Unidos en Cristo – La organización de la iglesia y su unidad

Versículo para memorizar. Mateo 20:26-27. “Más entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre
vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo”.

Los creyentes reconocen que Cristo es la cabeza de la iglesia. Sin embargo, es fundamental que haya cierto grado de organización humana para la misión y la unidad de la iglesia. Los líderes fomentan la unidad al servir con humildad, defender la verdad, y participar en la disciplina redentora y en la organización de la iglesia para la misión.

CRISTO, LA CABEZA DE LA IGLESIA.

“porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador” (Efesios 5:23).

La cabeza dirige todas las partes del cuerpo. Además, sin la cabeza el cuerpo no puede vivir.  Así es la iglesia de Cristo. Sin Jesús, la iglesia no tiene vida, sus movimientos son erráticos y sin dirección. Pablo también usa el símil de la autoridad del marido como cabeza de la familia (Efesios 5:23-27). Cada creyente debe estar sometido a la autoridad de Cristo. Ningún ser humano está autorizado para dirigir por su cuenta a la iglesia. Cuanta más responsabilidad tenga un dirigente, más necesidad tiene de someterse a Cristo, y ser dirigido por Él.

LIDERAZGO DE SERVICIO.

“Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor” (Mateo 20:26).

En las organizaciones del mundo (países, empresas, etc.), los líderes disfrutan de privilegios sobre aquellos que están jerárquicamente por debajo de ellos. En la iglesia, sin embargo, el líder es puesto para servir a los demás, y no para obtener beneficio de ellos. No buscan su gloria, sino el bien de cada miembro de iglesia (1ª de Pedro 5:2-3). Contribuyen a la unidad al permanecer conectados a Cristo, al reflejar en su vida sus enseñanzas, y al enseñarlas a los demás (2ª de Timoteo 2:15).

CÓMO CONSERVAR LA UNIDAD DE LA IGLESIA.

“Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos” (Romanos 16:17).

Aceptar un cuerpo de doctrinas común, basadas en la Biblia, es fundamental para mantener y fomentar la unidad en la Iglesia. Pablo nos advirtió que, en los últimos tiempos, “se amontonarán maestros” que “no sufrirán la sana doctrina”, sino que apartarán a la grey de la verdad (2ª de Timoteo 4:1-4). Por eso, nos invita a redargüir, reprender y exhortar según la sana doctrina (v. 2). En estos días, cuando abundan las enseñanzas falsas y la inmoralidad, debemos usar la Palabra para enseñar, redargüir y corregir (2ª de Timoteo 3:16).

LA DISCIPLINA ECLESIÁSTICA

“Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado” (Gálatas 6:1).

La disciplina es necesaria para la unidad y la pureza de la Iglesia. Toda disciplina debe estar basada en las instrucciones bíblicas (Mateo 18:15-20; Gálatas 6:1-2) y buscar la redención del caído:

• Muestra amor por la persona, porque le ayuda a reconocer su conducta indebida, y la necesidad de arrepentirse.
• Muestra amor por la iglesia, porque la protege del peligro de enseñanzas erróneas o prácticas indebidas.
• Muestra amor por el mundo, porque permite mostrar con precisión el poder transformador del evangelio.
• Muestra amor por Cristo, porque da un testimonio fiel sobre Él, y protege su reputación.

ORGANIZADOS PARA LA MISIÓN.

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mateo 28:19).

Tener un objetivo común hace que las personas se unan y trabajen juntas para la consecución de dicho objetivo. ¿Qué objetivo común tenemos como iglesia? Reunirnos para fortalecer nuestra amistad, o afianzarnos mutuamente en nuestras creencias, no es un objetivo, sino el resultado de compartir una misma misión. La misión que nos une es hacer discípulos de Cristo. Ir a aquellos que aún no conocen personalmente a Jesús, bautizarlos, y enseñarles la verdad. A su vez, estos discípulos harán nuevos discípulos, ampliando así la gran familia de Dios. Una familia unida por una misión: predicar el evangelio.

Nota de EGW: “Algunos han presentado el pensamiento de que cuando nos acerquemos al tiempo del fin, cada hijo de Dios actuará en forma independiente de toda organización religiosa. Pero he sido instruida por el Señor de que en esta obra no existe tal cosa como independencia de acción para cada hombre. Las estrellas del cielo todas actúan según una ley; cada una influye sobre las otras para hacer la voluntad de Dios, prestando común obediencia a la ley que controla su acción. Y a fin de que la obra de Dios pueda progresar en forma sana y sólida, su pueblo debe actuar unidamente” (Mensajes selectos, tomo 3, pg. 28).

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