Servir a los necesitados- Modelo para un mundo mejor

Versículo para memorizar. Levítico 19:18. “No te vengarás, ni guardarás rencor a los hijos de tu pueblo, sino amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo Jehová”

Tras muchos años de esclavitud, Dios sacó al pueblo de Israel de Egipto. Durante el camino hacia la Tierra Prometida, les dio leyes justas. “¿Qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros?” (Deuteronomio 4:8).

EL DIOS QUE OYE

“Y el pueblo creyó; y oyendo que Jehová había visitado a los hijos de Israel, y que había visto su aflicción, se inclinaron y adoraron” (Éxodo 4:31).

Dios se mostró a Moisés en una zarza que “ardía en fuego” y “no se consumía” (Éxodo 3:2). Desde allí, informó a Moisés que había visto la aflicción de su pueblo, y oído su clamor (v. 7). Le comisionó para sacar a Israel de Egipto (v. 10). Pero no habrían de salir con las manos vacías. Egipto debía pagar a los israelitas por todo el tiempo que les habían hecho trabajar de balde (v. 21). Durante el camino a Canaán, Dios se propuso hacer de este pueblo de exesclavos una nación, dotándoles de leyes justas, para que fueran una bendición para el mundo entero. Por esta razón, los citó para que acudieran primeramente al monte Sinaí.

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

“Y él os anunció su pacto, el cual os mandó poner por obra; los diez mandamientos, y los escribió en dos tablas de piedra” (Deuteronomio 4:13).

Los Diez Mandamientos son la Constitución del pueblo de Israel. Es la ley de más alto nivel, de la cual derivan todas las demás. El cumplimiento de estos mandamientos muestra el amor hacia Dios (los 4 primeros; Dt. 6:5; Mt. 22:37-38), y hacia nuestro prójimo (Los 6 últimos; Lv. 19:18; Mt. 22:39). Por ello, su cumplimiento va más allá de nuestros actos; afecta a nuestras intenciones (Mateo 5:21-30). Una sociedad que quisiese guardar estos mandamientos sería una sociedad activa y vibrante en la que todos obrarían con entusiasmo, amando y cuidando a los demás por amor a Dios.

ESCLAVOS, VIUDAS, HUÉRFANOS, EXTRANJEROS

“Y al extranjero no engañarás ni angustiarás, porque extranjeros fuisteis vosotros en la tierra de Egipto. A ninguna viuda ni huérfano afligiréis” (Éxodo 22:21-22).

Éxodo dedica tres capítulos (21-23) para desarrollar distintos tipos de leyes:

• Leyes sobre la esclavitud (21:2-11)
• Leyes sobre delitos violentos (21:12-36)
• Leyes sobre la propiedad (22:1-15)
• Leyes sobre la vida cotidiana (22:16-31)
• Cómo aplicar estas leyes (23:1-9)

En estas leyes se destaca la preocupación por los más vulnerables: los esclavos, los extranjeros, las viudas y los huérfanos. Los israelitas debían mostrar a los menos favorecidos el mismo trato amable que Dios les había mostrado a ellos cuando eran extranjeros en la tierra de Egipto.

EL SEGUNDO DIEZMO

“Al fin de cada tres años sacarás todo el diezmo de tus productos de aquel año, y lo guardarás en tus ciudades. Y vendrá el levita, que no tiene parte ni heredad contigo, y el extranjero, el huérfano y la viuda que hubiere en tus poblaciones, y comerán y serán saciados; para que Jehová tu Dios te bendiga en toda obra que tus manos hicieren”.

Deuteronomio 14:22-29 habla de un segundo diezmo que los israelitas debían entregar. Este diezmo no tenía el mismo propósito que el primero. Durante dos años, llevaban este 2º diezmo a Jerusalén, y comían de él en familia, y lo compartían con los necesitados. El tercer año, este diezmo especial era dejado en cada ciudad para beneficio de los necesitados “locales”. Podemos calcular que cada israelita entregaba entre un 25-33% para el mantenimiento de la nación. Parte de ello se dedicaba a atender a los necesitados.

EL AÑO DEL JUBILEO

“Y santificaréis el año cincuenta, y pregonaréis libertad en la tierra a todos sus moradores; ese año os será de jubileo, y volveréis cada uno a vuestra posesión, y cada cual volverá a su familia” (Levítico 25:10).

El Jubileo era el año de liberación para la tierra. Cada uno recobraba la posesión de su herencia. Con esta medida se evitaba que una persona se hiciese con grandes latifundios. Al mismo tiempo, se evitaba que una familia perdiese su posesión, su medio de vida. Cuando alguien se veía en la necesidad de vender su herencia, lo hacía por el precio de las cosechas hasta el año de jubileo. De esta forma, volvería a él. Aunque, a causa del pecado, siempre habrá pobres (Mateo 26:11), el jubileo muestra la solución propuesta por Dios para minimizar la desigualdad social.

Nota de EGW: “Al distribuir la herencia de su pueblo, Dios se propuso enseñarle, y por medio de él, a las generaciones futuras, los principios correctos referentes a la propiedad. La tierra de Canaán fue repartida entre todo el pueblo, a excepción únicamente de los levitas, como ministros del santuario. Aunque alguien vendiera, transitoriamente, su posesión, no podía enajenar la herencia de sus hijos. En cualquier momento en que estuviera en condición de hacerlo podía redimirla; las deudas eran perdonadas cada siete años, y el año quincuagésimo, o de jubileo, toda propiedad volvía a su dueño original. De ese modo la herencia de cada familia estaba asegurada y se proveía una salvaguardia contra la pobreza o la riqueza extremas” (La educación, pg. 40).

Nota de EGW: “¿Dónde encontraremos leyes más nobles, puras y justas que las presentadas en los libros de estatutos que registran las instrucciones de Moisés a los hijos de Israel? ¿Y de qué otra fuente podemos obtener tanta fuerza o aprender tan noble ciencia? ¿Qué otro libro enseñará a los hombres tan bien a amar, temer y obedecer a Dios? ¿Qué otro libro presenta a los estudiantes más ciencia ennoblecedora, más admirable historia? Presenta claramente la justicia y predice las consecuencias de ser desleales para con la ley de Jehová” (Consejos para los maestros, pg. 414).

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