Servir a los necesitados – Uno de estos mis hermanos más pequeños

Versículo para memorizar. Mateo 25:40. “Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo
hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”.

En cierta ocasión, Pedro resumió así el ministerio de Jesús: “anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo” (Hechos 10:38). En el sermón del monte (Mateo 5-7), Jesús nos enseñó cómo ser ciudadanos del Reino de los Cielos. Lo hizo en términos prácticos. La vida de Jesús fue un fiel reflejo de sus enseñanzas. Por eso, el resumen de su ministerio refleja perfectamente lo que se espera de un ciudadano del Reino.

EL SERMÓN DEL MONTE

“Bienaventurados sois […] Vosotros sois la sal de la tierra […] Vosotros sois la luz del mundo” (Mateo 5:11, 13, 14).

La pobreza de espíritu, el llanto por el pecado, actuar con mansedumbre, anhelar que se haga justicia, ser misericordiosos, tener una mente pura, buscar la paz entre las personas, soportar las injusticias cometidas contra nosotros; esto es lo que nos hace bienaventurados (felices). Una buena parte de estas cualidades tiene que ver con la forma en que tratamos a otros. Somos luz cuando iluminamos, con nuestras palabras y ejemplo, la vida de los demás. Pero para ser sal, debemos mezclarnos con ellos, influenciando y mejorando la vida de quienes nos rodean.

VENCER CON EL BIEN EL MAL

“Pero yo os digo: No resistáis al que es malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (Mateo 5:39).

La vida de los que escuchaban a Jesús no era fácil: Los poderosos los maltrataban; muchos estaban endeudados, y los prestamistas abusaban de ellos; los soldados romanos les obligaban a trabajar sin ninguna recompensa. Ante estas situaciones, era fácil dejarse llevar por el odio. Pero Jesús les enseñó a responder de una forma digna, sin odio, mostrando compasión por aquellos que no son capaces de ser bienaventurados. No podemos evitar las injusticias, pero tenemos la libertad de elegir cómo reaccionar ante ellas: “No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal” (Romanos 12:21).

EL BUEN SAMARITANO

“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen” (Mateo 5:44).

¿Prójimo o enemigo? Desde luego, un samaritano solo podía ser un enemigo para un judío (y viceversa). Sin embargo, Jesús narró la historia real de un samaritano que, ante la necesidad de su enemigo, “fue movido a misericordia” (Lc. 10:33). La mentalidad del sacerdote y del levita fue: “Si me detengo para ayudar a este hombre, ¿qué me sucederá?”. La mentalidad del samaritano fue: “Si no me detengo a ayudar a este hombre, ¿qué le sucederá?”. La mentalidad del ciudadano del Reino es pensar en la necesidad del otro antes que en la propia.

EL RICO Y LÁZARO

“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33).

La parábola del rico y Lázaro (Lucas 16:19-31), muestra a un hombre rico, indiferente con la necesidad del pobre. En vida, las respectivas circunstancias de ambos personajes siguieron iguales; pero al morir, según el juicio divino, sus posiciones se invirtieron dramáticamente. En otra parábola (Lucas 12:13-21), Jesús mostró a otro hombre rico preocupado por sus grandes bienes. Al igual que el primero, éste solo tenía puesta su vista en esta vida, y perdió la vida eterna. Estas parábolas no enseñan la importancia de buscar primeramente el reino de Dios. Esa búsqueda implica también compartir con otros las bendiciones que recibimos.

UNO DE ESTOS MIS HERMANOS MÁS PEQUEÑOS

“Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber?” (Mateo 25:37).

Las parábolas que Jesús presentó en el contexto de las señales de la Segunda Venida (Mateo 25), nos enseñan la importancia de prepararnos, y de vivir de acuerdo a los principios del Reino. Esto se puede apreciar especialmente en la parábola de las ovejas y los cabritos. Los justos hacen de la misericordia y el cuidado de los demás una forma de vida. Ni siquiera se plantean si deben hacerlo o no. No proclaman sus actos de bondad, ni buscan ninguna recompensa por ello. Jesús toma nuestros actos a favor de los pobres y necesitados como hechos a Él mismo: “en cuanto lo hicisteis [o no] a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:40).

Nota de EGW: “La verdad, tal como se encuentra en Jesús, no sólo hace mucho en favor del que la recibe, sino de los que entran en la esfera de su influencia… No toma en cuenta la comodidad presente; no tiene ambición de hacer alarde de nada; no busca la alabanza de los hombres. Su esperanza está en los cielos, y marcha siempre adelante, con su mirada fija en Jesús. Hace el bien porque es bueno hacerlo y porque sólo los que lo hacen tendrán entrada en el reino de Dios. Es bueno y humilde y se preocupa para que los demás sean felices… Su manera de ser nunca es brusca ni dictatorial, como la de los que no creen en Dios, sino que refleja la luz del cielo sobre los hombres” (Testimonios para la iglesia, t. 5, pg. 537).

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