Esdras y Nehemías – Dios y el Pacto

Versículo para memorizar. Nehemías 9:38; 10:39. “A causa, pues, de todo esto, nosotros hacemos fiel promesa, y la
escribimos, firmada por nuestros príncipes, por nuestros levitas y por nuestros sacerdotes […] y no abandonaremos la casa de nuestro Dios”

Tras la lectura de la Ley, el pueblo de Israel decidió firmar un pacto ante Dios prometiendo ser fieles a Él. Estas promesas están registradas en Nehemías 10, junto a los nombres de los que firmaron el pacto. Este pacto está englobado en el pacto eterno “firmado” entre Dios y la humanidad.

LA IDEA DEL PACTO

“Y el resto del pueblo […] se reunieron con sus hermanos y sus principales, para protestar y jurar que andarían en la ley de Dios” (Nehemías 10:28-29).

Básicamente, el pueblo se comprometió a cumplir el pacto establecido entre Dios e Israel en el monte Sinaí (compárese con Éxodo 19:8; 24:3). En el momento en que el hombre pecó, Dios hizo un pacto con él (Génesis 3:15). El pecado había roto la relación existente entre el Creador y sus criaturas, y Dios se comprometió a restaurar esa relación. Desde el principio, la humanidad quedó dividida entre los que deseaban unirse a este pacto y restaurar su relación con Dios, y aquellos que lo rechazaron. A pesar de la maldad del hombre, Dios nunca ha renunciado a su deseo de restablecer su relación con él, renovando repetidas veces su pacto eterno.

LOS PACTOS EN LA HISTORIA

“Inclinad vuestro oído, y venid a mí; oíd, y vivirá vuestra alma; y haré con vosotros pacto eterno, las misericordias firmes a David” (Isaías 55:3).

Tras el diluvio, Dios hizo pacto con Abraham y lo ratificó a Isaac y a Jacob (Génesis 17:1-8, 19; 1ª de Crónicas 16:16-17; Gálatas 3:17). En Sinaí, Dios hizo pacto con el pueblo de Israel (Éxodo 19-24). Este “antiguo pacto” (2ª de Corintios 3:14) evolucionó al incluir una mención específica a la casa de David (Isaías 55:3). Finalmente, Dios prometió hacer un “nuevo pacto” (Jeremías 31:33-34). Pero todos estos pactos son distintas fases de un único pacto eterno, que incluye los siguientes componentes:

• Santificación (Jeremías 31:33a).
• Reconciliación (Jeremías 31:33b).
• Misión (Jeremías 31:34a).
• Justificación (Jeremías 31:34b).

ESTRUCTURA DEL PACTO

“No con nuestros padres hizo Jehová este pacto, sino con nosotros todos los que estamos aquí hoy vivos” (Deuteronomio 5:3).

La redacción de un pacto en la antigüedad tenía diversas partes, que podemos distinguir fácilmente en la redacción del libro del pacto (Deuteronomio) y del pacto de Josué con el pueblo.

• Preámbulo: Dt. 1:1-5; Jos. 24:2.
• Prólogo histórico: Dt. 1:6-4 – 4:43; Jos. 24:2-13.
• Cláusulas o leyes: Dt. 4:44 – 26:19; Jos. 24:14-15, 23.
• Bendiciones y maldiciones: Dt. 27-30; Jos. 24:19-20.
• Testigos: Dt. 30:19; Jos. 24:22, 27.
• Cláusula especial: Dt. 31:9-13; Jos. 24:25-26.

PROMESAS

“Los que firmaron fueron: Nehemías el gobernador, hijo de Hacalías, y Sedequías [y 82 personas más]” (Nehemías 10:1).

Los 84 firmantes representaban a todo el pueblo. El primero en firmar fue el gobernador, seguido por el sumo sacerdote, los sacerdotes, los levitas y los jefes del pueblo. Todos se comprometían a observar toda la ley dada por Dios (v. 29), concentrándose especialmente en cuatro puntos:

• No contraer matrimonios mixtos (v. 30).
• Observar el sábado (v. 31a).
• Preocuparse de los pobres observando al año sabático y remitiendo las deudas (v. 31b).
• Apoyar los servicios del templo (v. 32-39).

Al implementar en sus vidas estas conductas, generarían hábitos correctos que les permitirían crecer en santidad.

EL TEMPLO

“y no abandonaremos la casa de nuestro Dios” (Nehemías 10:39b).

¿Qué compromisos hicieron respecto al Templo?

• Contribución económica anual fija para el pan de la proposición, la ofrenda continua, las festividades y otros gastos del Templo.
• Designación de los responsables encargados de la leña para el altar.
• Traer las primicias, y los primogénitos de los animales.
• Entregar el diezmo a los levitas, que a su vez entregarían el diezmo de ese diezmo.

Hoy ya no existe el Templo de Jerusalén. En realidad, todas estas disposiciones temporales dejaron de ser significativas cuando Jesús firmó con su sangre el nuevo pacto. Pero el verdadero Templo, el celestial, sigue siendo el escenario del pacto eterno, el plan de salvación (Hebreos 8:1-7).

Nota de EGW: “Dios nos ha dado la facultad de elección; a nosotros nos toca ejercitarla. No podemos cambiar nuestros corazones ni dirigir nuestros pensamientos, impulsos y afectos. No podemos hacernos puros, propios para el servicio de Dios. Pero sí podemos escoger el servir a Dios; podemos entregarle nuestra voluntad, y entonces él obrará en nosotros el querer y el hacer según su buena voluntad. Así toda nuestra naturaleza se someterá a la dirección de Cristo”. (El ministerio de curación, pg. 131).

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