Apocalipsis – Digno es el Cordero

Versículo para memorizar. Apocalipsis 5:5. “No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido
para abrir el libro y desatar sus siete sellos”.

En Apocalipsis encontramos cuatro series de siete: 7 iglesias, 7 sellos, 7 trompetas y 7 plagas.
Los capítulos 4 y 5 son una introducción a la segunda serie, los siete sellos. Las cuestiones más importantes son: ¿Qué contiene el libro sellado que hace tan importante su apertura? ¿Por qué el Cordero es el único digno de abrirlo?

EN LA SALA DEL TRONO CELESTIAL

“Y del trono salían relámpagos y truenos y voces; y delante del trono ardían siete lámparas de fuego, las cuales son los siete espíritus de Dios” (Apocalipsis 4:5).

A Juan se le mostró una visión del trono de Dios similar a las que tuvieron Moisés (Éxodo 24:9-10), Isaías (Isaías 6:1-4) y Ezequiel (Ezequiel 1:22, 26-28). El arco iris que rodea al trono nos recuerda las promesas y la protección de Dios (Génesis 9:9-17). Podemos, pues, acercarnos confiadamente al trono de la gracia (Hebreos 4:16). El Padre recibe una triple alabanza, y es considerado digno por su poder creador y sustentador (v. 11). A través de esta visión, se reconoce el poder del Padre para gobernar y dirigir el universo que Él ha creado.

LA ASAMBLEA CELESTIAL EN LA SALA DEL TRONO

“El primer ser viviente era semejante a un león; el segundo era semejante a un becerro; el tercero tenía rostro como de hombre; y el cuarto era semejante a un águila volando” (Apocalipsis 4:7).

Los cuatro seres vivientes están íntimamente ligados a la tierra, tanto por su número como por su aspecto.

• León: Animales salvajes
• Becerro: Animales domésticos
• Hombre: Humanidad
• Águila: animales volátiles.

Pero no son hombres, pues se les llama específicamente querubines (Ezequiel 10:2). Representan a los ángeles que están trabajando activamente a favor de la humanidad (Mateo 18:10)

“Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas” (Apocalipsis 4:4).

No son ancianos por su edad sino por su cargo. Por tanto, representan a un colectivo. Ropas blancas: Justicia. Coronas de oro: Realeza o victoria.

• Podrían ser las primicias que resucitaron con Jesús y están ahora en el cielo representando a la humanidad (Mateo 27:52-53)
• Podrían representar al pueblo de Dios en el antiguo y el nuevo pacto: los 12 patriarcas y los 12 apóstoles. (Mateo 19:28)
• Podrían ser representantes de los mundos creados que no han caído en el pecado, y actúan como las 24 órdenes sacerdotales delante de Dios (Apocalipsis 5:8).

EL LIBRO SELLADO

“Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos” (Apocalipsis 5:1).

La Biblia nos dice que Dios registra en libros la historia humana (Éx. 32:33; Sal. 40:7-9; 56:8; 69:28; 139:16; Dan. 7:10; 12: 1; Fil. 4:3; Ap. 3:5). Pero a Juan se le iban a mostrar “las cosas que sucederán después de estas” (4:1), es decir, el futuro. Este conocimiento está sellado (velado, oculto) para todos, excepto para Aquel que es digno de desvelarlo. Solo Jesús puede abrir el libro porque es el León (ha vencido) y el Cordero (ha muerto para salvarnos). El contenido del libro tiene que ver, pues, con la historia de nuestra redención. Contiene “la historia de las providencias de Dios, la historia profética de las naciones y de la iglesia”.

Nota de EGW: “Así hicieron su elección [de matar a Jesús] los dirigentes judíos.  Su decisión fue registrada en el libro que Juan vio en la mano de Aquel que se sienta en el trono, el libro que ningún hombre podía abrir. Con todo su carácter vindicativo aparecerá esta decisión delante de ellos el día en que este libro sea abierto por el León de la tribu de Judá”. (Palabras de vida del gran Maestro, pg. 236).

DIGNO ES EL CORDERO

“Digno eres de recibir el rollo escrito y de romper sus sellos, porque fuiste sacrificado, y con tu sangre compraste para Dios gente de toda raza, lengua, pueblo y nación” (Apocalipsis 5:9 NVI).

La dignidad del Cordero (Jesús) se basa en su sacrificio. A causa de este sacrificio, se le ha concedido todo poder y autoridad (Mateo 28:18; Efesios 1:20-22). El inmenso coro celestial prorrumpe en una séptuple alabanza, proclamando la dignidad de Jesús para tomar:

1. El poder.
2. Las riquezas.
3. La sabiduría.
4. La fortaleza.
5. La honra.
6. La gloria.
7. La alabanza.

Con su victoria en la cruz, Jesús recuperó lo que Adán había perdido en Edén. Él nos representa ahora ante el Padre, e intercede por nosotros (Hebreos 7:25).

Nota de EGW: «Nunca podrá comprenderse el costo de nuestra redención hasta que los redimidos estén con el Redentor delante del trono de Dios. Entonces, al percibir de repente nuestros sentidos arrobados las glorias de la patria eterna, recordaremos que Jesús dejó todo esto por nosotros, que no sólo se desterró de las cortes celestiales, sino que por nosotros corrió el riesgo de fracasar y de perderse eternamente. Entonces arrojaremos nuestras coronas a sus pies, y elevaremos este canto: “¡Digno es el Cordero que ha sido inmolado, de recibir el poder, y la riqueza, y la sabiduría, y la fortaleza, y la honra, y la gloria, y la bendición!”» (El Deseado de todas las gentes, pg. 105).

LA IMPORTANCIA DE PENTECOSTÉS

“Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado” (Juan 7:39).

A la exaltación de Cristo en el Santuario celestial le siguió el descenso del Espíritu Santo sobre los discípulos. Apocalipsis 5:6 menciona que los siete espíritus son “enviados por toda la tierra”. En la entronización de Cristo, el Espíritu es enviado a la Tierra. Este derramamiento del Espíritu Santo es uno de los primeros actos de nuestro Sumo Sacerdote en el Santuario celestial. Este derramamiento del Espíritu Santo significaba que Jesús se había presentado ante el Padre y que Dios había aceptado su sacrificio en favor de la humanidad.

Nota de EGW: “La ascensión de Cristo al cielo fue la señal de que sus seguidores iban a recibir la bendición prometida. […] Cuando Cristo entró por los portales celestiales, fue entronizado en medio de la adoración de los ángeles. Tan pronto como esta ceremonia hubo terminado, el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos en abundantes raudales, y Cristo fue de veras glorificado con la misma gloria que había tenido con el Padre desde toda la eternidad. El derramamiento pentecostal era la comunicación del Cielo de que el Redentor había iniciado su ministerio celestial. De acuerdo con su promesa, había enviado al Espíritu Santo del cielo a sus seguidores como prueba de que, como Sacerdote y Rey, había recibido toda autoridad en el cielo y en la Tierra, y era el Ungido sobre su pueblo” (HECHOS DE LOS Apóstoles 31-32).

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