Esdras y Nehemías – Nehemías

Versículo para memorizar. Nehemías 1:4-5. “Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné
y oré delante del Dios de los cielos. Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos;”.

Unos 13 años después de que Esdras llegase a Jerusalén, Nehemías se desempeñaba como copero del rey de Persia. Al recibir las noticias de la triste situación de Jerusalén, Nehemías se puso en las manos de Dios y aceptó la obra a la que Él le llamaba: reconstruir Jerusalén. Una vez nombrado gobernador de Judá pasó inmediatamente a la acción.

NEHEMÍAS RECIBE MALAS NOTICIAS

“Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego” (Nehemías 1:3).

En 445 a.C., Nehemías estaba en la ciudad de Susa cuando recibió la visita de su hermano Hanani. Al preguntarle sobre Jerusalén y los repatriados, le comunicó muy malas noticias. Después de la orden de Artajerjes de detener la reconstrucción de Jerusalén (Esdras 4), sus enemigos habían derribado y quemado los muros y las puertas de la ciudad. La reacción inmediata de Nehemías fue poner la situación de los repatriados y de la ciudad de Jerusalén en las manos de Dios, a través del ayuno y la oración.

LA ORACION DE NEHEMÍAS

“Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo” (Nehemías 1:8b).

Así fue la oración de Nehemías (Nehemías 1:5-11):

Dios, eres grande y misericordioso (v. 5)
B                  Escucha mi oración (v. 6)
C                               Confieso que yo y mi pueblo hemos pecado (v. 6-7)
D                                        Recuerda tus promesas (v. 8-9)
C’                            Tú nos has redimido (v. 10)
B’                 Escucha mi oración (v. 11)
A’ Dios, concédenos prosperidad y gracia (v. 11)

A lo largo de todo el libro, se percibe a Nehemías como un hombre de oración (2:4; 4:4-5, 9; 5:19; 6:14; 13:14, 29). El punto principal de esta oración de Nehemías es recordarle a Dios sus promesas, y reclamar su cumplimiento. A Dios le agrada que le recordemos sus promesas, y anhela poderlas cumplir en nuestras vidas (Lucas 11:13).

NEHEMÍAS SE EXPRESA

“Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos” (Nehemías 2:4).»

Nehemías era un funcionario de la corte de Artajerjes. Su trabajo de copero le colocaba en una situación de gran responsabilidad, poniéndole en contacto directo con el rey. Había pasado cuatro meses en oración cuando Dios determinó el momento adecuado para que Nehemías presentara su pedido a Artajerjes (444 a.C.). El rey se preocupó por la extraña tristeza que embargaba a su copero. Entonces, Nehemías apeló a los sentimientos del rey. Luego, solicitó permiso para reconstruir los muros de Jerusalén. Impresionado por Dios, Artajerjes nombró a Nehemías gobernador de Judá y autorizó la reconstrucción.

NEHEMÍAS ES ENVIADO

“Vine luego a los gobernadores del otro lado del río, y les di las cartas del rey. Y el rey envió conmigo capitanes del ejército y gente de a caballo” (Nehemías 2:9).

Judá se encontraba en la provincia denominada “del otro lado del río”, o transeufratina. El rey proveyó a Nehemías de una guardia personal y de cartas para los gobernadores de la región. Además, recibió una orden para Asaf, indicándole que proveyese del material necesario para la reconstrucción. Sambalat (gobernador de Samaria), Tobías (gobernador de Amón) y Gesem (gobernador de Edom y Moab) se disgustaron mucho al saber que Nehemías venía con la intención de ayudar al pueblo judío. Desde el principio, procuraron desbaratar la obra de Nehemías.

NEHEMÍAS SE PREPARA PARA SU TAREA

“Y no sabían los oficiales a dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había declarado yo a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y oficiales, ni a los demás que hacían la obra” (Nehemías 2:16).

Nehemías no se confió en el pequeño ejército que le acompañaba, sino que se revistió de una armadura especial: las promesas de Dios, y la certeza de estar cumpliendo Su obra. Aun así, avanzó con cautela:

• Comprobó por sí mismo cuál era la situación real
• Planificó el trabajo que tenía que hacerse
• Reunió a los líderes para comunicarles sus intenciones
• Animó a comenzar la obra
• Pidió un compromiso

Ya sea que nos toque actuar como dirigentes en algún proyecto, o en nuestra relación habitual con los demás, debemos incluir a Dios en nuestros planes y conversaciones, y usar palabras edificantes y animadoras.

Nota de EGW: “Los hijos de Dios deben no solamente orar con fe, sino también obrar con cuidado diligente y prudente. Tropiezan con muchas dificultades y a menudo estorban la obra de la Providencia en su favor porque consideran la prudencia y el esfuerzo esmerado como ajenos a la religión. Nehemías no creyó que había cumplido su deber cuando lloró y rogó al Señor. Unió a sus peticiones un esfuerzo santo y trabajó con fervor y oración por el éxito de la empresa en la cual se empeñaba. La consideración cuidadosa y los planes bien madurados son tan necesarios hoy para las realizaciones sagradas como en el tiempo en que fueron reedificados los muros de Jerusalén” (Profetas y reyes, pg. 468).

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