Esdras y Nehemías – Pruebas, tribulaciones y listas

Versículo para memorizar. Nehemías 10:29. “Se reunieron con sus hermanos y sus principales, para protestar y jurar que
andarían en la Ley de Dios, que fue dada por Moisés siervo de Dios, y que guardarían y cumplirían todos los mandamientos, decretos y estatutos de Jehová nuestro Señor”.

El regreso de Babilonia a Judá estuvo marcado por pruebas y tribulaciones. No fue tarea fácil volver a habitar la Tierra Prometida. Pero Dios siempre los protegió y fortaleció. Las minuciosas listas que se registran en Esdras y Nehemías nos dan una idea de cómo Dios dirige la historia y, al mismo tiempo, se preocupa por cada uno de nosotros, y por los detalles de lo que ocurre en nuestra vida.

EL DIOS DE LA HISTORIA

“Belsasar, con el gusto del vino, mandó que trajesen los vasos de oro y de plata que Nabucodonosor su padre había traído del templo de Jerusalén, para que bebiesen en ellos el rey y sus grandes, sus mujeres y sus concubinas” (Daniel 5:2).

Daniel 1:2 nos informa que Nabucodonosor tomó utensilios del templo y los introdujo en la casa de su dios. Esdras nos da una lista detallada de 2.499 utensilios de los 5.400 que regresaron al templo de Jerusalén. Dios llevaba la cuenta de cada uno de ellos, y ninguno quedó en Babilonia. Él está al control de la historia y se preocupa de cada detalle. Cuando Belsasar quiso dar un uso común a los objetos sagrados fue castigado. Había perdido el sentido de la santidad de Dios.

EN SUS CIUDADES

“Toda la congregación, unida como un solo hombre, era de cuarenta y dos mil trescientos sesenta” (Esdras 2:64).

La mayor parte de los judíos guardaron celosamente los datos de su genealogía. No perdieron su identidad durante el exilio. Sabían a qué tribu y a qué familia pertenecían. El registro de estas listas con sus nombres y oficios nos enseña que Dios reconoce a cada familia e individuo y su obra. Incluso los más de 10.000 judíos que no habían podido guardar su genealogía están incluidos en el número total de los retornados. Cada uno tiene una parte personal y exclusiva que realizar en la obra de Dios.

¿DÓNDE ESTÁN LOS SACERDOTES?

“entonces Jehová hará volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios” (Deuteronomio 30:3).

A pesar del sorprendente cumplimiento de las palabras registradas en Deuteronomio 30:1-6, muchos eran todavía reticentes a abandonar el país donde habían nacido y vivían cómodamente. Aun así, el llamado de Esdras motivó a un pequeño grupo a ir a Judá, y reunirse con el pueblo de Dios que ya había ido allí unos 80 años antes. Esdras se sorprendió cuando, al hacer el recuento, no se hallaron levitas entre los voluntarios (Esdras 8:15).

HUMILLARSE ANTE DIOS

“Los reuní junto al río que viene a Ahava, y acampamos allí tres días; y habiendo buscado entre el pueblo y entre los sacerdotes, no hallé allí de los hijos de Leví” (Esdras 8:15).

Los levitas eran esenciales para ayudar a los sacerdotes en la reforma espiritual planeada por Esdras. Por ello, hizo un segundo intento para convencer a algunos de ellos a que fueran a Jerusalén. Envió a una comitiva a Casifia para hablar con los levitas. Iddo envió a 38 levitas y a 220 sirvientes del templo (v. 17-20). Una vez reunidos todos, ayunaron y se humillaron ante Dios. Él había prometido que les restauraría a su patria, ahora solicitaban Su protección para llegar hasta allí. Así reconocían cuán dependientes eran de Dios para tener éxito.

EN LA SANTA CIUDAD

“Habitaron los jefes del pueblo en Jerusalén; mas el resto del pueblo echó suertes para traer uno de cada diez para que morase en Jerusalén, ciudad santa, y las otras nueve partes en las otras ciudades” (Nehemías 11:1).

El muro de Jerusalén ya había sido terminado. Ahora, la vida debía volver a la normalidad. Cada uno tenía que regresar a su hogar. La mayor parte del pueblo vivía en aldeas distribuidas por todo el territorio de Judá. Tan solo unos pocos estaban dispuestos a abandonar las tierras de sus ancestros para ir a vivir dentro de Jerusalén y adaptarse a la forma de vida de la ciudad (Nehemías 11:2). Aunque suponía un sacrificio importante, era vital que Jerusalén fuese repoblada y que se mantuviesen activos los servicios del templo.

“Llegaron luego los dos coros a la casa de Dios; y yo, y la mitad de los oficiales conmigo” (Nehemías 12:40)

Dios les había ayudado a reconstruir el muro. Ahora, debían dedicarlo y agradecer públicamente a Dios por su ayuda. Después de hacer una lista de los sacerdotes y levitas, Nehemías especifica los componentes principales de los dos coros que iban a realizar la dedicación del muro. Sobre los muros, Esdras iba al frente de un coro y Nehemías dirigía el segundo. Cada coro se dirigió hacia un lado de la ciudad hasta que ambos se encontraron en el templo. Todo el pueblo alabó. Su alborozo fue oído desde lejos (Nehemías 12:43).

Nota de EGW: “Cuando apreciemos más profundamente la misericordia y la longanimidad de Dios, lo alabaremos más en lugar de quejarnos. Hablaremos de la amante vigilancia del Señor, de la tierna compasión del buen Pastor. El idioma del corazón no será la murmuración y la queja egoísta. La alabanza, como una corriente clara y que fluye, brotará de los verdaderos creyentes en Dios” (Hijos e hijas de Dios, 10 de julio).

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