¿Cuántos milagros hizo Jesús ?

Cuando nos sentamos a pensar que apenas hasta hace un par de siglos el hombre mantenía que la tierra era el centro del universo, nos damos cuenta de cuán limitado es el conocimiento humano. Aún con todos los avances científicos, especialmente en el campo de la astronomía y la cosmología, todavía sabemos muy poco de nuestra galaxia, ¡y mucho menos en cuanto a las demás!

Alguien dijo una vez que si rentásemos una nave espacial, y partiéramos a una velocidad de 38.000 kilómetros por hora (misma velocidad del primer arribo estadounidense a la Luna), después de 15 años de viaje apenas estaríamos dejando atrás la órbita de Plutón.

Y si a esa altura preguntásemos a la NASA cuánto tiempo nos demoraríamos en avistar la estrella más cercana a nuestro sol, Alfa del Centauro, la noticia sería realmente decepcionante: aproximadamente unos 100.000 años.

El cosmos es tan grande, que las mediciones de tiempo y distancia se calculan en años luz. La luz viaja a 300.000 kilómetros por segundo, lo que quiere decir que antes de poder chasquear nuestros dedos, la luz ya ha dado 31 viajes de ida y vuelta de una costa a otra de los Estados Unidos.

Y pese a esa velocidad tan impresionante, la luz que vemos dimanar justo ahora de Betelgeuse, una estrella vecina de nuestro sistema solar, dio inicio a su viaje espacial contemporáneamente con el descubrimiento de América por parte de Colón. ¡Y esa es una estrella cercana!

Hay muchísimas más estrellas que granos de arena en todas las playas del mundo, y sin embargo la distancia que hay entre ellas es tal, que si seleccionásemos al azar alguna porción del cosmos de unos 9 o 10 billones de kilómetros al cuadrado, hay solamente 1% de probabilidades de que en ese espacio haya una estrella [Kim Johnson, El Regalo, p. 17].

El punto es, el universo es tan grande que nosotros jamás alcanzaremos a comprenderlo. E incluso a mí me sorprende que los estudiosos digan que actualmente conocemos tan solo un 5% del universo en el cual vivimos.

Y como si fuera poco, ¡está demostrado que el universo se expande!

El intento de conocer, medir, estudiar, registrar y analizar un espacio tan inmenso e intrigante, me hace soltar una risa parecida a la que me genera la pregunta del presente artículo. Pues, Juan lo dijo muy bien: “Hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales, si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir” (Juan 21:25).

Una pregunta difícil

Por “milagro” entendemos un “suceso inexplicable, extraordinario o maravilloso que se atribuye a intervención divina”, o al menos algo “raro o extraordinario”. Por lo que en esta categoría debemos incluir cada sanación, exorcismo, resurrección, cada manifestación poderosa extra-natural, y todo lo que exceda los límites propios de lo “humano”, que haya efectuado Cristo Jesús.

Ahora bien, las palabras de Juan sirven de prólogo a este artículo porque nos advierten de lo incuantificable del objeto de estudio: ¡Es imposible medir, contar y narrar en forma particular todo lo que hizo Jesús!

Pedro nos cuenta que Jesús “anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:38), y por 3 años y medio de su vida ‒como mínimo‒, Jesús se dedicó a esto por completo. Dedicación exclusiva. 

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En el trascurso de ese período procuró demostrar que “el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17), pues su ministerio inauguraba una nueva era para la humanidad, representada por el jubileo israelita (Lucas 4:18-19). Por eso en una ocasión dijo: “Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera a los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios” (Mateo 12:28).

Jesús no escatimó esfuerzos para demostrar que algo estaba aconteciendo con su aparición en el escenario humano: el reino de Dios estaba llegando a los hombres, y sus milagros eran una evidencia de ello.

Así que Jesús se abocó por completo a esta tarea. Dios encarnado, ungido con el Espíritu Santo, investido con todo el poder y la autoridad, y lleno de compasión y misericordia para con el género humano… es difícil imaginarse cuántas cosas habrá podido ser capaz de hacer. 

Mas de la misma manera que al hablar de galaxias y astros, algunos hechos han podido registrarse. De tal manera que probablemente tenemos al menos un 5% de certezas. 

Por eso la pregunta “¿Cuántos milagros hizo Jesús?”, es a la verdad imposible de ser contestada si quiera en forma aproximada. Cuántos habrán sido sanados desde sus mismos hogares por tener fe en él, cuántos habrán tocado su manto y experimentado completa libertad del pecado y el dolor, cuántos se habrán acercado a él en el silencio de la soledad, cuántos fueron transformados y renovados por la acción de su palabra poderosa… y aun cosas que no imaginamos.

Y si vamos un poco más allá, ¿cuántos milagros hizo Jesús antes de encarnarse? ¿Cuántos ha hecho después? Juan quiso sonar hiperbólico, pero, de hecho, se quedó corto.

La pregunta que sí podemos hacernos, y hallar para ella una respuesta satisfactoria, es: ¿Cuántos milagros registra el Nuevo Testamento que hizo Jesús?

Los milagros registrados

Si procuramos ordenarlos en orden cronológico, obtendríamos algo semejante al siguiente bosquejo:

-Milagro en las bodas de Caná (Juan 2:1-12)

-El hijo del noble (Juan 4:43-54)

-El paralítico de Betesda (Juan 5:1-15)

-La primera pesca milagrosa (Lucas 5:1-11)

-El endemoniado en la sinagoga (Marcos 1:21-28)

-La suegra de Pedro (y muchos otros más, Mateo 8:14-17)

-El primer leproso (Mateo 8:2-4)

-Paralítico bajado por el techo (Lucas 5:17-26)

-Hombre de la mano seca (Marcos 3:1-6)

-El siervo del centurión (Mateo 8:5-13)

-Los dos ciegos (Mateo 9:27-31)

-El mudo endemoniado (Mateo 9:32-34)

-El hijo de la viuda de Naín (Lucas 7:11-17)

-Endemoniado ciego y mudo (Marcos 3:20-30)

-Calma la tempestad (Marcos 4:35-41)

-Los endemoniados de Gadara (Marcos 5:1-20)

-La mujer del flujo y la hija de Jairo (Lucas 8:40-56)

-Alimentación de los cinco mil (Juan 6:1-14)

-Camina sobre el agua (Mateo 14:22-36)

-La mujer Cananea (Mateo 15:21-28)

-Curación de un sordomudo (Mateo 15:29-31)

-Alimentación de los cuatro mil (Marcos 8:1-10)

-La moneda en la boca del pez (Mateo 17:24-27)

-Ciego de Betsaida (Marcos 8:22-26)

-La transfiguración (Lucas 9:28-36)

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-El muchacho lunático (Marcos 9:14-29)

-El ciego de nacimiento (Juan 9:1-41)

-La mujer encorvada (Lucas 13:10-17)

-El hidrópico (Lucas 14:1-6)

-Resurrección de Lázaro (Juan 11:1-45)

-Los diez leprosos (Lucas 17:11-19)

-El ciego Bartimeo (Mateo 20:29-34)

-La higuera estéril (Marcos 11:12-14, 20-26)

-La oreja del siervo del sumo sacerdote (Lucas 22:49-51)

-Segunda pesca milagrosa (Juan 21:1-23)

Si en el registro escrito estamos al tanto de nada menos que 36 hechos sobrenaturales y poderosos que Jesús hizo en el transcurso de su ministerio, ¡no puedo imaginarme cuál sería la cifra si los tuviésemos todos! Porque pasajes como Marcos 1:32-34, 39, Mateo 4:23-24 y Lucas 6:19 dan espacio para suponer que los evangelios nos proveen tan solo una pequeña muestra de todas las obras de Jesús.

La intencionalidad de los milagros

¿Hizo algo Jesús que no tuviese una intención manifiesta? Juan 5:36 habla de su ministerio como “las obras que el Padre me dio para que las cumpliera”. ¡Así que nada de lo que hizo Jesús fue al azar! 

¿Sabes por qué nació en Belén? Para que se cumpliera Miqueas 5:2, y no había mejor lugar para que naciera el descendiente y heredero del trono de David, el cumplimiento de las promesas hechas a él y a los santos del AT.

¿Sabes por qué fue bautizado por Juan el bautista? Para ser ejemplo de justicia, e ilustrar lo que acontece con el creyente en la conversión: es declarado hijo de Dios, y recibe el don del Espíritu Santo.

¿Sabes por qué se relacionó de manera peculiar con los extranjeros? Para ayudar a sus discípulos a romper las barreras raciales implantadas en sus mentes, y el evangelio pudiera llegar después a los gentiles.

¿Sabes por qué escogió 12 discípulos? Para ilustrar que, como Rey del reino divino, él estaba re-creando el nuevo Israel. 

¿Sabes por qué murió en la cruz el día de pascua?  Porque desde hacía 1200 años así lo había simbolizado el cordero pascual.

¡Nada, absolutamente nada fue al azar en la vida de Cristo! Desde antes de la encarnación había un plan señalado que Jesús seguiría al pie de la letra, en obediencia diaria a la voluntad de Dios, y por la asistencia del Espíritu Santo. 

¿Cuál fue, entonces, la intención de los milagros?

Scot MKcnight explica que, siendo que Marcos 1:15 (tb. Mateo 4:17, Lucas 4:15) se presenta como el resumen del ministerio de Cristo, hemos de pensar que el mensaje y la obra de Jesús giró alrededor de la proclamación del reino de Dios, y la respuesta de fe y obediencia que a ésta debe seguir. 

En ese marco general sus obras milagrosas ocupan un papel muy importante, que no es simplemente mostrar compasión y misericordia a la raza humana. En la mente de Jesús, sus milagros eran el cumplimiento de algunas profecías del AT (Isaías 29:18-19, 35:5-6, 61:1), profecías cuyo contexto mesiánico era incuestionable.

Por eso cuando Juan el Bautista, dubitativo, le hace la pregunta: “¿eres tú el que había de venir?”, Jesús contesta: vayan y cuéntenle a Juan lo que ustedes están viendo. Ciegos que ven, cojos que andan, leprosos que son limpiados, sordos que oyen, muertos que resucitan, y el evangelio es anunciado a los pobres.

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¿Por qué respondería de esa manera? Porque en la mente de Jesús, sus milagros mostraban que él era el Mesías que estaba trayendo restauración a la raza humana, estaba trayendo el reino de Dios.

“[…] para Jesús las maravillas y señales que hacía probaban que, Jesús de Galilea, estaba trayendo el reino de Dios a la gente que respondía a su mensaje y misión. El nuevo pueblo de Dios que seguía a Jesús estaba siguiendo a una persona que sólo puede ser descrita como una figura sin precedentes. Y los judíos sabían, al ver las señales, que sólo podía ser una persona: el Mesías” [Michael Wilkings y J. P. Moreland, Jesús bajo sospecha, pp. 98-100].

Así que los milagros de Jesús tenían una intención abiertamente escatológica: revelar la identidad de Jesús como el Mesías Rey Salvador. Y debido a eso es posible entender por qué su obra despertó tan pocas simpatías entre los dirigentes religiosos que le habían rechazado. Con cada milagro, Jesús ratificaba todavía más su identidad.

Con esto concuerdan las palabras de Juan 20:30-31: “Hizo además Jesús muchas otras señales […]. Pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios”.

Y el evangelio de Juan, de manera especial, refuerza un elemento más de la intencionalidad de los milagros de Cristo. No revelan solamente a Jesús como Mesías, ni la presencia del reino de Dios, el poder de Dios para restaurar y salvar, sino que son evidencias contundentes de la divinidad de Jesús.

Por eso en 2:11 dice “este principio de señales hizo Jesús en Caná, y manifestó su gloria”. ¿Cuál podría ser esta gloria si no la misma de Juan 1:14 y 17:5? 

Cuando veían sus milagros la gente preguntaba “¿Qué hombre es este?” (Mateo 8:27), porque un hombre no resucita un muerto de 4 días (Juan 11), no amonesta al viento y al mar y estos callan, no imparte sanación con tocar su manto, no convierte el agua en vino, no multiplica el alimento… ¡Eso no lo hace un hombre!

La “gloria” de Jesús demuestra que no era un hombre corriente. “Toda potestad me ha sido dada tanto en el Cielo como en la Tierra” ‒dijo‒ (Mateo 28:18), pues él era “Dios con nosotros”, Emmanuel (Mateo 1:23).

Conclusión

En la escritura se registran más de 35 milagros que Jesús realizó en su ministerio, pero a la vez se nos dice que hizo muchísimos más, ¡tantos, que no cabrían en todos los libros del mundo! Ese mismo Jesús, el Mesías que trajo el reino de Dios, que cada vez está más cerca, que restaura y salva, y que en realidad era el mismo Dios Omnipotente, no ha cesado de hacer milagros hoy. 

Y el mayor y más grande milagro que Jesús puede y está deseoso de hacer es un trasplante de corazón. Cambiar el corazón, transformar la vida, y salvar al ser humano.

Hoy día, todo el que con fe suplica “¡ten misericordia de mí!”, también escuchará las palabras: “Tu fe te ha salvado”.