Esdras y Nehemías – Nuestro Dios perdonador

Versículo para memorizar. Proverbios 28:13. “El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta
alcanzará misericordia”.

Después de haber celebrado con gozo la Fiesta de las Cabañas, Israel volvió de nuevo su vista a la Palabra de Dios. Era el momento de tomar conciencia de su situación real. Habían pecado, y estaban arrepentidos. En el capítulo 9 de Nehemías encontramos la oración de confesión y alabanza de un pueblo consciente de la grandeza de Dios, y de la intervención divina en sus vidas.

AYUNO Y ADORACIÓN

“Y ya se había apartado la descendencia de Israel de todos los extranjeros; y estando en pie, confesaron sus pecados, y las iniquidades de sus padres” (Nehemías 9:2).

El pueblo de Israel deseaba encontrarse a solas con su Dios. Por esta razón, convocaron una reunión “privada” a la que no fueron invitados los extranjeros que vivían entre ellos. Eran conscientes de que su penosa situación era consecuencia de que, como pueblo, habían pecado contra Dios. Por ello, realizaron una tercera lectura de la Ley. No buscaron culpables ni se quejaron contra sus opresores, o sus dirigentes. Con humildad, usaron unas tres horas para buscar respuestas en la Palabra de Dios, y otras tres horas a la confesión y a la alabanza.

EL COMIENZO DE LA ORACIÓN

“Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran” (Nehemías 9:6).

Después de la lectura, los levitas clamaron a Dios. Luego, invitaron al pueblo a bendecir a Dios y a Su nombre. El nombre de Dios es una expresión de su carácter y de su eternidad. En su oración, comenzaron alabando a Dios porque:

• Es el Creador de todas las cosas.
• Es el sustentador de la vida.
• Les escogió para ser un pueblo.
• Les dio la tierra de Canaán.
• Es fiel a sus promesas.

LECCIONES DEL PASADO

“tú, con todo, por tus muchas misericordias no los abandonaste en el desierto. La columna de nube no se apartó de ellos de día, para guiarlos por el camino, ni de noche la columna de fuego, para alumbrarles el camino por el cual habían de ir” (Nehemías 9:19).

Tras la alabanza, la oración se centró en la fidelidad de Dios con Israel en el desierto. Dios los sacó de Egipto; les guio con una nube y una columna de fuego; les dio leyes justas y el sábado; les alimentó con pan del cielo; les sacó agua de la peña; sus vestidos no envejecieron, ni se hincharon sus pies. Ellos, sin embargo, fueron soberbios; endurecieron su cerviz; no escucharon los mandamientos; quisieron volver a Egipto; hicieron un becerro de oro para adorarlo. Pero, por su fidelidad y su misericordia, Dios nunca se apartó de ellos, ni se apartará de nosotros.

LA LEY Y LOS PROFETAS

“comieron, se saciaron, y se deleitaron en tu gran bondad” (Nehemías 9:25b).

A pesar de que Dios les entregó la tierra de Canaán, y disfrutaron de casas ya construidas, viñedos y tierras ya plantadas, el pueblo no correspondió a las bondades de Dios. Durante el triste periodo de los Jueces, Israel iba del arrepentimiento a la deslealtad. Posteriormente, también desecharon y mataron a los profetas que Dios les enviaba.

“Más por tus muchas misericordias no los consumiste, ni los desamparaste; porque eres Dios clemente y misericordioso” (Nehemías 9:31).

Dios siempre escucha nuestra confesión, acompañada de arrepentimiento. Por su bondad, Él siempre nos justifica.

ALABANZA Y PETICIÓN

“Pero tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo” (Nehemías 9:33).

Finalmente, los levitas reconocieron que, a pesar de que Dios siempre actuó bien con su pueblo, ellos habían pecado contra Él y merecían con justicia todo el mal que les había sobrevenido. Alabaron a Dios porque es grande, fuerte, temible y fiel. También le recordaron la opresión bajo la que se encontraban: siervos en la tierra que Dios mismo les había dado. Por todo esto, se ampararon en la gracia inmerecida de Dios pidiéndole que intervenga en su favor; e hicieron firme promesa ante Él.

Nota de EGW: “Acabado el canto de alabanza, los dirigentes de la congregación relataron la historia de Israel, para demostrar cuán grande había sido la bondad de Dios hacia ellos, y cuán ingratos habían sido. Entonces toda la congregación pactó que guardaría todos los mandamientos de Dios. Habían sido castigados por sus pecados; ahora reconocían la justicia con que Dios los había tratado, y se comprometían a obedecer su ley. Y para que su pacto fuese una “fiel alianza” y se conservase en forma permanente como recuerdo de la obligación que habían asumido, fue escrito, y los sacerdotes, levitas y príncipes lo firmaron. Debía servir para recordar los deberes y proteger contra la tentación” (Profetas y reyes, pg. 491).

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