Unidos en Cristo – Imágenes de la unidad

Versículo para memorizar. 1 Corintios 12:12. “Porque, así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los
miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo”.

En la Biblia se usan muchos tipos de imágenes como agua (Juan 7:38), viento (Juan 3:8), columna (1ª de Timoteo 3:15). Según el contexto, estas son imágenes de verdades espirituales y teológicas. En el Nuevo Testamento encontramos diversas imágenes sobre la unidad que demuestran el importante papel que ésta desempeña en la naturaleza y la misión de la iglesia.

EL PUEBLO DE DIOS.

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1ª de Pedro 2:9).

Aunque provenientes de muchas naciones, pueblos y lenguas, Dios considera a su Iglesia un único pueblo. Una nación santa, compuesta por hombres y mujeres santos, con un mismo propósito: proclamar al mundo el amor y la salvación de Dios. Al igual que el antiguo pueblo de Israel, no hay nada en nosotros que nos haga aptos para formar parte de este pueblo (Deuteronomio 7:6-8). Es por Su amor y Su gracia que somos llamados a reflejar en nuestra vida los preciosos rasgos del carácter divino.

LA CASA DE DIOS.

“edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo” (Efesios 2:20).

En esta metáfora, Pablo combina la idea de un edificio y las piedras con que está construido, y el hogar que habita en él. Somos piedras vivas que forman un edificio cuya piedra angular y cimiento es Cristo (1P. 2:4-5). Ningún creyente es una piedra aislada, sino que apoya y es apoyada por los demás. Por otro lado, somos parte de una gran familia, no unida por lazos de sangre, cuyo padre es Dios. Nuestra unión se basa en haber experimentado el nuevo nacimiento, y compartir una misma doctrina y una misma misión: predicar del Evangelio.

EL TEMPLO DEL ESPÍRITU SANTO.

“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1ª de Corintios 3:16).

Para los creyentes (ya fuesen judíos o gentiles) la imagen del templo era clara: un magnífico edificio construido expresamente para alabanza y honor de Dios. La comunidad de creyentes, unidos, forman un templo. Y Dios habita en medio de ellos. Cuando hay divisiones en la iglesia, el templo corre el riesgo de ser destruido (v. 17). Por eso, se nos insta a que no haya entre nosotros divisiones, sino que permanezcamos unidos “en una misma mente y en un mismo parecer” (1ª de Corintios 1:10).

EL CUERPO DE CRISTO.

“Porque, así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo” (1ª de Corintios 12:12).

Cada miembro del cuerpo es una parte de él, y realiza una función distinta. Deben trabajar unidos en la diversidad. El cuerpo no puede hacer nada si sus miembros no trabajan de forma coordinada. La iglesia es el cuerpo de Cristo. Él es su cabeza y nosotros los distintos miembros. Esto nos enseña que:

• No debemos permitir que nuestras diferencias étnicas, culturales, educativas o de edad nos dividan.
• Al pie de la Cruz todos somos iguales.
• El evangelio cura, restaura y reconcilia.
• Como cada creyente está conectado espiritualmente con Cristo, todo el cuerpo se nutre con el mismo alimento.

LAS OVEJAS Y EL PASTOR.

“Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” (Juan 10:11).

La imagen de Jesús como el Buen Pastor nos recuerda al Salmo 23. La Iglesia es un rebaño de ovejas, ovejas tontas y asustadizas guiadas por Jesús. Cuando las ovejas se extravían (pecan), Jesús las busca y las trae de vuelta al redil. Recibimos constantemente (como personas y como iglesia) todo su cuidado. El punto importante aquí es que las ovejas conocen la voz de su pastor. Ninguno que conozca la voz de Jesús caminará solo y errante, sino que estará unido junto a los demás miembros del rebaño. De hecho, la unidad y la seguridad del pueblo de Dios dependen de su proximidad a Jesús y están directamente relacionadas con la obediencia sumisa a su voz.

Nota de EGW: “La relación entre Cristo y sus seguidores y la de éstos entre ellos se ilustra mediante la figura de la vid y sus ramas. Todas las ramas se relacionan unas con otras, sin embargo, cada una posee su propia individualidad que no se pierde en la de ninguna otra. Todas mantienen la misma relación con la vid y dependen de ella para su vida, crecimiento y fructificación. Las ramas no se pueden sostener entre ellas mismas. Para esto cada una debe estar centrada en la vid. Y aunque las ramas se parecen unas a otras, también revelan diferencias. Su unidad consiste en la unión común que sostienen con la vid, y en cada una, aunque no idénticamente, se manifiesta la vida de la vid” (Testimonios para la iglesia, tomo 7, pg. 163).

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