 2:3). Y el resultado de una mente pecadora son las malas obras (Colosenses 1:21).

¡Pero Jesús entra en escena para transformar nuestra manera de pensar!

Mientras que los gentiles e impíos andan “en la vanidad de su mente” (Efesios 4:17), los cristianos son llamados a renovar “el espíritu de vuestra mente” (v. 24), y así poder despojarse del viejo hombre. 

Observemos entonces la correlación, y la importancia manifiesta del pensamiento en la vida humana:

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¿Tenemos mente pecadora? —- Somos pecadores —– Hacemos pecado —– No heredaremos el reino, sino juicio y muerte (Romanos 2:2)

¿Tenemos la mente de Cristo? —– Somos participantes de la naturaleza Divina (2 Pedro 1:4) —– Practicamos la justicia —– Recibiremos vida eterna (Romanos 2:7)

Total que al fin y al cabo, la vida eterna o la muerte eterna dependen de cómo administremos nuestros pensamientos. ¿Qué pensamos? ¿Qué recordamos? ¿Qué imaginamos? ¿Cómo percibimos las cosas de la vida? Parece que tenemos que darle más importancia a esto.

Pablo dice que los que son de la carne piensan en las cosas de la carne, pero los que son del Espíritu en las cosas del Espíritu (Romanos 8:5); por tanto, para cambiar nuestros pensamientos no solamente es necesario pensar en positivo, ¡se necesita una transformación radical! Y para eso sería bueno que leyeras nuestro artículo ¿Cómo renovar nuestra mente en Cristo?

Salud mental y fe

Hemos visto entonces que los pensamientos determinarán nuestro futuro. Son, de hecho, el tope de nuestra vida, porque nunca llegaremos más lejos que nuestros pensamientos. Y son también una especie de prisión, porque jamás podremos escapar de la influencia de ellos [como hemos mostrado en De la abundancia del corazón habla la boca].

Pensamientos sanos constituirán una vida sana. Pensamientos problemáticos atraerán problemas. Pensamientos grandes agrandarán la vida. Pensamientos pequeños la limitarán.

Pero a pesar de este poder que les compete en la vida personal, su influencia es todavía mayor cuando vemos su papel en la vida espiritual y, por consiguiente, en la salvación de cada ser humano.

Podemos aprender muchas técnicas de autogestión de los pensamientos, y sin embargo, nuestro pensamiento no será plenamente transformado hasta que llegue a él un poder superior al del pecado: Cristo.

Esto no quiere decir que los cristianos no necesiten aprender cómo funciona la mente humana. El poder de Cristo unido a la buena salud mental, a los aprendizajes útiles derivados de la psicología contemporánea, nos permitirán mejorar el manejo, y aprovechar el potencial de nuestra mente.

Aprender a pensar, entender cómo trabajar nuestra mente, debiera ser para nosotros una necesidad urgente.

Ha quedado claro que el poder que nuestros pensamientos tienen es tal, que allí, en la mente, es donde se disputa el gran conflicto entre Satanás y Dios por las vidas de cada ser humano. 

Hoy tenemos la libertad y la capacidad de decidir cómo usar ese poder; pero de esa decisión dependerá el mañana y el para siempre.